Un fidelista en la era post Castro

Por: Javier Gómez Sánchez

Soy fidelista. Por decisión y por convicción. Intento serlo siempre desde una visión objetiva sobre lo que significa serlo. Sabiendo que declararlo levanta ronchas y despierta odios, que no está de moda, que no es chic, ni es cool , que para muchos es el colmo de no estar ¨en talla¨, y que no tiene el encanto intelectual de la intelectualidad intelectualizada ni el equilibrio de una tercera posición, o de una cuarta o de una quinta.

¿Qué significa ser fidelista hoy? Primero es una identificación con una actitud ante la vida, es ponderar el papel del individuo en la historia. Sin idolatría y sin fanatismo. Reconocer el valor del liderazgo sin obviar el enorme peso, insoportable para muchos, de seguir a un líder que nos trasciende.

No es tampoco impedir el próximo paso en la historia, pero si luchar porque sea un paso revolucionario. Es ganarse odios, pero nunca desprecio, porque hasta a nuestros enemigos lo mejor que les queda es el haber odiado algo que llegó a un lugar tan alto.

El fidelismo en la Cuba del siglo XX significó romper con el sistema impuesto, que de democrático solo tenía el nombre. Tener la capacidad de ver un camino distinto y la de guiar a las masas a través de él. Fue en ese momento la forma más revolucionaria que podía tener el pensamiento político en Cuba.

Romper el juego, no formar parte de él, si no saltarle por encima, volarlo en mil pedazos. Comprender que cuando las cosas están convertidas en un sistema, la única manera de cambiarlas a un nivel radical, es haciendo derrumbar ese sistema. Como lo entendió Guiteras.

Ambos, Guiteras y Fidel, formaron parte del sistema. Guiteras como ministro del gobierno, Fidel como candidato de un partido burgués. Esa experiencia les fue necesaria para conocer las fuerzas que parecen ser progresistas pero en la práctica terminan siendo contrarrevolucionarias.

Me liga al ideario fidelista uno de sus pilares, la convicción como cubano de que mi país, con su mejor gente, es capaz de ser más de lo que es y de lo que le han condenado a ser. Como lo pensó Varela, como lo buscó Martí.

Es tener una visión histórica de la nación, del papel de los pueblos y de la evolución de la humanidad. Asumir paradójicamente la insignificancia personal ante los procesos sociales, lo que lleva al sacrificio en aras de ese proceso. Una contradictoria combinación de importancia y desprecio del papel del individuo.

Lo que han hecho los fidelistas será estudiado en la historia de Cuba por generaciones, con una importancia mayor que lo realizado en otras etapas. Es más que un etapa en sí misma, un antes y un después de todas ellas.

Sin Fidel no pensáramos como pensamos, ni siquiera los que piensan en contra, de la misma forma que sin Guiteras o sin Mella, no hubiese pensado así Fidel, o sin Lenin o sin Sandino. O sin otros que vinieron después, sin Allende, sin Torrijos. Como ninguno de nuestros cercanos pensaría así sin Martí, ni Martí sin Varela, ni Varela sin Lutero, ni Lutero sin Jesucristo, y ni Jesucristo sin el primer hombre que tuvo sentido de justicia y sintió la necesidad del cambio y fue el primer revolucionario desconocido.

El fidelismo formará parte de los pilares ideológicos de los revolucionarios cubanos en el futuro, como lo son también el marxismo y el cristianismo. Los tiempos por venir impondrán nuevas condiciones, se podrá jugar un papel revolucionario sin ser fidelista, pero no se podrá dejar de reconocer el papel tremendamente revolucionario del fidelismo.

En el pueblo no hay muchos Fidel, como no hay muchos Che, habrá que esperar un par de generaciones, hasta que la combinación de los acontecimientos y la personalidad generen otros.

Pero recordemos sin desanimarnos, que la Guerra de los Diez años se hizo sin un genio como Martí y que la República fue un hervidero revolucionario sin un genio como Fidel. Ya han pasado dos generaciones o más, y tal vez hay algún Fidel por ahí, esperando la guagua en alguna parada. Como el continente dio un Chávez, como primero dio a un Bolívar y a un Che.

Mientras llegan esos hombres trascendentales, luchemos juntos en la revolución de todos, en la de todo el tiempo de la historia que es la revolución de la especie humana. En la búsqueda que nos identifica como especie, que no es la habilidad de un pulgar opositor, si no la capacidad intelectual de un buscar una existencia mejor.

La superación definitiva del capitalismo en el mundo llegará. No hay nada peor que la explotación y la acumulación capitalista, o sí, hay algo peor, el mismo capitalismo pero subdesarrollado. Yo no lo veré, Fidel no lo verá, mis hijos no lo verán, tampoco mis nietos, tal vez los que vengan después.

Yo seguiré siendo fidelista, que no es compartir sus errores, si no el orgullo de haber estado aquí en estos tiempos, en el lado de la historia que les lego a mis hijos, si quieren vivir en él.

No necesito fotos suyas en las paredes, no necesito t shirts, no necesitaré vallas en las avenidas, pues sé que puede llegar el día en que ya no las habrá. En que toda la cadena jugará con el mono, pero no permitirá que jueguen con ella. Incluso cuando digan ¨fuimos cadena porque había un mono¨

Entonces los revolucionarios nuevos harán la nueva revolución. Viva así la tradición de hacer revoluciones y viva la Revolución, la nuestra y las que vienen.

Enemigos no les faltaran como no nos han faltado a nosotros. Jugar un papel digno hoy es saber ser una inspiración de fuerza para ellos, como lo fueron otros para los que estamos ahora. El fidelismo será entonces más que el hombre que le dio nombre y a ese fidelismo lo dirán muerto pero será un cadáver tan grande que nadie tendrá manera de enterrarlo.

Con Patria, vivos y vencedores.

“Un fidelista en la era post Castro” fue escrito por el autor y publicado en La Joven Cuba en el pasado mes de Agosto con motivo del cumpleaños 90 de Fidel Castro Ruz.

Para contactar al autor: javiergosanchez09@gmail.com