La Conceptualización: ¿actualización o innovación?


http://www.nodal.am/2016/06/la-conceptualizacion-del-modelo-economico-y-social-cubano-de-desarrollo-socialista-por-alberto-rodriguez/Por: Nyls Gustavo Ponce Seoane

“Que donde estoy? en la revolución, con la revolución. Pero no para perderla, ayudándola a ir por malos caminos! Sino para poner en ella, con mi leal entender, los elementos quienes, aunque no sean reconocidos al principio por la gente de poca vista o mala voluntad, serán los que en las batallas de la guerra, y en los días difíciles y trascendentales batallas de la paz, han de salvarla.”

                                                                                            José Martí (1)

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En estos tiempos de cambio, en Cuba, con frecuencia se dice, y afirma por todos los órdenes jerárquicos, que para destrabar las fuerzas productivas es necesario descentralizar la toma de decisiones, ya que  el centralismo in extremis que ha predominado hasta el presente, las ha frenado.

Este centralismo comienza a surgir en fecha tan temprana de la Revolución como 1960, cuando el gobierno revolucionario se vio en la imperiosa necesidad y obligación de nacionalizar las principales entidades económicas de la nación, siendo un factor decisivo en aquellos momentos para la consolidación y ulterior desarrollo de la economía y el país.

Este hecho, junto a la declaración del carácter socialista de la Revolución en 1961 que, como es lógico, se acompañó, escoltó y reforzó con el plan, método fundamental de la dirección de la economía socialista y que fue un paso más en el avance de la implantación de la centralización, que dominaría a toda la sociedad cubana.

Este proceso de centralización culminó en 1968 con la llamada ofensiva revolucionaria mediante la cual  casi se estatalizó toda la economía nacional, dando origen al monopolio estatal de la misma.

Esta estatalización de la economía, en la que el Estado aparece prácticamente como el único consignatario de la propiedad social y el encargado de gestionarla, trajo como consecuencia la centralización casi absoluta en la toma de decisiones, convirtiéndose así al centralismo en el método por excelencia para el manejo económico, político y social del país.

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Pero la coyuntura histórica actual es distinta, los tiempos han cambiado, y lo que otrora fue impulso y fortalecimiento, ahora se ha convertido en freno y debilidad.

Es por lo que ha sido menester que se adopte por el partido y el gobierno la llamada actualización del modelo económico, político y social existente para adaptarse a estos tiempos y no sucumbir.

La actualización, basada en los denominados Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y de La Revolución aprobados en el VI Congreso del Partido, se trata hoy de complementar y apoyar con La Conceptualización del Modelo Económico y Social Cubano  de Desarrollo Socialista, aprobado en primera instancia por el VII Congreso del PCC y que no deja de ser una buena intención o deseo para  la construcción de un socialismo próspero y sostenible.

Sin embargo, en este tránsito hacia una nueva época de la economía socialista cubana, se mantienen factores psico-sociales objetivos y subjetivos que apuntan, por inercia, a dificultar y no lograr el principal fin que se persigue: la de la creación de un socialismo próspero y sostenible.

Así, en el ámbito subjetivo, hábitos perjudiciales como la persistencia de una mentalidad pretérita que genera la resistencia a cambiar el centralismo por la descentralización en la toma de las decisiones en la base, en las nuevas condiciones en las que hay que, por obligación, hacerlo.

Esto se manifiesta en la perjudicial espera de las orientaciones y directivas  centralizadas, “desde arriba”, para tomar decisiones y ejecutar acciones que la lógica más elemental indican ejecutar, sin esperar por nadie, lo que  dificulta al objetivo propuesto.

Desde luego, la toma de iniciativas descentralizadas en la base requiere de una mayor y profunda valoración ya que, objetivamente, muchas medidas y regulaciones burocráticas existentes, así como una planificación rígida diseñada para actividades macroeconómicas, son en realidad verdaderos obstáculos para la toma de dichas  iniciativas y las barreras para su aplicación en la economía son enormes, lo que hacen  a la sociedad disfuncional e infuncional. Son un verdadero lastre, una camisa de fuerza, a tal punto que veces  resultan absurdas.

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Como se ve, el subjetivismo, por la fuerza de la costumbre, se ha imbricado en y con  el ámbito teórico-práctico objetivo,  como se ha reflejado también en la  propia Conceptualización.

Así, se presenta, como  premisa principal del documento, a “la propiedad socialista de todo el pueblo sobre los medios fundamentales de producción” donde el Estado actúa como representante del dueño y “como representante del propietario, el Estado designa y revoca a los principales directivos del sistema empresarial, les exige, evalúa y determina los principios para la remuneración…”.

Ahora bien, este principio conceptual, tan antiguo como la propia idea socialista, no convierte al socialismo en próspero ni sostenible.

