La escuela política Hugo Chávez o qué le urge al socialismo en Cuba


escuela_politicaPor: Juan Carlos Ramírez Sierra

La totalidad de las alternativas socialistas surgidas al calor de revoluciones en el siglo XX han estado obligadas a superar la estrangulación material y un bombardeo moral sostenido y bien organizado por parte de las potencias capitalistas. A la par del arsenal foráneo dispuesto para hacerlas desaparecer, resulta inobjetable el cúmulo de contradicciones e inflexiones internas heredadas unas y emergidas otras a la luz de los nuevos contextos, las cuales han contribuido significativamente en no pocos casos a su extinción.[1]

Entre estas fuerzas aniquiladoras que expresan una dialéctica múltiple más compleja, pues no se trata del modelo simple y casi lineal de unidad y lucha de contrarios en donde un fenómeno o proceso se situaba ante su opuesto y del choque o enfrentamiento natural e histórico de uno y otro emergía el desarrollo; sino de otro que es capaz de crear una variedad de contrarios con identidades fetichizadas diversas diametralmente opuestas a un mismo fenómeno alcanzando una dimensión tan totalizadora, universal y agresiva que puede y llega a convertir al mismo fenómeno en su principal y más desarticulador opuesto, sin excluir la coexistencia no pacífica de sus múltiples contrarios.

No se trata lisa y llanamente de la lucha entre el capitalismo y el socialismo. En la contemporaneidad el primero fue liberal, conservador, flexible, fascista, democrático, de bienestar, proteccionista, democristiano, socialdemócrata, pacifista, belicista; todo un monstruo cual hidra leviatánica tenía un solo fin: extinguir el fantasma del comunismo y todo lo que a corto, mediano y largo plazo estuviera relacionado con este. En el caso actual del socialismo en Cuba cualquier observador medianamente apercibido podría enunciar un conjunto de males, errores, dificultades –o contra sí al decir de Mañach o Joel James- que bien analizados, de no darles soluciones efectivas enrumbarán el proceso hacia un capitalismo del sálvese quien pueda.

La vitalidad y al parecer irrefrenable corrupción político administrativa a todos los niveles; el enriquecimiento deliberado de un sector –o una clase social ya no tan nueva- como consecuencia del enquistamiento en cargos públicos; el crecimiento vertiginoso de la pobreza extrema sin proyectos o estrategias visibles de contención; la creciente desigualdad social y económica cada vez más evidente sobre todo con la incorporación de una racionalidad mercantil por parte del estado (expuesta en la flexibilización del empleo y desempleo masivo, la desregulación del mercado y la reducción del gasto público) de corte esencialmente neoliberal; la incapacidad del gobierno (partido) de ejercer una administración pública eficiente, proactiva y sostenible en el tiempo; la apropiación gradual y ascendente de los enclaves económicos fundamentales en todo el país por parte de las fuerzas armadas; la ausencia de inversiones en tecnologías para áreas como la agricultura, la pesca, la extracción de minerales entre otras; el desorden salarial que censura y devalúa al universitario (y al saber profesional especializado de forma general) y estimula al que “consigue lucha o inventa” (a cada cual según su picardía)…

Son eufemismos que en la mayoría de los casos se refieren al acto velado socialmente permitido de robar; el empobrecimiento educacional cada vez más global resultado de una educación con estándares de calidad muy bajos y fraudulentos sobre todo en las enseñanzas previas a la universitaria; la apatía y el apoliticismo ya significativo como consecuencia de la inhabilitación de la capacidad de participar (la gente no sabe, no quiere y no puede participar si no es como una polea de transmisión del estado) debido a las relaciones verticalistas institucionales establecidas por el sistema político; y la reproducción de un estado asistencialista que va desamparando relativa y gradualmente a sectores que siempre han sido vulnerables y necesitan de una buena y transparente gestión pública, entre otros no menos importantes, podrían figurar los desafíos del socialismo que se vive en la mayor de las Antillas.

Con este racimo bien surtido de opacidades factuales podría pensarse que el socialismo en Cuba se traiciona todos los días. No es preciso el gigante de siete leguas, que siempre nos acecha, para aplastarnos; el difícil parto produce caníbales fieros que en ausencia de un control público real, entre todos los que conforman la nación, llegarán a tragarse todo lo que sea público, a la nación y así mismos llegado el momento.

Dos aspectos fundamentales hacen comunes a cada uno de los problemas enunciados: el primero es que constituyen tanto en su totalidad como en sus partes la negación del socialismo; el segundo radica en que no existen salidas rápidas, soluciones de choques que puedan resolverlos de una vez y por todas, un intento precipitado y efímero que suponga una solución instantánea podría catalizar el camino hacia el capitalismo. La inmediatez que exige su enfrentamiento y superación expresada en contextos específicos esconde –y dilata la posibilidad de encontrar las mejores alternativas- como un fetiche, tal vez el problema medular del socialismo tropical y caribeño. La primera y más apremiante necesidad actual del socialismo en Cuba radica en pensar qué socialismo es posible alcanzar y cómo llegar allí con los instrumentos y sujetos que hoy se disponen para eso.

El ejercicio de la política está obligado a hacer del pensar una práctica substantiva en la que incorpore a la mayor cantidad de actores posibles. No podemos olvidar que la política revolucionaria se hace de praxis revolucionaria viva, permanente; y esta tiene su origen, su punto de partida en un ejercicio de pensar desprejuiciado, democrático, libre, comprometido y esencialmente crítico. Si el socialismo cubano llegara a prescindir de la posibilidad de pensarse, de enjuiciarse agudamente, como lo hicieron otros, terminará en el exacto lugar de aquellos que hoy no son socialistas.

Aquí radica posiblemente una de las grandes posibilidades de proseguir con un proyecto anticapitalista y emancipador; del modo en el que podamos pensar hacia dónde se quiere llegar de manera que incorpore o se haga coincidir en un marco amplio y flexible de común acuerdo a cada uno de los seres humanos –en el reconocimiento de sus identidades- que componen la nación cubana, será la medida en que se podrá viabilizar un futuro posible superior al de ayer y necesariamente al de hoy.

Un socialismo impensado es un socialismo a ciegas, es el umbral inevitable de un capitalismo devorador con los ojos bien abiertos.

[1] Los casos de Rusia y Nicaragua constituyen tal vez los más estruendosos y evidentes de la desaparición de proyectos socialistas.