Propiedad Estatal y Propiedad de Todo el Pueblo

propiedad_puebloPor: Jagger Zayas Querol

La sociedad cubana está en estos tiempos, “discutiendo” el documento sobre La Conceptualización del Modelo de Socialismo Cubano. Llama poderosamente la atención de que el concepto “Propiedad Social de Todo el Pueblo” es el concepto raíz de casi todo el documento y casi en ningún caso hace alusión o menciona la Propiedad Estatal “Socialista”, que es la verdadera forma de propiedad imperante en nuestra sociedad desde tiempos inmemoriales y evidentemente no va a cambiar. Aquí hay gato por liebre, porque, en verdad, no hay “Propiedad Social de Todo el Pueblo” y es imposible que la haya, porque esa forma de propiedad sólo es posible en la etapa comunista de esta incipiente formación económico social y no ahora.

Veamos en qué se fundamenta esta afirmación:

Hasta el gran Lenin, el mejor y más entendedor de la filosofía e intencionalidad de los pensadores originales del marxismo, reconoció, casi al final de su vida, después de la implantación de la NEP, que se estaba saltando una etapa importante en el proceso de socialización de la propiedad de los medios de producción y por tanto, de la distribución de los resultados del trabajo en el socialismo. Este reconocimiento vió la luz en sus últimos trabajos acerca de la cooperativización y es la causa más profunda de la caída del socialismo en la tierra de los soviets y la Europa Oriental.

Aparte de todos los razonamientos que fundamentan que la concepción del “Socialismo de Estado” lejos de conducir a la extinción del Estado, lo que hace es reforzar esa maquinaria, refrendando el derecho del Estado omnipoderoso frente al inválido ciudadano, lo que demuestra fehacientemente que el derrotero de esas sociedades no podía ser, ni por poco, la sociedad del comunismo, sino otra que siguiera empleando el trabajo asalariado como fuente del mantenimiento de esa maquinaria y la ralea de los funcionarios que le dan y mantienen en vida, como acusara Spencer en “La Futura Esclavitud” que encontró concordancia con nuestro José Martí en su artículo del mismo nombre en 1884.

La historia demostró hasta la saciedad que ese modelo llamado “socialista” no implantaba una nueva formación económico-social, porque esencialmente no cambió las relaciones de producción al mantener el trabajo asalariado, reproduciendo el único germen capaz de revertir los cambios económicos y sociales, que eran los ideales de la sociedad socialista, realizados en esos países y que logró que se reimplantara el capitalismo salvaje en todos los países otrora “socialistas” de Europa del Este.

El quid del cambio de las relaciones de producción está en las relaciones de propiedad, las cuales al igual que las relaciones de distribución, tienen carácter histórico y de la misma manera en que no es posible implantar la fórmula de distribución comunista “De cada cual según su capacidad y a cada cual según su necesidad” en la fase socialista, sino solo aquella que reza que “De cada cual según su capacidad y a cada cual según su trabajo” y eso todo el mundo lo comprende, NO ES POSIBLE adoptar por extemporánea respecto al desarrollo de las fuerzas productivas, la forma de propiedad del comunismo, la llamada “Propiedad de todo el Pueblo” en la fase socialista, porque nunca fue en realidad propiedad de todo el pueblo, sino la propiedad del Estado como empleador o patrón frente al proletario como el asalariado que sólo debe obedecer y producir y sin tan siquiera, el derecho a la huelga…

En las condiciones del trabajo asalariado bajo la Propiedad Estatal edulcorada como “Propiedad Social de Todo el Pueblo”, cuando el trabajador no encuentra en el salario los medios para la reproducción de la propia fuerza de trabajo –que es la razón de ser del salario desde el punto de vista de la Economía Política- toma los medios y recursos de la propiedad estatal a sabiendas de la ilegalidad que comete y no hay fuerza capaz de detener la malversación, corrupción y sobornos que machaconamente tratan de erradicar con llamados al Control Interno, la exigencia y la disciplina y no puede ser de otro modo, porque los recursos no alcanzan para distribuir según las necesidades de los hombres y esto presupone la existencia del dinero y del mercado, del Derecho y el papel coercitivo del Estado.

No, la forma de propiedad inherente al socialismo, cuando el nivel de productividad no es suficiente para garantizar el principio de distribución comunista, tiene que ser la asociación libre de los trabajadores, en la cual el trabajador deja de ser asalariado, para pasar a ser propietario colectivo de los medios de trabajo a la vez que trabajador directo o productor, como partícipe activo y con voz y voto sobre el proceso de producción. Sólo en ese caso, independientemente de que jurídicamente la propiedad pertenezca a los colectivos de trabajadores o al Estado, pero sin imponer la administración por funcionarios del Estado, los cuales representan y se identifican más con el dueño que con los productores. De esa manera, desaparecerá paulatinamente el trabajo asalariado, y con él, la posibilidad de la reversibilidad del socialismo.

Cuando el hombre, a la vez que productor, es propietario colectivo reconocido de los medios de producción, entonces SÍ TIENE ALGO QUE DEFENDER, no como en la URSS cuando se subastaron las fábricas, empresas, granjas agrícolas y “cooperativas”, en las que los trabajadores no hicieron nada por impedirlo -ya que realmente no eran suyas- y en muchos casos, preferían trabajar para un patrón capitalista, que para el Estado Inmovilista y supuestamente Socialista.

Pero ya hoy, persistir en aquella concepción estalinista -que ya se sabe a dónde van a parar esos “socialismos”- sólo conducirá a posponer una vez más, cuando no al retroceso, la construcción de un “Socialismo Próspero y Sostenible”.