El apóstata


apostataPor: Harold Cárdenas Lema

Quizás nacimos ángeles, pero el resto del camino lo decidimos nosotros. ¿Cómo se llega a un evento de Internet sobre Cuba con ánimo de subversión? ¿Por qué asistir a una beca extranjera con fines injerencistas? Nadie escapa del libre albedrío. Sin importar el calor, la ideología y las frustraciones. Tomar un camino que responde a intereses foráneos nunca será un acto de patriotismo ni decoroso, sino aquello que José Martí calificaba como delito de apostasía.

No se ha vivido lo suficiente hasta ver a un amigo traicionar principios nacionales, cambiar el discurso radicalmente, ganar recursos materiales con ello y desaparecer al encontrar otra forma más jugosa de acumular cosas innecesarias. No has sido ingenuo hasta prestarle ayuda a una persona y verlo perderse en las miserias humanas. No has conocido a un ser humano hasta que acumula una cuota de poder que le permita decidir sobre ti. Con treinta años ya conozco suficiente de esto.

El contexto ha cambiado. La lucha política que hace unos años era en blanco y negro, ahora lleva colores y sutilezas para las cuales no todos están preparados. Esto implica la necesidad de un nuevo tipo de revolucionario, que no renuncie a sus intereses personales sino que pueda combinarlos con los colectivos y encuentre un espacio de realización en su país. Este compromiso social es el que carecen los apóstatas, más interesados en intereses extranjeros o sí mismos que en otra cosa.

Recientemente hubo un evento sobre nuestra Internet en la ciudad de Miami. Soy proactivo, en la escuela nos enseñaron que la mejor defensa es el ataque, pero solo cuando se escoge bien el terreno de batalla. Asistir a un evento sobre Cuba en el extranjero, aunque allí se utilice un lenguaje tendencioso, es la oportunidad de llenar un espacio con nuestro discurso que de renunciarlo será ocupado por otros. Soy partidario de llenar todos los espacios posibles, en prensa extranjera o eventos internacionales, pero hay un límite. Aquellos programas o eventos destinados al cambio de régimen político en Cuba, están fuera de esta ecuación. Donde está esa bandera, no se puede entrar y hacerlo conscientemente es un delito de apostasía.

Participar en uno de los programas destinados a construir liderazgos artificiales o crear habilidades periodísticas que magnifiquen luego los problemas nacionales, es otra línea sin retorno. Guardar silencio cómplice al respecto es poco honrado.

Ahora tenemos el desafío de mantener la suspicacia sin caer en la paranoia. Muchos revolucionarios cubanos han estudiado en el extranjero, en un mundo que es mayormente capitalista, donde el conocimiento no distingue de ideologías sino que se pone en función luego de quienes lo emplean. Es importante no extralimitarse ante el entusiasmo de la denuncia. No confundir el intercambio académico natural con la subversión y los planes desestabilizadores hacia Cuba.

En nuestra historia siempre han existido corrientes reaccionarias, colonialistas, anexionistas, etc. y no desaparecerán con el nuevo siglo. En algún momento debemos distinguir entre aquellos que con otras miradas sobre el futuro tienen cabida en el proyecto socialista cubano, y los que irremediablemente sabotean esta difícil construcción. En cambio, crear un estereotipo de lo políticamente correcto, marginando al resto, es una forma más de excluir personas que luego pueden engrosar las filas de los otros. Algo poco inteligente para una revolución tan culta.

Todos los cubanos tienen derecho a pensar como quieran y expresarlo, siempre que esto no viole la libertad de los demás. Lamentablemente los apóstatas, con demasiada frecuencia, asumen una narrativa victimizada que falsea y magnifica las dificultades del país, tan extrema que no genera empatía en la sociedad. O más recientemente, promueven el reconocimiento de distintas corrientes políticas promovidas desde el exterior que no se han legitimado en el pueblo, como sí tuvo que hacerlo este movimiento revolucionario en las peores condiciones.

Somos un país traumado por el acoso exterior que ha condicionado y establecido límites a la utopía. Somos un movimiento social que ha estado marcado por distintas interpretaciones sobre cómo construir la revolución nacional. Seguiremos teniendo apóstatas dentro y fuera de nuestras fronteras. Y remarco que se puede apoyar o no la Revolución Cubana, pero nunca subordinar la nación a otra. Fue la denuncia de este delito lo que llevó al Apóstol a la cárcel, nos ha costado demasiado como para pasarlo inadvertido. Es el delito de tener libre albedrío, y usarlo egoístamente, Martí tenía razón.

Para contactar al autor: haroldcardenaslema@gmail.com