La oportunidad de Cuba

CubaPor: Guillermo L. Andrés Alpízar

No por esperada la noticia resultó menos grata: el presidente de los Estados Unidos previo a su viaje a Cuba aprobó el cuarto paquete de medidas para flexibilizar algunos aspectos del bloqueo, entre ellos el uso del dólar en las transacciones internacionales de la isla y los viajes de ciudadanos de ese país.

Con el arribo de Obama a La Habana el pasado 20 de marzo, parece que se inicia una nueva etapa en las relaciones bilaterales entre ambos países. Por el momento lo pasos dados por la administración demócrata han sido suficientes para que se note cierto impacto sobre la economía nacional, con algunos resultado ostensibles y otros más sutiles, pero no menos importantes. Por ejemplo, Europa se ha precipitado a derogar su “posición común”, y Cuba se ha colocado en los apetitos viajeros de muchas personas en todo el orbe, especialmente en Estados Unidos.

Todo eso se refleja de una forma u otra en los resultados económicos de la nación.

Las cifras de viajes internacionales al país hablan por sí solas. El pasado año, el turismo recibido por la isla rompió un récord en cantidad de arribos, alcanzando los 3,5 millones de turistas. A inicios de marzo de 2016 se había alcanzado el primer millón de visitas, once días antes que el año anterior.

Pero los buenos resultados no solo se restringen a ese sector. Por ejemplo, el volumen de remesas internacionales recibidas sigue creciendo y la condonación de una parte importante de la deuda externa del país, por parte de Rusia, México y el Club de París también oxigena las finanzas de la nación.

La apertura del sector privado, o por cuenta propia, contribuye a dinamizar las relaciones a lo interno de la economía, a la par de que se va convirtiendo en una fuente de ingresos importante para las familias cubanas. El salario medio, aunque insuficiente, se va elevando continuamente.

La combinación de estos factores, junto a otros, explica el 4% de crecimiento experimentado durante 2015, el cual rompió la tendencia a la desaceleración presente desde 2012. Subsisten muchos problemas en la economía, es cierto, pero resulta evidente que su solución es más factible en un escenario de expansión que en uno de recesión.

En contraste con el desempeño de la economía cubana, América Latina se enfrenta a una situación difícil.

Una breve mirada a las estadísticas revela las complejidades del asunto. Según el más reciente Balance Preliminar presentado por la CEPAL, en 2015 la economía regional se contrajo un 0,4%, mientras que el PIB por habitante lo hizo un 1,5%, siendo los países más golpeados Venezuela, Brasil y Ecuador. El desempleo creció hasta ubicarse en 6,6% y se incrementó el déficit fiscal.

En materia de comercio, los últimos años se ha experimentado un deterioro de los términos de intercambio, lo cual no ayuda a resolver el déficit en la balanza de bienes y servicios. Los 14 países que informaron la evolución de las remesas (Cuba no se encuentra entre ellos) mostraron una reducción de los flujos recibidos por este concepto.

La inversión extranjera recibida cayó un 16% y en sentido contrario, la deuda externa regional muestra una tendencia al incremento, a pesar de los esfuerzos realizados durante los últimos años para garantizar su sostenibilidad.

Los pronósticos para 2016 no prevén un cambio en dichas circunstancias. La CEPAL, pronostica un crecimiento de solo el 0,2%; mientras que el FMI en la actualización de enero de sus Perspectivas Económicas Mundiales se muestra un poco más pesimista, con la proyección de una caída del 0,3%. Todo esto, además, en medio de agudas crisis políticas en varios países del área.

Este desempeño latinoamericano se aleja a los magníficos resultados experimentados por la región durante el “boom de las commodities”, donde se produjo un auge exportador con mejoría ostensible en los términos de intercambio. Dichos resultados, a su vez estuvieron reflejados en elevadas tasas de crecimiento económico. Por ejemplo, el PIB del área se incrementó más del 6% en 2010 y un 4,7% el año siguiente, las reservas internacionales experimentaron una significativa expansión y la inversión extranjera directa recibida superó los 145 mil millones de dólares entre 2011 y 2013. En dicho contexto, las políticas implementadas permitieron una reducción sustancial del desempleo y la pobreza.

La experiencia reciente de América Latina, primero resultados envidiables, y ahora enfrentando duras circunstancias, se debe extraer una enseñanza, pues la economía es cíclica y se trata no solo de disfrutar las coyunturas ventajosas, sino aprovecharlas para invertir en el futuro. Mientras esperamos que la región se recupere, debemos reconocer que Cuba goza de un incremento impensado en sus indicadores económicos.

El desafío para la isla reside en extraer un beneficio del momento, con la mirada puesta en el largo plazo, en el desarrollo nacional.

El balón se ha puesto en la cancha de la política pública, en la capacidad de identificar y actuar sobre las áreas estratégicas que puedan ser el pivote del cambio estructural que requiere la economía.

Dicen que en las filosofías asiáticas la palabra crisis se asocia con oportunidad. Luego de una crisis continuada de más de veinticinco años –con sus altas y sus bajas-, quizás tenemos delante la posibilidad para impulsar la economía de forma decisiva.

Todo parece indicar que la oportunidad de Cuba ha llegado.