Señalado por Martí, que vivió y conoció la transición, al menos teórica, del llamado socialismo utópico al científico, cuando dejó testimoniado: “lo primero que hay que saber es de qué clase de socialismo se trata,…:–aunque bien puede verse, ahondando un poco, que todos ellos convienen en una base general, el programa de nacionalizar la tierra y los elementos de producción (2)

O cuando señaló: “…– con el plan de los socialistas, que quieren que la tierra, los instrumentos de producción, las máquinas, las fábricas, y los productos del trabajo pertenezcan en junto al pueblo todo, y sea todo entre todos y para todos producido, bajo la dirección de la comunidad cooperativa, que distribuirá los productos conforme al trabajo que cada cual haya puesto en ellos, y a las necesidades de los individuos” (3)

 Entonces, teniendo en cuenta esta concepción teórica general, inherente a todos los socialismos, que lamentablemente han fracasado, en  el presente y en las actuales condiciones bien vale preguntarse, parafraseando a Martí que, qué clase de socialismo se quiere actualizar:

¿El del modelo soviético?, ¿o el de alguno de los que existió en los países de Europa oriental? Todos ellos, por cierto, muy bien ilustrados por el Dr. José Luís Rodríguez García, en su libro” El DERRUMBE DEL SOCIALISMO EN EUROPA” (4); o, ¿audazmente intentar uno nuevo, que, sin desechar ni menospreciar algunas de las experiencias positivas  de los socialismos que existieron, se puedan alcanzar los diversos fines `propuestos?

Ante tales disyuntivas, lo lógico es aceptar la última, que debe ser la que garantice y permita a la nación obtener nuevos estímulos materiales y morales, así como nuevos impulsos para sobrevivir, seguir siendo soberana e independiente y pueda, con esa nueva fuerza, la que sostenga y aumente el significado político  de Cuba.

Eso es más que necesario en las actuales condiciones, para que la Revolución Cubana siga siendo paradigmática ante las fuerzas revolucionarias, de izquierda, progresistas e integracionistas del mundo, a las cuales  el imperialismo, con su nueva política de reajuste táctico, manteniendo sus objetivos estratégicos de cambio del sistema cubano,  trata de  confundir y dividir, para con el desencanto que pueda provocar, crear el pesimismo, la inacción y el abandono de los procesos progresistas que trata de revertir.

Eso es más que necesario para evitar que la victoria alcanzada debido a la resistencia del pueblo cubano que obligó al imperialismo a restablecer relaciones con Cuba y reconocer la ineficacia del bloqueo para doblegarnos, se convierta en pírrica.

Y es más que necesario para fortalecer la batalla de ideas y enfrentar a quienes, en las nuevas condiciones, intentan socavar y desmontar nuestra ideología y cultura.

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Pero para lograr esto, lo nuevo, se requiere innovar. Innovar para actualizar renovando. No innovar para actualizar conservando.

Ahora bien, si por innovación, que se aplica en el ámbito de todas las ciencias (naturales, técnicas y sociales), se entiende una nueva idea, dispositivo ó método, que se diferencia de lo normal de lo que se haya empleado, se está empleando o haya prevalecido, se debe, ante los fracasos existentes y que existieron, comenzar por preguntar: ¿qué innovar de la idea y de la práctica socialista?

Es necesaria una innovación científica, basada en los hechos de la experiencia histórica, que es la que debe condicionar y conllevar a la actualización del modelo socialista.

Se debe comenzar pues con la innovación del propio principio fundamental del socialismo y por lo tanto de su implementación teórico-práctica.

La idea fundamental del socialismo, la de la de la propiedad de todo el pueblo sobre los medios fundamentales de producción, con el Estado como representante del propietario, debe ser modificada e innovada, por las consecuencias prácticas perjudiciales a que ha conllevado, que son las que lo han hecho fracasar en su puesta en práctica.

¿Cuáles han sido y son los problemas que le ha generado esta idea al socialismo práctico?

Sin mucho academicismo, la sabiduría popular ya lo ha mencionado y señalado como un verdadero sofisma: “cuando Todo es de todos, nada es de nadie.”

Se constata, además, que nadie se ha sentido ni se siente dueño de esos medios de producción que se anuncian de todos, lo que acarrea como consecuencia, la desidia generalizada en el proceso productivo y político, en ese pueblo que declaran propietario.

Ello da base y fundamento, a su vez, para que se generen otros hechos y fenómenos negativos como el hurto, las sustracciones, malversaciones y desfalcos  en los que participan, de una u otra forma, una buena parte de todos los factores implicados en dicho proceso, incluyendo a los representantes del propietario designados por el Estado.

Todos estos males de corrupción, delitos e ilegalidades, que se manifiestan y pululan actualmente en el seno de nuestra sociedad, son contrarios a la naturaleza del propio sistema socialista, por lo que lo ponen de verdad en peligro de perecer, porque se puede decir que han impactado ya, de modo muy severo, no solo al ámbito económico, sino también al ideológico y al social. Es la mayor actividad contrarrevolucionaria que existe y pueda existir en estos momentos.

