La otra lucha


lucha_politicaPor: Harold Cárdenas Lema

La Revolución Cubana es una sola pero los hombres que la componen son diversos. Cada uno con su propia interpretación del marxismo y lo revolucionario. Agrupados en líneas de pensamiento de izquierda que históricamente han pugnado en el campo de las ideas. El destino del país a menudo se dibuja conforme a los desenlaces entre unos y otros, donde vemos momentos de avances y retrocesos, en dependencia de la posición que se ocupe en la contienda. Mucho de lo que está pasando actualmente son las consecuencias de esta lucha invisible, que no es la externa por la soberanía del país pero igual de trascendental.

Es una realidad objetiva, independientemente de que sus protagonistas tengan conciencia o no del fenómeno, todos los que asumen una postura política se enmarcan en una corriente determinada en el abanico del pensamiento cubano. La brevedad de este texto no permite profundizar en el fenómeno pero sí referirse a grandes rasgos sobre las consecuencias que tiene en el presente. Por razones de militancia y buscando particularizar en los aspectos más significativos del debate, me centro en las fuerzas que nutren el proceso político que conocemos como Revolución Cubana.

Debemos comenzar quizás por la rebelión de los marinos en Kronstadt contra al poder soviético, un hecho que no hubiera repercutido en Cuba de no ser por sus consecuencias. Ocurrió una semana antes del X Congreso del PCUS y dio origen a dos resoluciones, una que apelaba a la unidad del Partido y otra que criticaba las desviaciones sindicalistas y anarquistas en el mismo. Resultado: se silenció e invisibilizó el espectro de pensamiento al interior del partido soviético. Muy difícil que los cubanos escapáramos de este fenómeno, cuando fundamos el primer partido comunista y lo refundamos luego en el 1965 bajo la influencia “exitosa” de la URSS, esta fue siempre una importación más.

Los hombres y mujeres de este país son herederos de una carga histórica importante. Venimos de una mezcla particular que combinó la doctrina marxista europea con las ideas chinas acerca del comunismo, el trotskismo, sindicalismo, la línea soviética estalinista, el browderismo estadounidense y el socialismo autóctono cubano. Somos los hijos y nietos del Partido Socialista Popular, del Directorio Revolucionario, del Movimiento 26 de Julio, de mis abuelos que aprendieron a leer y escribir con la Revolución. Asimilamos de ellos sus virtudes y defectos.

Fundamos este proyecto social con un espíritu inclusivo que permitió a diversas fuerzas unirse y ser representados por sus máximos representantes. Sabíamos darle espacio a todos, la doctrina fidelista era inclusiva a pesar de las desviaciones que pronto comenzaron a suceder. Los intentos por secuestrar el poder alcanzado hacia una sola dirección eran abortados, ni siquiera Aníbal Escalante pudo subordinar este país a los esquemas de un aliado como era la Unión Soviética.

Pero, ¿acaso el tiempo y las contradicciones pueden lograr lo que no pudo la microfracción en los sesenta?

La historia reciente está marcada por procesos de contracción y distensión cíclicos. Pero ni siquiera en el momento más oscuro, es legítimo el desconocimiento de alguno de los sectores revolucionarios que componen el proyecto nacional. En los últimos meses ha ocurrido una acumulación de contradicciones que requieren reacciones inteligentes. La impotencia de no saber lidiar con ellos por su complejidad no puede provocar daños colaterales, mucho menos la imposición de una línea de pensamiento sobre el silencio del resto.

Siendo incluso más específico, el problema no es que Julio Antonio Fernández Estrada escriba en un medio extranjero sino nuestra incapacidad para crearle un espacio en los medios nacionales, cuando no me cabe duda de que es un revolucionario, no por herencia sino por formación. La marginación de personas así, son torpezas calculadas que los llevan al abismo, y aquel que resbala o cae, es acusado de que siempre quiso saltar. Parafraseando a David en Fresa y Chocolate, esta es precisamente la parte de la Revolución que no es la Revolución.

Cada revolucionario de verdad se ha visto alguna vez en la disyuntiva de no entregarse a la derecha y verse incomprendido en sus propias filas, pero ninguno claudica. Lo saben Julio Antonio Mella, Rubén Martínez Villena, Antonio Guiteras y muchos a los que la historia luego les ha dado la razón. Lo supo Fidel Castro al asaltar el Moncada y ver cómo otras fuerzas revolucionarias se desmarcaban rápido de la acción. Si hace sesenta años nos costaba la vida ser revolucionarios, hoy nos cuesta mucho menos pero es igual de injusto e innecesario.

El uso del poder para favorecer una corriente específica, solo provoca la enajenación del resto de las fuerzas. Ninguna interpretación particular o grupal sobre la ideología puede escamotear el derecho a coexistir en el poder de otras corrientes revolucionarias en el país. Para que este axioma sea realidad, debe tenerse cuidado también que fuerzas de derecha no se hagan pasar por izquierda o asuman el discurso revolucionario. Es momento de definiciones para los cubanos, lo cual no significa asumir discursos trillados ni quedarnos en la comodidad de lo políticamente correcto, pero sí despejando el ambiente.

La ambigüedad termina haciendo favores a la derecha y aprovechando la diversidad para crear desunión. En cambio, secuestrar lo “revolucionario” y convertirlo en posturas maniqueas incapaces de generar empatía en las grandes masas, es un error y un suicidio. Ni siquiera está acorde al espíritu guerrillero de hace medio siglo. Toca fortalecer nuestra unidad sobre el respeto a las diferencias y mejorar la representación de las fuerzas revolucionarias que componen nuestro proyecto, donde todas son legítimas al tener base social cada una.

Mientras tanto, en un ambiente enrarecido como el actual debemos aprender que docilidad y definición revolucionaria tampoco son sinónimos. Que mientras ocurre esta pugna entre nosotros el capitalismo gana terreno cada día en el sector económico y el imaginario social. Que pueden ocurrir escaramuzas y podemos ser injustos si no buscamos la integración y respeto a las diferencias de opiniones entre nosotros mismos. Que crear espacios propios es imperativo, pero hacerlos desde la verticalidad los desarma en su potencialidad.

Lograr un parlamento en la trinchera es algo muy repetido, pero parcialmente logrado. Mejor estar unidos porque en el futuro se avizora una fuerte lucha de clases y en el presente hay una pugna entre nosotros mismos. Pero ya no vivimos en el pasado, no habrá un regreso al dogmatismo de los setenta sin una pelea.

El pacto en que se fundó la Revolución respetaba la diversidad en el pensamiento revolucionario y sabía utilizarla en su favor, no la menospreciaba ni le parecía peligrosa. Sería bueno recordar eso en todo momento.

La única manera que tienen los revolucionarios cubanos de coexistir y trabajar mancomunadamente es reconocer la diversidad entre sí, la importancia de la unidad entre todos y la legitimidad de representación que tiene cada uno de ellos. Esa es la otra lucha que pocos advierten pero igual de trascendental.

Para contactar al autor: haroldcardenaslema@gmail.com