La permanencia de la gotera


goterasPor: José Alemán Mesa

Este es un país asediado… (Principio de la muela). No damos lo que nos sobra… (Ovación). Compartimos lo que tenemos (Fin de la muela). Y no es que tenga una carie en la mente, es que no siempre el remedio está en poner la misma curita. La permanencia de la gotera desafía cualquier parche. Ojalá no solo se cambiase el discurso, sino el curso de las cosas mal hechas.

Hace días un amigo, seguro de que llevo el Periodismo en la sangre, atrajo mi atención para confesarme una inquietud entremezclada con la comicidad.

El cincuentenario vecino se aquejaba de la ausencia prolongada de especialistas de la medicina en su consultorio, al cual no hago referencia pues a decir verdad “este fenómeno es ya bastante atmosférico”. El vecino Guillermo lo llamó así, pues dice que además de la intensidad que ha adquirido la inquietud en la sociedad cubana, su solución ha ido a parar a otras geografías.

Pero usted se preguntará qué de satírico tenía aquella conversación. Además de su arqueo con las debacles del tiempo, agregaba que por nuestros propios medios de comunicación se muestran a los especialistas (antillanos y antimontañosos dentro de Cuba) brincando charcos con botas de gomas o en rústicas canoas, expuestos a cualquier reacción desconocida, y sin embargo, cuando dentro de la Isla les sobrevienen estas vicisitudes cuesta mucho evitar su resistencia.

Aún cuando el Programa del Médico de la Familia se busca rescatar actualmente con nuevas dimensiones y estrategias, estas reacciones objetivas se dan por la constante inestabilidad en los servicios, los horarios, la ausencia de personal calificado y el trato con los pacientes. De esta forma un programa tan exitoso desde 1985 demuestra que lo pasado siempre fue mejor.

Alega Guillermo que en sus inicios los médicos laboraban cerca de los pacientes, y los conocían, estando a la mano –como se dice de forma popular- para cualquier contingencia del vecino. Sin embargo, sólo las paredes del consultorio al que asiste a menudo recuerdan que él vive allí. Hoy es prioridad rescatar los conceptos fundacionales, si se quiere, y reitero, cambiar el curso de las cosas mal hecha.

Le explicaba a este ciudadano que nuestros médicos no suelen ser de gabinetes, desde luego con la intención de bajarle “los humos” a sus argumentos, los que en ocasiones podían más que un empeño periodístico y desnudaban mis consideraciones.

Y sumiso a la profesión, le explicaba que los especialistas cubanos no se queda en el consultorio, van a las casas de los enfermos, se implican en los tratamientos, son afables y comunicativos. Pero, aunque no dudó de que existan ejemplos así, sus vivencias lo obligaban a disentir, disentir y volver a disentir. ¿Qué difícil convencer a alguien de algo que ni uno mismo lo está? Ojalá Guillermo no lea esto.

Le recalcaba que llama la atención que el aporte de esta pequeña Isla vaya a la par muchas veces con el de países más ricos, con más disponibilidad de recursos. Y como quien se evita una extracción molar, afiló sus caninos para morder mis palabras, para él palabras al fin.

Los números, ¿qué sería de la verdad si los números no existiesen? Pero el cubano se ha convertido en economista de sus problemas, a los que multiplica y suma. Casi por analogía presumí de decir al amigo ¿qué sería del mundo, de los cientos de miles de seres humanos que multiplican y suman sus ansias de salud sin los médicos cubanos? Y, aunque considero que debía titular este trabajo “El terco”, saben qué respondió: no olvides que lo tuyo primero.

Conoce usted –dije en acto seguido a lo anterior- que el despliegue de médicos cubanos en el exterior no es nada nuevo. Desde inicios de la década del 60 del siglo pasado, hasta la fecha ha permitido la prestación de servicios de más de 400 mil trabajadores sanitarios en 158 países, bajo el principio del internacionalismo y la solidaridad.

Además, actualmente la empresa Comercializadora de Servicios Médicos de Cuba, perteneciente al Ministerio de Salud Pública, se desempeña en más de 60 países, con la participación de alrededor de 50 mil médicos y otros profesionales de la Salud.

Quién sabe si el vecino aprehendió algo. Yo aprendí que la experiencia tiene respaldo en oro.

Al fin se acabó la historia de Guillermo. Ahora hablaré con usted, con quien lee este comentario, y si también es un o una Guillermo, no vocifere, busque desde su radio de acción cómo, e insisto hasta que lo logre, cambiar el curso de las cosas mal hecha. Recuerde que la panacea en este caso es cambiar aptitudes y actitudes para enfrentar la realidad por muy cruda que se nos presente.

Claro, no todo es negativo, pues los buenos ejemplos aún existen. En este sentido vale destacar el funcionamiento de otro grupo de consultorios de los conocidos como tradicionales que sí mantienen una imagen totalmente diferente, en buena medida gracias a la preocupación y gestión de su equipo de trabajo, de la familia, de toda la comunidad.

Ejemplos así deberían ser mayoría pero no basta sólo con querer, hace falta también un poco de intencionalidad a la hora de elegir las prioridades y garantizar salud y calidad de vida de la población. Estoy convencido que visto de ese modo el parche se alzará gallardo.