Democracia Socialista


Por: Harold Cárdenas Lema

Cuba no conoce la democracia. Quizás lo más cercano a esto lo hayan logrado los indios taínos porque luego vivimos cuatro siglos de colonia española, medio más de república dominada por Estados Unidos y luego unos sesenta de acoso en los que no hemos podido ensayar un sistema político saludable. Quizás la propaganda política nos quiera convencer de otra cosa y nuestro primer impulso sea rechazar la idea, pero seamos honestos: el clima de libertad y decisiones soberanas necesario, nunca lo hemos tenido. Los cubanos no hemos vivido en democracia.

Cuba no conoce el socialismo. Esto debe ser más fácil de aceptar porque nadie ha llegado a este período histórico en su forma más pura, es más un rumbo buscado que realidad alcanzada. Existen muchas interpretaciones y modelos, algunos más exitosos que otros. Los soviéticos anunciaban en los sesenta que ya lo tenían y estaban en los albores del comunismo. Ilusión óptica de la propaganda voluntarista que por suerte los cubanos no hemos cometido, aunque llevamos seis décadas persiguiéndolo. Difícil nadar en una piscina nueva cuando el bloqueo estadounidense amarra nuestros pies y brazos. Tenemos muchas ganas de él pero muy poco lo conocemos, somos más expertos en crisis que en socialismo.

Hace mucho tiempo Rosa Luxemburgo propuso sustituir el término “dictadura del proletariado” por democracia socialista. Un cambio positivo, difícilmente Marx o Engels pudieran imaginar las connotaciones que tomarían sus términos un siglo y medio después. Igual a Rosa nunca le prestamos mucha atención, en cambio todavía hoy enseñamos al dedillo la absurda teoría soviética que esquematizó los procesos históricos en cinco períodos inamovibles. Todavía en las universidades la asignatura básica de filosofía para los estudiantes se llama Marxismo-Leninismo, término creado por Stalin para excluir el pensamiento marxista occidental. En este país es tan difícil cambiar nada que ni siquiera nuestra propia teoría ha logrado abrirse paso.

Cuba no conoce la democracia socialista porque apenas ha tenido tiempo de pensarse a sí misma. Entre una herencia colonial lastrada de corrupción y problemas administrativos, o un bullying constante por parte del vecino más incómodo posible, sin animar al conformismo: podemos sentirnos orgullosos. No necesitamos importar modelos de socialdemocracia que serían tan exóticos como peligrosos en el contexto actual, pero una dosis de empoderamiento ciudadano directo haría mucho bien para construir los nuevos consensos en pos del socialismo. Nos merecemos conocer un futuro mejor.

Cuba merece conocer la democracia, merece construir el socialismo, pero mientras sigamos omitiendo a Rosa Luxemburgo e impartiendo marxismo con los mismos textos soviéticos a la altura del 2016, estará bien difícil. Nadie dijo que la democracia socialista fuera cosa fácil.

Para contactar al autor: haroldcardenaslema@gmail.com