Muerte y entierro de Aracelio Iglesias


AracelioPor Javier Gómez Sánchez

javiergosanchez09@gmail.com

En días recientes se conmemoró el aniversario 115 del nacimiento de Aracelio Iglesias. Líder sindical de los portuarios cubanos en las décadas del 30 y 40 que fuera asesinado en 1948 por sicarios al servicio del gobierno auténtico de Carlos Prío.

Junto al líder azucarero Jesús Menéndez también asesinado por el gobierno auténtico en 1948, es uno de los dirigentes sindicales más conocidos de la Cuba prerrevolucionaria.

Actualmente uno de los muelles del Puerto de La Habana lleva su nombre, existe un monumento a su memoria en la Avenida del Puerto y personalmente cursé el sexto grado en una escuela también nombrada Aracelio Iglesias.

Recuerdo en una entrevista que le hiciera Amaury Pérez a la poetisa Nancy Morejón como esta rememoraba el hecho de que su padre, que apoyaba a Aracelio en la labores del sindicato, se encontraba el día de su asesinato en el local donde los pistoleros Joaquín Aubí y Eliecer Baudín le propinaron cuatro balazos. La escritora recordaba el impacto que provocó en su padre ser testigo del crimen.

Ya Aracelio se le había travesado varias veces antes a las compañías portuarias y al gobierno, incluso fue enviado a prisión por eso. Pero esos no eran sus únicos enemigos. En los días previos a su muerte organizó una asamblea donde se acordó no pagar más la cotización a la CTC pues sus dirigentes se habían vendido al gobierno y al capital empresarial.

Este aniversario suscitó varios trabajos de conmemoración en la prensa cubana así como en la televisión, la cual presentó un reportaje de un acto celebrado en la zona portuaria.

A veces, por mucho que uno este acostumbrado, es chocante el nivel en el que se ha distorsionado el papel de los sindicatos en Cuba.

En el reportaje televisivo un dirigente sindical entrevistado por el periodista apareció diciendo meramente que los obreros portuarios estaban comprometido con lograr un mayor producción. Uno de los reportajes de la prensa cerró sus líneas con que la mejor manera que tenían los trabajadores de homenajear a Aracelio Iglesias era aumentar cada vez más esa producción ¨cargando sacos y cajones¨

Ni una palabra de la que deber ser la verdadera labor de un sindicato. Y mucho menos en el sistema socialista.

La producción es un asunto de la gerencia, cuando esta funciona bien la producción aumenta. Un sindicado debe ocuparse de atender las necesidades de los empleados, ser interlocutor tanto con las empresas como con el gobierno a través de cada ministerio o su presidencia. Tener y representar un poder real y respetable ante el sistema legislativo y judicial.

En el entusiasmo de los primeros años de la Revolución, al calor de las nacionalizaciones, los sindicatos se sintieron por primera vez identificados con el Gobierno y a su vez con el Estado, nuevo propietario de las industrias. Esa identificación hizo que las organizaciones obreras, las autoridades públicas y ese Estado propietario se sintieran por los trabajadores como una sola cosa.

Muchas fábricas tuvieron que ser dirigidas efectivamente por sus operarios ya que los especialistas y administradores abandonaron el país.

Pero ha llovido mucho desde entonces y con el tiempo el movimiento sindical llegó a ser una de las cosas más extraviadas en la Cuba de hoy.

Tristemente los sindicatos no han sabido ni se les ha permitido asumir el rol que deberían tener en una sociedad socialista. Una estructura socioeconómica en que la propiedad estatal no significa que deje de existir la necesidad de un sindicato que vele por los trabajadores.

 En Cuba el sindicato se ha convertido en un ente que meramente se dedica a cobrar a sus afiliados una cotización. Dinero que por cierto, como el resto de las organizaciones que recaudan, al funcionar sin la más mínima transparencia, ninguno de sus miembros sabe en que se utiliza.

Durante años lo más entretenido que hicieron fue una reunión para pelearse por un televisor Panda… Todavía debe haber gente que no se habla.

La posibilidad de que en nuestro país un sindicato le lleve la contraria a una empresa o un ministerio es tan ajena a la mayoría de las mentes como que la FEU lo haga con el rectorado de una universidad o con el Ministerio de Educación Superior.

