Los condenados de la izquierda


condenados_izquierdaPor: Harold Cárdenas Lema

La Revolución cubana no sobrevivirá sin nuevos consensos. Aún así, la fórmula actual de qué es un revolucionario y el papel que le toca en la sociedad, es tan caricaturesca y políticamente correcta que no resulta atractiva, no genera empatía. Entonces los revolucionarios en la sociedad siguen esperando en el banquillo que alguien recuerde que son ellos los protagonistas y no actores contemplativos. Los condenados de la izquierda somos los que sufrimos las victorias del dogma y la inercia sobre el sentido común, y duele.

Vemos la Revolución diluirse entre los dedos sin que nos dejen hacer más al respecto. Con el paso de los años se nos olvidó hacer política, generar consensos, replantearnos objetivos y cambiar. En algún momento perdimos la capacidad de transformarnos sin parecer revisionistas, ser atrevidos sin parecer peligrosos, soñar más allá de los planes de trabajo. Porque apoyar el proyecto nacional no es acudir a reuniones formales y salir a trabajar todos los días.

Estoy cansado de envidiar las lecciones de comunicación política que da Rafael Correa en Ecuador o la originalidad práctica de Podemos en España haciendo su programa político como un catálogo de ventas. Peor, ver a Obama darse gusto haciendo marketing político en nuestra isla.

Solíamos ser el país que desafiaba las reglas de lo acostumbrado y parió el líder más carismático del siglo XX, hoy nos vemos atrapados en reglas construidas por nosotros mismos. ¿De verdad alguien cree que ciñéndonos el camino actual salvaremos a la Revolución? A este paso, creyendo que solo con el plan gubernamental y las instituciones basta, lograremos que en unos años a nadie le importe. ¿Acaso nadie se da cuenta de que muchos ya no se sienten parte del proyecto?

Quizás estamos atrapados. Entre la agresividad estadounidense que no termina sino se vuelve más sutil, y la lealtad a la generación del centenario que no puede escapar a las trampas de la edad y los daños del tiempo. El punto es que el proyecto socialista lo tiene difícil. Hasta ahora predominan más los intentos desesperados por legitimar lo que funcionó una vez y hoy no es más que dogma, que iniciativas enfocadas a canalizar las reservas de pensamiento nacional.

Estamos condenados también a sufrir los graves problemas de liderazgo actual. Hay una trampa en la política de cuadros, un chantaje con forma de sistema que por lo general depura a los elementos más revolucionarios que surgen de las universidades y organizaciones juveniles. Los sustituye por otros que respeten el status quo, el mismo esquema que ha fracasado en preservar un liderazgo joven desde hace dos generaciones. Por suerte esto tiene excepciones, pero unos pocos cuadros buenos no hacen un país, ni es necesario que así sea cuando todo el aparato político está en nuestras manos.

Los condenados de la izquierda no se ven reflejados en los medios actuales, que solo plantean realidades que van desde la apología y los eufemismos minimizadores de problemas, hasta otros que escriben desde el dolor y el resentimiento con poco interés por lograr un modelo de justicia social equitativa: una democracia socialista.

No sé cuánto tiempo seguiremos condenados a estar marginados de una construcción que solo se permite desde el discurso edulcorado y una semántica discursiva que no sólo dejó de funcionar con el pueblo sino que es objeto de burla en programas televisivos. Espero que cuando salgamos del ostracismo no tengamos una condena peor y ya sea demasiado tarde. Demasiadas tragedias ha vivido la izquierda en el último siglo. Hoy empiezo a contar los días y meses a ver cuánto tiempo nos queda en esta condena innecesaria, ya le diré a mis hijos algún día.

Para contactar al autor: haroldcardenaslema@gmail.com