Asambleas de rendición de cuentas

a-mano-alzadaPor: Rafael Ángel Salazar Martínez, profesor e investigador del Centro Universitario Municipal de Mayarí

A veces me pregunto por qué nunca, que yo recuerde, ha sido trasmitida por la televisión cubana una asamblea de rendición de cuentas del delegado a sus electores, si es que en nuestro modelo de democracia participativa, ellas constituyen, qué duda cabe, el eslabón fundamental.

Se deberá, prosigo con mi auto-interrogatorio, a que han dejado de ser, o no siempre fueron, realmente tan participativas, acaso tan democráticas.

Se deberá, tal vez, a que durante los años que llevo asistiendo al proceso que se desarrolla por estos días en todo el país, son las mismas personas (muchas menos de las que a diario me cruzo en el barrio) las que acuden a escuchar al delegado que semestralmente nos convoca para darnos cuenta de su gestión (esa para la cual lo elegimos), a través de un discurso casi siempre triunfalista, lleno de lugares comunes, por momentos estridente, en cuyo contenido es posible encontrar más asuntos pendientes que problemas resueltos, propio de un cargo (no quisiera verme en su lugar) que cuenta con todas las garantías y el respaldo constitucional para su ejercicio, pero ningún recurso, a no ser el humano, que le permita emprender un proyecto de transformación comunitaria con el que podamos sentirnos identificados, del que podamos participar y, eventualmente, beneficiarnos también.

Se deberá, quién sabe, a que cuando ese delegado termina ya de leer su discurso y comienza el momento del debate, se hace un silencio de sepulcro, que cuesta trabajo romper (parece como si existiera un acuerdo tácito entre todos los allí presentes para dar por terminada la reunión), hasta que alguien se decide, con la mano en alto y haciendo peligrar el horario de la telenovela, a realizar un planteamiento que se parece mucho al del año pasado, incluso al del anterior, y que, para variar, recibe una respuesta igual de inoperante a la del año pasado, e incluso a la del anterior.

Se deberá, probablemente, a que en cada nuevo proceso la cifra de representantes institucionales que deben darle la cara al pueblo en tales espacios, resulta visiblemente superior a la de los electores en ellos presentes: un aumento que no resulta (ni que decirlo) directamente proporcional a la solución de los problemas planteados, ni redunda en la calidad de las respuestas, cuando no justificaciones, ofrecidas por aquellos a las demandas formuladas por la población.

Puede que alguna de las anteriores, o todas juntas, junto a otras más, sean razones para que la televisión cubana, acostumbrada a ofrecernos una imagen “sinflictivista” de nuestro sistema político, no considere a las asambleas de rendición de cuenta (salvo para informar sobre su realización mediante algún que otro “flashazo” de una asamblea casi siempre piloto) acontecimientos televisables, tanto o más que las sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Si algún día nuestro gobierno se molestara en preguntarme cuál de los espacios habilitados para el ejercicio de nuestra democracia participativa necesitan urgentemente perfeccionarse, ya conocen ustedes, por el contenido de este post, el que mencionaría en primer lugar.