Entonces, para contenerla, neutralizarla y evitarla definitivamente, resulta imprescindible ser radical e ir a la raíz: que la propiedad socialista de todo el pueblo se materialice de manera más real, objetiva y concreta como la principal, sí,  pero tratando de evitar que “todo sea de todos y nada sea de nadie”, coexistiendo con las otras formas  de propiedad necesarias. Utilizando el lenguaje político común cubano es una idea que hay que “aterrizarla”, que se debe “aterrizar”.

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Desde luego que ante tal coyuntura, surge la pregunta: ¿Cómo? ¿De qué manera?

En primer lugar el principio fundamental, que existe desde hace siglos, debe quedar enunciado de otra manera, ante las nuevas circunstancias, que bien podría quedar así: “En el socialismo, la propiedad socialista sobre los medios de producción, es la propiedad  de los trabajadores sobre esos medios de producción, específicamente en sus centros laborales o empresas”.  Es ó sería la socialización objetiva, concreta de la propiedad en cada centro de trabajo.

Desde luego, para su implementación la idea debe estar fundamentada jurídicamente, de manera tal que los trabajadores sean y se sientan los verdaderos dueños de  sus medios, lo que los haría capaces y motivaría a trabajar con deseos, ahínco, eficiencia y productividad en función del cumplimiento de los planes de trabajo específicos de su empresa.

Esta sería la base principal, los cimientos en los  que se asentaría la economía nacional y su sistema socioeconómico, basado así en el poder real y verdadero de los trabajadores, en el que primaría verdaderamente las relaciones socialistas de producción al estar socializada la propiedad empresarial.

De ella se derivaría la nueva condición de los trabajadores de ser los propietarios comunes, reales, verdaderos y concretos de sus medios de producción específicos. Condición esta que debe ser garantizada a todo miembro individual de un colectivo laboral por la Constitución Socialista y otras leyes, que le deben otorgar derechos y deberes respecto a los fines, la participación en la conducción, control y cuidado de esos bienes, incluyendo la remuneración. Sentaría las premisas para liberar a los trabajadores del trabajo esclavo asalariado, tanto del Capital, como del Estado.

Véase que se tiene en cuenta las funciones que corresponden a la naturaleza tanto individual (cuestión ésta muy importante a tenerse en cuenta), como colectiva de los trabajadores  de un centro empresarial.

Se crearía así un sistema empresarial de empresas socialistas pertenecientes a sus trabajadores, que facilitaría y permitiría la acumulación originaria socialista.

En pleno ejercicio de sus derechos como dueños de sus medios de producción, los trabajadores designarían y/o revocarían a los principales directivos de su centro laboral, empresa o sistema empresarial, les exigirían, evaluarían y determinarían los principios generales de su organización.

Dada su condición de propietarios comunes reales de sus medio de producción, por ese mismo hecho, estarían motivados y prácticamente obligados a aplicar métodos participativos de dirección. Más que eso, se convertirían y serían verdaderos protagonistas.

Estaría en plena correspondencia con el socialismo del siglo XXI enunciado y proclamado por otro Comandante de Nuestra América, el bolivariano Hugo Rafael Chávez Frías, cuando enfáticamente dijo:

  • “La Democracia protagónica, más que participativa”
  • “El autogobierno”
  • “La autogestión generalizada”

Y esto no es ninguna Utopía. Es perfectamente posible si consideramos que puede ser el resultado principal de una sociedad alfabetizada y culta,  con más de un millón de graduados universitarios y que debe agrupar convenientemente  para esta tarea y su realización, de forma interactiva, a  la parte importante de la juventud más hábil en el conocimiento y a muchos de los más sabios y experimentados especialistas de cada empresa y del país.

Es propio de la naturaleza humana defender “lo mío” a capa y espada, por lo que todo esto, al mismo tiempo, sentaría las bases para el fortalecimiento, reforzamiento y el aseguramiento de la independencia, la soberanía, la seguridad y la defensa nacionales.

Nada de esto, de ninguna manera niega ni puede negar el papel que juega el Estado en esta etapa de construcción del socialismo, antes de su desaparición en el comunismo (véase V.I. Lenin en “El Estado y La Revolución”), ya que dada sus funciones y condición de orientador, controlador, regulador general de la economía del país, de ser el responsable y velar por los servicios sociales esenciales como la Educación y la Salud Pública, La Defensa. El Orden Interior y la Política y Servicio Exteriores y otros, el Estado capta y debe captar por tributo parte de las utilidades de las empresas de propiedad socialista de sus trabajadores.

La Habana, 12 de Septiembre de 2016

Referencias:

1) José Martí. Obras Completas. Editorial Nacional de Cuba. La Habana 1964 Fragmentos, T.22, pág. 73

2) José Martí, Ídem. “Cuadernos de Apuntes”, T.21, pág.386, 1894

3) José Martí. Ididem.T.11, pág. 269. “Cartas de Martí” La Nación, Buenos Aires, 29 de septiembre de 1889.

4) José Luís Rodríguez García. ”El DERRUMBE DEL SOCIALISMO EN EUROPA”- Instituto Cubano del Libro, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2014 y Ruth Casa Editorial, Panamá, 2014.