¿Pero entonces que debería hacer un sindicato en el socialismo? Pues muchísimas cosas. Y sin necesidad de echarse a la calle en un manifestación para la que se desempolvarían los cascos y los escudos. Pues eso ocurre donde la legalidad fracasa y se supone que en una sociedad socialista el respeto y la existencia de las leyes garantiza la posibilidad de su funcionamiento con toda plenitud. Si no a ese socialismo le falta un pedazo.

Un sindicato en Cuba hoy debe impedir que sus trabajadores dejen de recibir una remuneración que merecen por ser esta considerada eufemísticamente una ¨estimulación¨ y no el producto de su trabajo. Que encima no pierdan esa pequeña suma por enfermarse un día y faltar o llegar tarde.  O que prefieran renunciar a sus vacaciones por mantenerla. Hoy en día gran parte de los ingresos de los trabajadores cubanos no provienen del salario legal si no de ese llamado  ¨estimulo¨ o ¨pago por producción¨

Pero miles de trabajadores y sus familias dejan de recibir siquiera eso con frecuencia en empresas donde ¨no se cumple el plan¨.  No se trata, ojo, de que no hubo producción, que no hubo ingreso, que no hubo plusvalía, si no que como no se logró la cifra que alguien determinó que se debía hacer (muy probablemente sin consultar al sindicato)  pues solo por esa razón ya los empleados no la reciben.

Muchas empresas hacen estos pagos de forma intermitente, ya que si lo hacen de forma continuada pierden la condición de ¨perfeccionamiento empresarial¨

Con frecuencia estos incumplimientos no se deben a los trabajadores si no a la mala gestión de la gerencia, a otras empresas o a mecanismos burocratizados. Pero los trabajadores pagan las consecuencias.

Si bien a los directivos les conviene que todo marche bien, no les preocupa tanto pues muchos no viven de esos pocos CUC o MN si no, como muchos empleados, de la galopante corrupción.

No es raro que en una empresa los trabajadores no cobren ¨estimulación¨, pero ese mismo mes se hagan compras de celulares para uso de los directivos de más de 300 cuc cada smartphone. Los equipos tienen una vida útil estimada de 2 años antes de ser cambiados y por supuesto terminar en las manos de sus parejas o de sus hijos…Todo está pensado.

El gobierno conscientemente ha intentado reanimar la función de los sindicatos poniendo en sus manos el empuje para la aplicación de las nuevas leyes salariales, que deben aumentar la remuneración en sectores que reciben inversiones de capital extranjero.

La prensa en general y especialmente el periódico Trabajadores han reflejado estos procesos.

Cuando se hace el llamado al debate sobre la Conceptualización de Modelo ¨con amplios sectores de la población¨ se puede entender que los sindicatos tiene un rol importante en su discusión y divulgación.

El surgimiento de un sector privado, probablemente traiga un futuro en el que los trabajadores estén más vulnerables ante los abusos laborales, por lo que necesitaremos de verdaderos sindicatos.

Que diferente hubiera sido el 115 aniversario, o al menos su reflejo en los medios, si los sindicalistas y periodistas hubiesen hablado, y ciertamente sin faltar a la verdad, de  la implementación de las leyes salariales, de la participación en la Conceptualización, de la elaboración de estrategias para proteger al sector cuentapropista o la adopción del rechazo a la discriminación como principio sindical. Todas labores recientes que los sindicatos han realizado y en la que esos mismos dirigentes y periodistas han participado.

Pero simplemente no logran articular ese discurso. Para hacerlo, en sus mentes hay más cabos sueltos que atados.

Tal vez los dirigentes dijeron más cosas y no lo pusieron, tal vez el periodista no estaba ¨pa eso¨ o esta tan acostumbrado a la censura que ha perdido la creatividad y hasta el sentido común.  Tal vez, en el fondo, ni siquiera ninguno crea en lo que está diciendo.

Yo aspiro, no sé si con un exceso de entusiasmo,  que los sindicatos en Cuba sean algún día no solo más de lo que fueron antes de la Revolución, si no más de lo que han sido después y de lo que son ahora.

Porque si no, el capitalismo habrá matado a Aracelio.

Pero lo de enterrarlo lo estamos haciendo nosotros.