La línea roja

comite-proteccion-periodistasPor: Harold Cárdenas Lema

Hay momentos donde es necesario trazar una línea, porque hacer silencio sería un acto de cobardía y oportunismo. Este es uno de esos momentos, esta es mi toma de partido, su color rojo no es casual ni su publicación un 6 de octubre.

Hace días se hizo público el informe anual del Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ), organización con sede en Estados Unidos. Debo confesar mi optimismo inicial, mi entusiasmo en participar con ellos en este contexto diplomático con EEUU, la esperanza de que tuviera una mirada nueva alejada del lenguaje de confrontación previo, pero no fue así.

Participé como entrevistado con buena voluntad, haciendo énfasis en los beneficios internos que ha implicado el 17D. Mencioné las infinitas posibilidades que tiene un contexto de distensión entre Cuba y Estados Unidos para operar cambios internos sin estar condicionados por la influencia externa, de vivir en un país que no esté a la defensiva, donde no hayan razones ni pretextos que nos limiten de cambiar lo necesario. En el informe del CPJ, mi idea se vio limitada a una crítica rancia:

El restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Washington y La Habana en diciembre de 2014 también dificulta que el gobierno de Castro justifique la censura de la prensa como necesaria para proteger al país de la agresión estadounidense, declaró Harold Cárdenas Lema”.

Ya debería estar acostumbrado a que esto ocurra, no es la primera vez que me usan para legitimar ideas con las que no comulgo. En este caso me utilizaron también para acompañar una caricatura de “disidencia” que de por sí ya no puede sostenerse, su desconexión social y discurso desfasado no funcionan, es necesario utilizar a otros para hacerlos creíbles. Y La Joven Cuba no es bastón de nadie.

Guardar silencio complaciente hoy, por temor a que se reduzcan las invitaciones a eventos internacionales o el reconocimiento que otorgan instituciones y medios extranjeros, no sería honesto. Este informe del CPJ viene en vísperas de la votación sobre el bloqueo en la ONU, va dirigido hacia la OEA como instrumento de presión política con un ánimo de confrontación que pertenece al pasado. Ni siquiera está acorde con la política expresada por el presidente Obama, si el futuro de los cubanos queda en nuestros hombros, ¿qué hace este informe presentando una imagen tan parcializada de nuestra realidad?

Quizás sea que el status quo del pasado es difícil de abandonar, los compromisos de algunas organizaciones internacionales con la disidencia cubana son demasiado fuertes o los actores de la sociedad civil que estamos siendo consultados ahora, estamos siendo utilizados para legitimar las armas melladas de la disidencia.

Tengo amigos que piensan distinto a mí, con grandes valores humanos que muestran el carácter social y complejo que tienen las ideologías. Sin comulgar puedo respetar a quienes discrepan con el camino socialista cubano, pero su espacio político debe ser ganado en base al respaldo popular, no a la presión extranjera. Ahora, aquellos que oponiéndose a la Revolución Cubana han hecho concesiones a la soberanía nacional, siendo cómplices del bloqueo y recibiendo fondos destinados al cambio de régimen en la Isla, no tendrán mi respeto, aunque hoy moderen su discurso.

Desde niño fui rebelde, de adolescente me cuestionaba todo y en la universidad siempre fui crítico de nuestras versiones maniqueas sobre la historia nacional. En La Joven Cuba soy muy exigente con aspectos de la política cubana, pero quien confunda eso con la apostasía y crea que puedo ser instrumento legitimador de la injerencia, le tengo lista una línea roja que utilizaré siempre que sea necesario.

Para contactar al autor: haroldcardenaslema@gmail.com