Socialismo Just do it

socialismo_modernoPor: Javier Gómez Sánchez

Uno de los recursos que más se utilizan para desprestigiar y confundir a los jóvenes que participan en proyectos socialistas es criticarles insidiosamente el uso de tecnologías y artículos de marca producidos por la economía global capitalista.

Es posible descubrir en muchos de esos acusadores a personas, que además de ser evidentemente contrarios a cualquier continuidad del ideal socialista en las nuevas generaciones, tienen un pensamiento que a fuerza de ser malintencionado no les importa mantener envejecido. Terminar en esa triste senectud que es la longevidad sin sabiduría.

Según dicen, ellos sí son consecuentes con su manera de pensar pues solo aquel que defiende el capitalismo como sistema pueden utilizar moralmente los bienes que él produce. Como si este no hubiera surgido sobre la base del feudalismo.

En una letanía repiten: ¨Esos muchachos se dicen socialistas pero usan smartphones y laptops, y les encantan las hamburguesas, y las películas americanas, y los viajes y Facebook y…¨

No me interesa en lo más mínimo intentar cambiarles la mentalidad. Ellos mismos son prisioneros de un pasado en que ciertamente en Cuba, como en todas las sociedades donde se entró en conflicto con el capitalismo, se satanizó el disfrute de contenidos y productos provenientes de este.

Era una época en que era reciente el acercamiento político y comercial con los países que intentaban construir el socialismo en Europa del Este y que padecían de ese mismo pensamiento. En ese caso justificado sobre una base de competitividad industrial. Los productos del este europeo que los cubanos ya conservamos poco en nuestras casas, tenían una alta calidad por su resistencia y durabilidad, pero no en cuanto a confort, estética o innovación. Esto no ocurría solamente por el sistema político de los países que los producían si no por causas mucho más complejas de subdesarrollo histórico en esas naciones y su pugna por dejar de ser una periferia europea desindustrializada.

Ese período, en que poseer unos jeans enviados por alguna tía de Miami era visto como políticamente incorrecto, duró muy poco en Cuba pero parece haberse eternizado en la mente de algunos.

No hay foro en nuestros blogs en que no salga uno a relatar lo que le pasó en el año 70 u 80 en que lo cogieron en un comité de base de la UJC o en un centro de trabajo y le hicieron esto y lo otro. De cómo se desencantó (porque ojo, ese tipo de gente no tiene convicciones, tiene ¨encantos¨) y por eso después se fue de Cuba.

Todo lo que les ocurrió fue sin dudas lamentable y les toca a ellos, a un nivel muy personal, hacer el trayecto del protagonista de La novela de mi vida de Leonardo Padura. Porque lo más lamentable de todo es que aún lo sigan arrastrando. Convierten el resentimiento en una enfermedad generacional en su bando.

Lo que si me preocuparía es el efecto que esa constante letanía burlesca de la serpiente en el árbol de manzanas provoca en la mente de los jóvenes cubanos. Que los lleve a divorciar el uso y disfrute de la vida moderna con la idea de una sociedad mejor y socialista.

El conflicto entre marxismo y capitalismo no consiste en la naturaleza de las cosas si no en la distribución de la riqueza en el sistema que las produce. El capitalismo solo es espléndido en el número y la variedad de esas cosas no en el acceso a ellas.

Es cierto que la mayoría de los productos en este mundo globalizado están ligados de una forma u otra a algún tipo de explotación pero no podemos prescindir de ellos. Que no nos pase como a una parte de los ecologistas que padecen esa crítica ingenua y radical sobre el uso de productos industriales.

La tecnología y su dominio nos ha empoderado, nos ha dado voz y visibilidad a las fuerzas progresistas en Cuba, en un ambiente en que también desde el Gobierno las han mirado con recelo en nuestras manos.

Tampoco debemos confundir el goce de lo necesario con el consumismo, una tendencia que es la verdaderamente peligrosa y que va haciendo de ese consumismo un paradigma de culto y falso sentido del éxito en la mente de muchos cubanos.

Pero eso siempre existió, tanto en una época como en otra. Cuando en la Cuba de los 50 la publicidad rezaba: ¨Dónde se reúne la juventud cubana siempre está Coca Cola¨, no se refería a los jóvenes de la Generación del Centenario. Pero no por estos ser revolucionarios dejaron de tomar refresco.

En una escena de la película Clandestinos (1988), que he citado anteriormente, los protagonistas con un tocadiscos bailan rock and roll. En la puesta teatral en Cuba hace unos años del monólogo Marx en el Soho por el actor Michaelis Cué, el diseño de vestuario del espíritu de Karl Marx incluía unos tenis tipo Converse.

Entonces no nos dejemos engañar ni nos creemos sentimientos de culpa.

Mis tenis son Converse sí.

…Pero rojos.

Para contactar al autor: javiergosanchez09@gmail.com