Réquiem para un profesor


profesor1Por: Rafael Ángel Salazar Martínez

Nunca pensé que el “Encuentro Nacional de Agrupaciones Soneras” que cada año se celebra en mi pueblo, Mayarí, llegaría a ser en algún momento motivo de un post. Pero en la madrugada del lunes 14 de noviembre, última del evento, me tocó escuchar, en vivo y en directo, el estribillo de una lamentable canción, que amerita algunos comentarios de mi parte, y de la suya, si así lo considera pertinente.

Su intérprete no fue ningún grupo de reguetón o música urbana, de esos contra los cuales nuestras instituciones culturales llevan años de infructuosa y estéril cruzada. Imposible que así fuera, toda vez que, como su nombre hace suponer, en el Encuentro de Mayarí solo participan agrupaciones que cultivan el son o géneros musicales afines. La protagonista del hecho fue, precisamente, una agrupación sonera de las bautizadas como “de primera línea”, dirigida por el joven cantante Emilio Frías, bajo el nombre artístico de “El Niño y la Verdad”.

La cerveza acumulada por mi organismo desde las dos de la tarde del domingo 13, más los atractivos de una amiga de mi mismo sector (el educacional) conocida recientemente, con menos años y unas ganas muy superiores de fiestar a las mías, me colocaron, casi sin darme cuenta, en la primera línea del combate sonero; “pegaito” a la tarima de la plaza de Mayarí, entre cuyo muro delantero y mi anatomía solo mediaba la de mi joven colega. Y allí estaba yo, que casi ni bailo y oigo muy poca música, dando cintura con “El baile de la palangana”, como el más fanático entre los fanáticos del Niño.

Al terminar de cantar la conocida canción, el Niño anuncia el estreno de otra, que como es usual en muchos temas soneros cantados en vivo, comienza a cantar por el estribillo, que decía así:

….Perdona si te cansan mis teoremas, la tiza ya no escribe el pizarrón, los muchachos ya no te hacen la tarea, porque pasó de moda el profesor….

Después de tal apertura, rápidamente pensé: “bueno, vamos a escuchar el resto de la letra, a lo mejor el estribillo es el corolario de alguna suerte de crítica o llamado de atención ante el deterioro de la figura del profesor en el imaginario social, y no una simple apología de lo negativo”.

Pero los pocos fragmentos de la intrascendente letra que la mala calidad del audio me permitió escuchar, estaban más cerca de lo segundo que de lo primero. Al parecer, no fui yo el único contrariado, pues mi amiga no tardó en mirarme con cara de inocente y contrariada sorpresa, mientras que otro joven docente, a unos pocos metros de nosotros, le hacía al Niño evidentes y llamativos gestos de desaprobación, los cuales de seguro fueron advertidos por él. Lo cierto es que, poco a poco, el ritmo contagioso de la rima se impuso, y al final la mayoría de la gente terminó coreando un estribillo repetido hasta la saciedad. Quedaba, de tal modo, colectivamente legitimado el linchamiento musical al que asistimos, y por el que además pagamos, todos los docentes que nos encontrábamos esa madrugada en la plaza de Mayarí.

Como en su anuncio del referido tema el Niño dijo, con estos o similares términos, “ponerlo a nuestra consideración”, yo le tomo la palabra y le hago saber mis impresiones, por si lee LJC. Y como además olvidó decirnos el título de la canción, si aún no le ha puesto uno, yo le sugiero el mismo que lleva este post, cuyos derechos de autor le cedo gustosamente.

Postdata: en mi muro de Facebook puedes visualizar, compartir y comentar un fragmento de “Réquiem para un profesor” (la canción), tomado con el lente (malito, les advierto) de mi celular.

Para contactar con el autor: rafaelangelsalazarmartinez@gmail.com