Cuba y el show político


Por: Harold Cárdenas Lema

La política se ha ido de las manos. Hoy día los funcionarios públicos llegan a los cargos electos después de engrasar con dinero, mucho dinero, los medios de comunicación y todas las estructuras necesarias. La demagogia va alcanzando casi un nivel artístico, si eso es posible. De repente la imagen ya es más importante que el contenido, la simpleza del mensaje va primero que la profundidad analítica, y las elecciones las ganan más los asesores de campaña que los políticos. Cuba es de los últimos países del mundo en mantenerse al margen de este asunto, ¿por cuánto tiempo? ¿Nuestros estándares morales podrán más que la tendencia política moderna? ¿Es descartable todo en este fenómeno?

House of Cards nos ha regalado las mejores frases sobre sexo y política de los últimos tiempos, además de unos posters impresionantes. El cinismo del personaje principal es absolutamente disfrutable siempre que se le tome como lo que es, una ficción bien hecha.

Frank Underwood dice en algún momento que la política ya no es teatro, es un show de negocios y hay que montar el mejor de todos. Como muchas líneas de la serie, es cierta y su crudeza nos plantea muchas interrogantes. Aunque en el caso cubano tiene varias diferencias respecto a la norma, porque acá, todavía no es un show e incluso si lo fuera, es muy mal pagado en comparación con otras profesiones y mucho más con el resto del mundo. Mejor así, para al menos mantener fuera a los mercaderes de la política.

En Cuba nuestros más altos funcionarios y representantes están ajenos al espectáculo. Ninguno tiene conocimientos serios sobre comunicación política, lenguaje corporal u oratoria, lo cual plantea un problema porque en muchas ocasiones sus contrapartes internacionales tienen un entrenamiento exquisito en estos aspectos. ¿Es posible hacer política en el siglo XXI ajeno a estos instrumentos de la ciencia política? Absolutamente no, un falso sentido de pureza no puede seguir poniendo a los nuestros contra la pared.

Nuestros dirigentes del futuro tendrán que combinar sus conocimientos con el arte de la palabra, deben tener equipos de comunicación, deben discernir entre demagogia y buena comunicación, debemos todos. Una vez más, no vale tener la razón si se está en desventaja a la hora de expresarlo, porque incluso el momento más ensayado y preparado, para el que te has preparado durante toda tu vida, te puede jugar una mala pasada cuando estás a solas con el micrófono representando un pueblo.

Barack Obama vino a Cuba e hizo lo que sabe hacer mejor, montar el show. Y hay que reconocer que lo hizo bien, tanto así que paralizó a unos, enamoró a otros y sobresaltó a unos últimos. Todavía no he podido borrarme el recuerdo de aquella conferencia de prensa donde varios factores se conjugaron en contra del presidente cubano y le jugaron una mala pasada, porque a esa hora todo lo que puede ir mal, irá. Todavía hoy nuestro pueblo desconoce cuántas cosas fueron mal ese día, así de buenos somos en materia de comunicación, así de soberbios también, porque es responsabilidad nuestra explicar algo tan importante. También es una lección para nuestra propia ingenuidad. Parar a un guerrillero junto a un artista político en una sala llena de periodistas, es un acto suicida al que fuimos gustosos.

Hace exactamente un año estreché la mano de Rafael Correa. En una sala con un juego de luces impresionante, con música estéreo, llena de colores llamativos y un espectáculo inicial tremendo. Cuando llegó el presidente ecuatoriano ya todos estábamos predispuestos a su favor, el show político era asombroso, y yo como cubano miraba asombrado a las muchachas arrojarse encima buscando autógrafos, un beso o un abrazo. Y tiene que jugar según esas reglas, porque son las que ponen y quitan presidentes en América Latina. Eso no significa que Correa encerrado en una habitación contigo no sea igual de convincente, el show no es para compensar banalidad, sino que ha utilizado las herramientas históricamente puestas en nuestra contra, a favor. Tampoco significa convertir las reuniones en espectáculos de bailarinas, sino tomar lo positivo de códigos comunicativos que ya son universales. En mi idioma eso se llama Marxismo.

¿Cuánto debemos esperar los cubanos para aplicar el sentido común en estas y otras materias? ¿O por quién debemos esperar? ¿Por qué no hacemos un listado de los decisores que nunca lograron cambiar la mentalidad y les damos vacaciones de sus cargos? ¿Alguien no está claro de que a estas alturas el otro gran enemigo de la Revolución Cubana son sus propios dogmas?

Los tiempos de la confrontación ideológica frontal ya terminaron, quienes siguen jugando a eso en Cuba ya resultan discordantes. Ahora son tiempos de poder inteligente, de sutileza, de aprender que sin dar un piñazo sobre la mesa o adoptar actitudes belicosas, no se está haciendo concesiones sino ganando terreno en nuestros aspectos más débiles. Vino Obama a Cuba y dio el mejor show político del mundo, Underwood estaría orgulloso de él. Ahora la pregunta es: ¿cómo vamos a responder nosotros?

Para contactar al autor: haroldcardenaslema@gmail.com