Silencio de lesa humanidad


migrantes-cubanosPor: Javier Gómez Sánchez

Desde finales del pasado año cuando el Gobierno de Costa Rica decidió destapar la Caja de Pandora que significa la migración ilegal cubana por Centroamérica, el tema no ha dejado de estar presente de una forma u otra.

La acumulación de cubanos migrantes en territorio costarricense y panameño captó la atención de la prensa internacional y obligatoriamente de la cubana, aunque esta última no pudo despojarse completamente del síndrome de la ¨Nota Oficial¨ que podía sentirse en las puntuales informaciones.

Curiosamente una trasnacional como Telesur, capaz de enviar periodistas al Medio Oriente, informaba sin reporteros en el terreno centroamericano.

Las imágenes de los cubanos varados fueron escasas.

El consecuente restablecimiento de visado para la entrada de cubanos en Ecuador, país que se convirtió en la primera escala del viaje. El despliegue policial en la embajada ecuatoriana en La Habana, no mostrado en las cámaras nacionales. La incertidumbre de miles de aspirantes a emigrar y sus familiares ante la supuesta inminencia del fin de la Ley de Ajuste Cubano. Fueron estos lo matices que ensombrecieron el pasado fin de año y arribo del presente.

Poco a poco, como ocurre con las sagas interminables la atención mediática fue mermando en la medida en que los gobiernos regionales fueron solucionando al menos la crisis momentánea.

Durante la evolución informativa, algunos medios hicieron hincapié en la peligrosidad de este viaje clandestino a través de Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, Guatemala, Honduras, El Salvador, Belice y México. Otras versiones del viaje pueden incluso sumar más países.

Es difícil saber cuántos cubanos de los miles que la emprenden cada año, logran llegar con vida y cuantos mueren en el trayecto.

La corrupción imperante en los cuerpos policiales y de migración en Centro y Suramérica permite este flujo y se beneficia de él. También viven decenas de miles de personas involucradas en el tráfico de diversas maneras incluyendo a cubanos en Cuba y en el extranjero.

No es algo tan lejano como nos parece. ¿Cuántas de las familias con sus niños que hacían cola en las oficinas de pasajes del Centro de Negocios de Miramar, lograron llegar a Miami y cuantos están enterrados en la selva, hundidos en los ríos o sin sepultura comidos por los animales? ¿Cuántos violados, esclavizados, secuestrados, vendidos su órganos?

Nunca lo sabremos, esa cifra quedará en nuestra historia como la de los cubanos ahogados en el Estrecho de la Florida durante los 90.

Pero la pregunta que pesa en el aire no es la de cuántos, es más importante ahora la de a cuantos más le pasará, cuantos más morirán, cuantos más iniciarán el viaje ignorando los peligros o pensando solo en los que llegaron.

La pregunta que hay que hacerse es hasta qué punto el Gobierno Cubano se siente responsable de lo que les ocurre a esos cubanos. ¿Acaso es una situación que se acaba de descubrir? ¿Acaso nadie lo sabía? Por supuesto que no.

A finales del 2010 se cerró el tráfico en lanchas hacia Yucatán, México, se golpeó duramente a la mafia cubano-mexicana que lo operaba. Entonces el tránsito terrestre que ya existía aumentó, y el restablecimiento de relaciones lo hizo dispararse.

¿Acaso se publicó una sola palabra en todos esos años en la prensa cubana advirtiendo, alertando, concientizando, exigiendo a los gobiernos regionales?

Ninguna.

¿Acaso durante esos años el NTV sacó algún reportaje? De lo que pasaba en Honduras, en Nicaragua, en los mismos países a donde enviamos reporteros a hablar de los médicos cubanos (¡y qué bien eso!) pero de los cubanos muertos, de eso nadie hablaba.

Los mismos periodistas cubanos que van por los ríos y por las carreteras, enviados a entrevistar médicos, pasan por los cementerios donde yacen los emigrantes, ignorándolos.

¿Cuántas líneas publicó Granma?

Ninguna.

Es cierto que no por haberlo hecho la mayoría de los cubanos que tomaron ese camino iban a dejar de hacerlo, pero tal vez una minoría sí, advertidas por su propio gobierno, por su propia prensa, por una sociedad informada y concientizada como debe ser ante una situación tan peligrosa. Muchas familias puede que no estuvieran llorando ahora la muerte o la desaparición de sus hijos o sus padres si se hubiese tenido una actitud más responsable.

Hay que asumirlo con toda la dureza. A los traficantes, a los asaltantes, a los violadores, a las autoridades corruptas se suma ese silencio en Cuba.

Hay que recordar cómo tímidamente se intentó una campaña de advertencia, un poco torpe, cuando estaba en su apogeo el tráfico marítimo en lanchas hacia México. Pero nunca más se hizo nada.

En estos tiempos, solo algunos escasos medios como Cubadebate, La Calle del Medio, periódicos provinciales como Escambray, si han hecho un esfuerzo por advertirlo. Pero estos medios no llegan a la mayoría de los cubanos y es ya intolerante la barrera, como en todos los temas, con los medios nacionales más masivos.

Ojala esto lo lea quién dirige la prensa en Cuba.

Estamos a tiempo de rectificar, de evitar algunas muertes más. De que nuestra prensa comience a alertar como debe ser, porque no puede ser que se hable cada día de los sirios que mueren en el Mediterráneo tratando de llegar a Europa y se calle sobre los cubanos que mueren tratando de llegar a Estados Unidos.

Este tema no puede limitarse solo a repetir la Ley de Ajuste, porque lo importante es que la gente esta muriendo. La ley no es mala de por sí, sino por los efectos que provoca, no se puede denunciar la ley sin hablar de sus efectos.

Esto incluso aumentaría el sentimiento negativo en muchos cubanos hacia esa ley o lo crearía, porque hay que darse cuenta que en la mente popular una ley que les permite instalarse legalmente en el Primer Mundo una vez llegado, no es vista precisamente como algo malo.

Si la gente ha estado y sigue estando tan confundida, ha sido porque la torpeza, la incapacidad, y sobretodo el desinterés comunicacional lo han permitido.

Mientras exista la Ley de Ajuste esta situación seguirá existiendo. Ningún país latinoamericano liberará de visa a los cubanos mientras sea así. De esa forma también los cubanos que viajan normalmente seguirán viviendo las dificultades de solicitarla. Pero más lo sufren las víctimas del tráfico humano que esta ley provoca.

Maldita sea la pobreza y la riqueza de las orillas, malditos los que lucran con ella, y malditos sean también los que se lo callan.

Para contactar al autor: javiergosanchez09@gmail.com