Crónica a los Miedos

joven miedos

Por: Claudia Yilén Paz Joa

“Miedo”, conocemos todos la palabra desde que tenemos uso de la razón. De niña, le temía a la oscuridad, y como todos mis contemporáneos veía bichos y cosas raras salir del closet o enredados en el mosquitero de mi abuela. Pero los miedos, como los seres humanos, evolucionan. El hombre piensa como vive, y por tanto, los miedos dependen de esta cuestión filosófica.

El miedo a hablar, el miedo a callar, a ganar o perder, a la vejez, a lo que se tiene, lo que no se conoce, a lo que se avecina, el miedo a ser… Como ya he dicho, depende de todos y cada uno de nosotros.

Vivo en una sociedad llena de temores, sus gestos, su desequlibrio físico y mental, sus ganas de hacer y su inmovilidad, lo reflejan en su día a día. No estoy fuera de esta gente, no soy inmune, esto, como los cantares de gesta, se transmiten de generación en generación.

Vuelvo sobre los personajes de mis libros más recientes y ahí estamos todos, por ejemplo, Winston, de 1984, pudiera ser cualquiera de nosotros, al menos eso creo, sobre todo cuando tantos usuarios de facebook me llenan el muro de mensajes como “mi cuenta fue hackeada, yo no he puesto fotos en ningún lugar, no comparto ese tipo de contenidos”, aceptamos políticas de privacidad fantasmas y te vienen con todos estos cuentos, vaya, por solo mencionar algunas cuestiones.  Saramago me ha traído también los miedos de cerca en su “Ensayo sobre la ceguera”, y me ha enseñado la importancia de tener ojos cuando nadie los tiene,  ahí va otro de los grandes temores que hago míos: una sociedad con ojos pero sin vista, una generación– le llaman perdida- que no quiere ver, y esos, demostrado está, son los peores ciegos.

Tenemos miedo del futuro, de lanzarnos  y  que no se haga la luz a nuestro favor, ¿seremos en realidad lo que otros esperan de nosotros realmente, seremos mejores? Yo, por ahora, seré…otros que decidan si realmente soy.

Tomado de: Había otra vez