¿Puede Estados Unidos prescindir de la contrarrevolución?


DineroPor Javier Gómez Sánchez (javiergosanchez09@gmail.com)

   En estos días muchos integrantes de la izquierda cubana, lúcidos sin duda, afirman que el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos implica también un cambio en las relaciones entre la contrarrevolución cubana y el gobierno norteamericano. Que la Casa Blanca va dejando a un lado a los disidentes tradicionales, a la mafia de Miami, apostando más por influir sobre una comunidad de intelectuales, para crear y potenciar nuevos factores que le faciliten hacerse con sus objetivos.

Pienso que hay mucho de ilusión en eso o al menos de una desafortunada interpretación. No existe tal sustitución, solamente una adición al arsenal estadounidense de una herramienta nueva, que si bien hace que la otra sea momentáneamente puesta en la caja, no significa que prescinda de ella. Estados Unidos combinará su vieja arma con la nueva pasándola de una mano a la otra. Nunca soltándola. Podrá intentar crear una nueva contrarrevolución, pero no abandonará el uso de la vieja, ni dejará de tener planes para ella.

El gobierno de los Estados Unidos no creó a la contrarrevolución cubana. La existencia de sectores en la población retrógrados, reaccionarios y conservadores es tan antigua como la de ideas avanzadas. La resistencia a estas ideas ha sido siempre proporcional a los privilegios perdidos o en peligro de un grupo social ante el avance de otra parte de esa sociedad. Así pensaban los esclavistas criollos del siglo XIX, así actuaron los oficiales del Ejército Libertador comprados por los neocolonialistas y así funcionó la oligarquía y parte de la clase media cubana ante la Revolución. Lo que sí es fruto de los norteamericanos es la organización, financiamiento y utilización de esas fuerzas de derecha en la sociedad cubana dentro o fuera de la isla.

Ser cubano no significa de por si amar a Cuba, ni compartir el mejor proyecto de país para ella por encima de los intereses de clase. No hay que olvidar que durante nuestras Guerras de Independencia llegó a haber una fuerza paramilitar al servicio de España, el Cuerpo de Voluntarios, con más de 50 mil integrantes. Eran tan nacidos en Cuba como los que luchaban del otro bando pero no se sentían igual de cubanos. Años más tarde mientras unos 2 mil peleaban y caían por la Republica Española, crecían en la isla las filas del Partido Nazi Cubano. Todavía en alguna casa se puede ver en la sala un indio de yeso con un penacho de plumas ¨que era de la abuelita¨. Habitualmente los descendientes creen que ¨El Indio¨ era un ornamento meramente decorativo y no una muestra de simpatía entre algunas clases bajas hacia Fulgencio Batista. La misma imagen del cacique la lucían los aviones B 26 que bombardeaban la Sierra Maestra. Si bien la mayor parte de la oligarquía y la clase media cubana detestaban a Batista por su origen y la brutalidad de sus fuerzas, respondían a caudillos mucho más poderosos: el capital y el bienestar.

La Revolución Cubana fue inédita incluso en el comportamiento de sus enemigos, nunca más la derecha latinoamericana huiría tras la falda del imperialismo.

Cuando decimos contrarrevolución no solo hablamos de los disidentes, que solo son una fracción de ella y ni de sus nuevas versiones 2.0, sino también de la estructura mediática miamense, en la radio, la televisión y la prensa del sur de la Florida donde viven más de 1 millón de cubanos. Puede que en su acercamiento con la sociedad de la isla, que implica algún contacto con el gobierno nacional, los gobiernos norteamericanos disgusten a una derecha floridana conservadora y recalcitrante. Lo cual no es nuevo, odiaron a la Casa Blanca por haberlos embarcado en Playa Girón y por lanzar invasiones más rentables a Granada, Panamá e Irak, en vez de devolverles a Cuba. Así que es de esperarse que igualmente les molesten los cruceros y las inversiones.

Fue evidente la venenosa campaña que se hizo en torno a recientes acontecimientos en la agenda del acercamiento, como el desfile de modas de Chanel o el rodaje del filme Rápido y Furioso con sus cierres de calle (No así en cuanto al bochornoso show del crucero Adonia cuyo justo rechazo surgió de la sensibilidad patriótica del patio). Encaminada con toda intención a crear un malestar entre la intelectualidad y la juventud sensible de Cuba respecto a estos eventos, logró que muchos se indignaran. Llevados por su instinto de defensa de los derechos colectivos; aunque con una extraña reacción selectiva pues no es la primera vez que los espacios públicos son usados para eventos privativos o se hacen molestísimas interrupciones del transporte, no ya en Centro Habana sino en toda la ciudad; cayeron en la trampa, aguijoneados por lo que les contaron. Entre ellos algunos intelectuales destacados.

Tanto el desfile como el rodaje terminaron siendo un ejemplo de como la agenda del gobierno de Washington puede ir por un lado y la de Miami por otro.

Pero hay un círculo vicioso entre el aprovechamiento de Miami por republicanos y demócratas y a su vez el apoyo a ambos partidos por las fuerzas mediáticas y políticas de Miami. Si bien el capital mexicano ha desplazado buena parte del control cubano sobre la televisión de habla hispana en los Estados Unidos, la derecha miamense sigue siendo clave para la creación de un estado de opinión en la mente de cientos de miles de cubanos residentes ahí. Cubanos que no son más que los primos y tíos, padres e hijos que nos visitan cada año, incluso más de una vez. Escriben en nuestro muro de Facebook. Con los que hablamos por IMO y nos vamos a Varadero.

Estados Unidos no tiene por ahora una forma más directa y difícilmente más íntima de influenciar en los cubanos de la isla que haciéndolo sobre sus parientes en el extranjero.

Los disidentes tradicionales, disminuidos en estima tal vez, seguirán teniendo sus tareas, porque simplemente hay dinero para pagarles a ellos también. Si acaso un poco menos, pero los 20 millones conocidos que aprueba el Congreso solo se redistribuirán. Al menos la parte que llega a la isla, la otra seguirá quedándose en Miami. Tampoco se descarta que el día de mañana se destape un Irán-Contras destinado a financiar a la contrarrevolución en Cuba.

Se crearán nuevos canales de influencia pero los viejos seguirán funcionando. Un contenido puesto en el paquete puede perderse en el marasmo de los terabytes, un familiar no.

En los nuevos espacios que se abrirán necesaria e indeteniblemente en la sociedad civil cubana así como en el ejercicio democrático, esas influencias jugaran un papel.

Siempre han estado ahí. Y seguirán estando.

Nosotros también.