Debates y rateros


Por: Javier Gómez Sánchez

Alerta. Cierren puertas y ventanas, asegúrenlas bien, pongan rejas y levanten cercas. Hay ladrones en el vecindario. Pero son ladrones singulares, no robarán su carro, no robarán la bicicleta de su hijo, no robarán sus electrodomésticos.

Robarán sus debates.

Si echamos un vistazo al pasado reciente, casi inmediato, vemos un curioso historial de robo de debates en la esfera pública cubana. Debates secuestrados de sus espacios, sacados de su contexto, arrebatados a la carrera de las manos de sus cultores.

La contrarrevolución, al ser incapaz de generar sus propios debates, se ha dedicado a robar los debates de los revolucionarios.

Ponerlos a su servicio y por arte de magia convertir un debate revolucionario, en un debate de y para los contrarrevolucionarios.

Ocurrió con el dilema de la prensa y los medios de comunicación en Cuba. Ante lo cual Aixa Hevia alertó del robo en su texto Verde con puntas es guanábana: ¨Constantemente hemos estado diciendo los problemas que tiene nuestra prensa, en todos nuestros espacios, pero son nuestros espacios¨

El subrayado es mío.

Otro debate robado fue el de qué tipo de actitudes dentro de la Revolución en el momento actual de Cuba son verdaderamente revolucionarias y cuales en la práctica constituyen obstáculos, o sea actúan como contrarrevolucionarias.

Este siempre había sido un debate interno de todos los movimientos históricos, de todos los partidos comunistas, de las organizaciones sociales en medio de alguna revolución. Pero de buenas a primeras es aprovechado por la contra del patio.

Lamentablemente estos robos tienen un efecto negativo en la participación del propio sector revolucionario. En el éxito o avance del debate mismo. Recordemos cómo en la controversia sobre los medios la energía se fue por el incidente asociado a la intervención de Karina Marrón en una reunión de la UPEC, incluyendo la eliminación por quién la difundió de la frase: ¨Sabemos quién es Ravsberg¨

Entonces ese evento que aunque menor no deja de tener importancia y consecuencias, se llevó el show, se convirtió en un falso catalizador y finalmente desvió el debate sobre los medios.

Ahí es donde los revolucionarios se distrajeron y desperdiciaron su energía en condenar o defender al periodista que las divulgó o al omitido uruguayo. Para ni tan siquiera prestarle la merecida atención a lo más importante dicho por la subdirectora de Granma en su alerta sobre ¨la tormenta perfecta¨

El debate sobre la prensa en el socialismo no va a terminar, pero sí fue frustrado uno de sus momentos que pudieron haber aportado más. Porque por encima de robar el debate del momento, la contra tiene un objeto codiciado permanente: Frustrar todos los debates.

Contaminarlos lo suficiente para que los propios revolucionarios que los iniciaron se aparten de ellos.

Recordemos como ante el debate sobre la Conceptualización, sectores de esa contra disfrazados con colores de centro, echaron a rodar una acelerada campaña de deslegitimación al ejercicio del debate de ideas en Cuba dentro de un marco institucional.

Y ahí llama la atención el modus operandi de los ladrones, porque hay debates que se roban y debates que no se roban. Agarran los que les conviene y es lógico que no les convenía un debate sobre cómo debe ser el socialismo en Cuba, porque sería de locos sugerir mejoras en lo que precisamente tratan de destruir.

Entonces más que poner candado y encerrarnos, lo que debemos hacer los revolucionarios es aprender de todo esto, no dejarnos robar los debates, no dejarnos distraer de ellos, no dejarnos encandilar por lo menos importante convertido en espectáculo. Por lo mínimo maximizado.

Y sobre todo seguir debatiendo, ningún debate está cerrado, están más abiertos que nunca. Nosotros debatimos porque generamos ideas, porque creamos una ideología, porque tenemos una causa lograda, porque poseemos cosas para mejorar. Instituciones, un sistema, un poder, una Revolución.

Ellos no tienen nada.

La fábrica de debates la tenemos nosotros.

Para contactar al autor: javiergosanchez09@gmail.com