Recuperación de palabras mal versadas

PalabrasPor Javier Gómez Sánchez (javiergosanchez09@gmail.com)

Las palabras no hacen el amor

 Hacen la usencia.

 Si digo agua

 ¿Beberé?

 Si digo pan

 ¿Comeré?

Alejandra Pizarnik

En esta noche, en este mundo.

Las palabras pueden ser robadas de la misma manera en que pueden ser abandonadas. Hoy vamos poco a poco recuperando términos que la sociedad cubana en el proceso de la Revolución  había dejado de utilizar.

Conceptos que se habían distorsionado con el tiempo y de los cuales los enemigos de una realidad mejor para Cuba en un bando y otro se fueron apropiando. Palabras que unos usaron para acusar y otros para maldecir.

Unas distorsionadas por el hábito del mal uso y relacionadas más con el  insulto que con su sentido verdadero. Otras olvidadas por el poco ejercicio o hundidas en aberraciones.  Algunas incluso nuevas que desde el inicio cayeron en el otro bando.

Tal es el caso de gobierno, término universal que se convirtió en uso exclusivo de los contrarrevolucionarios. Utilizarla se hizo sinónimo de no simpatizar con la Revolución, los revolucionarios usaban el término estado para referirse a lo mismo. Hoy la estamos recuperando como parte de la necesidad de una mayor y verdadera institucionalidad. Se comienzan a usar ambas correctamente para separar la estructura administrativa del país de las personas que la manejan.

Otro caso es democracia, un término que nunca debió haber dejado de estar en nuestras bocas y en nuestro pensamiento, y que sin embargo llegó a ser una palabra incómoda. Lo mismo que libertad, derechos humanos, constitución, elecciones.

Todas ellas tienen que formar parte del lenguaje natural de un revolucionario.

Conceptos completos llegaron a ser satanizados como la libertad de expresión en la misma medida en que su ejercicio es todavía complicado. Lamentablemente la libertad de expresión en un país se acostumbra a medir en exclusiva por la posibilidad de hablar mal del gobierno. Más allá de esta visión incompleta y reducida, aquí tomamos la costumbre de considerar como malo que alguien calificara a las autoridades negativamente. Poco a poco los dirigentes cubanos se van dando cuenta que la única manera decente de impedir que hablen mal de ellos y su gobierno es funcionando bien.

Admito lo sencillo que es escribir ¨funcionar bien¨ sentado cómodamente frente a la PC…pero alguien tiene que hacer la parte fácil.

Una de las palabras que más tristemente extraviamos y comenzamos a recuperar es ciudadano. Recuerdo al profesor Jorge Luis Acanda, eminente ensayista cubano, decir en una entrevista: ¨La Revolución perdió algo muy grande cuando compañero y ciudadano comenzaron a usarse por separado¨

Eso nos recuerda que también hay palabras que debemos cuidar para no perderlas ni usarlas tampoco vanamente, y es que llegamos a decirle compañero simplemente a cualquiera y no como debe ser: llamar así a los que van a nuestro lado compartiendo su suerte y sentimiento con nosotros.

Con tiempos nuevos llegan nuevas palabras. Pero algunas vienen ya traídas por la manipulación.

Desde años y aún hoy los que se dedican al mundo de las artes y la gestión cultural  intentan echar adelante algún proyecto propio, que con frecuencia tiene poco o ningún apoyo institucional. A veces por la imperiosidad y la espontaneidad necesaria en todo creador de no esperar por estructuras burocráticas. Otras por gozar de la libertad de la independencia. Y precisamente así se consideraban: independientes.

Pero estaban los que venían intencionadamente y les llamaban alternativos. Y uno mismo, el etiquetado,  se preguntaba ¿Pero alternativo a qué? Si yo no descalifico lo que se hace con apoyo del Estado. Pero ya los etiquetadores andaban conjugando para hablar de la alternatividad en Cuba. Y si la conjugación no existe hasta se la inventan.

Es un ejemplo de como en la guerra psicológica las palabras se usan para envolver a la gente.

Hoy quieren hacer lo mismo con emprendedores para referirse a los cuentapropistas.

En un discurso socialista maduro hemos llegado a ver al cuentapropista como alguien que se vale por sí mismo, presta un servicio a la sociedad, y aporta impuestos.

Pero no íbamos a exigirle a Obama que utilizara un término que en su idioma no se usa y tal vez ni exista. Porque lo de cuentapropista nos lo inventamos en Cuba para huirle a pronunciar privado.

Además de que debe ser hasta fonéticamente difícil pronunciarla para un angloparlante y que conste que tampoco considero que Barack Obama vaya por ahí diciendo palabras ¨inocentemente¨.

Me refiero al uso posterior y malsano que por supuesto tiene toda una intención política.

Si en Cuba existen emprendedores es porque se han creado las condiciones, incipientes e insuficientes es cierto, pero que existen para que cientos de miles de personas puedan emprender una actividad propia para su beneficio y el de su familia. Fueron producto de la evolución y la racionalidad de un sistema socialista y no del Espíritu Santo.

Además de que empobrecen el término reduciéndolo solamente a lo económico. Carlos Manuel de Céspedes era un tipo de lo más emprendedor. Mella lo era. La Generación del Centenario lo fue también. Habría que mencionar a Matías Pérez, al Andarín Carvajal…No sé si cometo un sacrilegio al ponerlos en el mismo párrafo. Todas sus obras fueron fruto del esfuerzo y la voluntad. Así se convirtieron en referentes.

Para crear un proyecto como La Joven Cuba y mantenerlo hay que ser tremendamente emprendedor.

Pero algo que permite una mayor manipulación de las palabras es que a la vez que alguna es utilizada por el enemigo nunca aparece en el vocabulario de los medios de comunicación. Como para regalársela mejor.

Entonces hay que hablar de emprendedores, autónomos, cuentapropistas, micro, pequeña y mediana empresa, PYMES, etc, etc.

Que la gente las lea en el Granma, en Juventud Rebelde, en Cubadebate, en el Noticiero, en la Mesa Redonda.

A ver si no nos dejamos quitar una palabrita más.

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