El nacimiento de un tecnócrata


TecnócrataPor Javier Gómez Sánchez (javiergosanchez09@gmail.com)

Para Héctor Zumbado*

Durante más de 100 años el aspecto y pensamiento del tipo de individuo que ejerce la dirigencia en Cuba ha variado de diversas maneras.

Los uniformes llenos de condecoraciones y entorchados militares de los gobernadores españoles dejaron lugar en la República al elegante traje de tres piezas de quién había colgado su uniforme de oficial mambí.

Con el tiempo soltó el sombrero y el bastón para de vez en cuando cambiar el traje por una guayabera que incluso se remangaba en algún mitin de su partido.

La Revolución trajo la ruptura con la clásica imagen del político republicano. Los cubanos conocieron un tipo de dirigente distinto, de barba, uniforme verde olivo, botas que no dudaba en enfangar, sudado y con la camisa entreabierta. La imagen icónica del guerrillero.

Con el tiempo algunos siguieron de verde olivo.

 Otros con sobrias camisas de trabajo en cuyos bolsillos nunca faltaban papeles doblados y un par de bolígrafos. Un reloj ruso de pulsera completaba el panorama.

Los años pasaron y la guayabera volvió para alguna ocasión protocolar, las grises y toscas camisas se cambiaron por estampados a cuadros y las botas cañeras por unos mocasines. Con suerte y algún viajecito, asomaban en el bolsillo unas gafas de lágrima. Incluso un portafolio ¨de película americana¨ pero sin dinero dentro, un detalle que varios intentaron corregir.

Durante todo ese tiempo se movió cerca de él un personaje que ha estado en cada momento de la civilización. Desde su época de escriba en el Antiguo Egipto, copista en la Edad Media, relator en la conquista de América, el burócrata miraba evolucionar al dirigente con la misma expresión de las estatuas de la Isla de Pascua.

Pero aquí no vamos a hablar del  burócrata.

Puede que por cosas del destino un burócrata se convirtió en dirigente o un dirigente en burócrata. La cuestión es que en algún momento vio la luz una criatura nueva.

El tecnócrata.

El tecnócrata es un tipo que tiene características propias que lo hacen ser producto de un estado avanzado de la sociedad. Casi superior.

Idealmente pasó su adolescencia en la Lenin o en alguna otra IPVCE donde aprendió la importancia de pertenecer a cierta élite. Estudió en la universidad una carrera técnica con excelentes notas. Es un animal eminentemente urbano y capitalino no importa donde haya nacido. Con frecuencia tiene un pasado militar pero luego se dio cuenta que eso no era lo suyo.

El tecnócrata es un tipo eficiente, trabajador, dedicado y hogareño. Viaja con frecuencia y a veces hasta habla inglés. Es una persona segura porque sabe que él se ocupa de las cosas importantes. Las que hacen que un país funcione. Es cierto que la gente siempre se queja de que no funciona bien, pero es que la gente es muy exigente.

Algunas veces el tecnócrata tiene que dar explicaciones. Molesto, soberbio, tiene que explicarle a la gente porque falta esto o lo otro. Y la gente que no entiende y él desde allá arriba hablando de la cadena puerto -transporte- economía interna. El tecnócrata pasa por esto solo de vez en cuando, aunque con cierto disfrute de conocer las claves que ellos ignoran. Pero a la gente no se le puede explicar mucho porque se vuelven más exigentes y hasta cuestionan.

El tecnócrata aparece sin problemas en la televisión y aunque puede estar nervioso en su primera Mesa Redonda, luego se relaja. Le huye a la prensa escrita que lo ha metido un par de veces en candela, sobre todo con las cartas de los lectores y no se siente tan cómodo con los reportajes del NTV. Porque ahí, tu sabes… ponen imágenes, el periodista habla en off, no hay tiempo para envolver con la muela…vaya, es peligroso.

El tecnócrata se relaciona sin problema alguno con extranjeros. Es parte de su trabajo y una ventaja sobre los demás.

Hay que decir que al tecnócrata le molesta mucho el burócrata pues ve la burocracia como un obstáculo para el buen funcionamiento de las cosas.  Tampoco le es simpático el partidista, ese tipo comunistoso que no entiende que aquí lo que hay que hacer es…bueno, las tantas cosas que hay que hacer que él sí entiende.

Los intelectuales lo ponen un poquito incómodo pues ellos saben de cosas de las que él no sabe. Pero le reconforta saber que ellos no saben de lo que de verdad hay que saber, que es de lo que él sí sabe. (El tecnócrata domina este trabalenguas a la perfección)

Nunca ha conocido a un político, aunque sí…una vez le presentaron a un alcalde español, que a su vez le presentó a un empresario también español, ese mismo que le ofreció…ejem.

Al tecnócrata, no podía ser de otro modo, le encanta la tecnología. Es un gran impulsor de la innovación. No le molesta mucho la libertad, no por humanismo, sino porque eso de estar cayéndole detrás a la gente le quita tiempo a las cosas importantes.

En definitiva sus hijos muchas veces viven fuera y no quieren ni saber de esto. Eso entristece un poco al tecnócrata. ¿Pero qué va a hacer? La vida es así. La culpa la tuvo él mismo por conseguirle las becas en el extranjero.

El tecnócrata detesta la trasparencia y le molesta enormemente que se la exijan. Es débil ante la corrupción pero intenta saber bañarse y guardar la ropa.

Se siente lamentablemente atado por el socialismo, ese sistema donde todo es tan difícil. Aunque hay otros que están peor, pues se enteró que el alcalde español ya no está en el cargo porque perdió las elecciones, parece que por algo que se destapó con el empresario aquel. Uff, menos mal que aquí no hay elecciones.  Se imaginan lo que sería preocuparse por eso.

Esto el tecnócrata no lo dice, solo lo piensa.

A veces el tecnócrata avanza, diseña, ejecuta en pos de la eficiencia, de la rentabilidad, de recuperar la inversión, tanto, tanto, que hay que traerlo de nuevo al terreno del socialismo pues ya andaba trotando alegremente por el jardín del capitalismo.

Porque por suerte a veces, junto a él, hay un tipo que tiene suficiente de tecnócrata como para entenderlo, pero también de partidista, con algo de intelectual y hasta de político.

En un mundo donde unos dicen que la guerra es algo demasiado serio para dejársela a los militares y otros que la política es demasiado importante para dejársela a los políticos, puede ser preocupante que en el ping pong de la dirigencia, la pelota ruede impulsada por los tiempos, hasta los pies del tecnócrata.

Porque lo que si es cierto es que la vida es demasiado compleja como para dejarla despreocupadamente en las manos de un tecnócrata.

(*) Este texto lo escribí el 3 de junio. Al terminarlo puse la dedicatoria a Héctor Zumbado, el insigne humorista cubano, tan popular por sus escritos en los 60, 70 y 80. Su obra fue un retrato de los cubanos de aquellos y de todos los tiempos. Para escribirlo tomé prestado su estilo, que me ha influenciado siempre, con toda intención. Nunca imaginé que cinco días después, el 8 de junio, abriría el periódico para leer la noticia de que Zumbado había fallecido. Debe estar en el cielo, muerto de risa. A quienes lo leímos, nos hizo felices.