El Colimador y el dinosario

cropped-El-Colimador-BannerPor: Harold Cárdenas Lema

Cada cierto tiempo ocurre algo en las redes que nos despierta y recuerda que el dinosaurio sigue aquí entre nosotros. Cuando se lanzó la campaña -ya olvidada- por el cambio de mentalidad, muchos subestimamos la capacidad de superviviencia que tiene el dogma, su tenacidad en existir y su habilidad para disfrazarse bajo un discurso seudorrevolucionario. Entonces desaparece un blog valioso para el país como es El Colimador y recordamos a Monterroso. Hay que plantarle pelea al dinosaurio.

Estas líneas no las escribo por un compromiso personal con Ruslán Olivares porque nuestros caminos no se han cruzado lo suficiente para una amistad, pero la lucha por mantener su blog no es solo suya sino de muchos. Que le quieran imponer límites editoriales a su bitácora no es algo coyuntural sino otra batalla más de un fenómeno mayor en Cuba. Nuestra generación sigue buscando un espacio de participación social y política que no sea heredado sino en nuestros propios términos.

Esta capacidad de decidir cómo, dónde y por qué luchar, la tuvo la Generación del Centenario sin necesidad de pedirle permiso a nadie. ¿Vale entonces esperar que los jóvenes de ahora pidan permiso para ello?

En vez de socializar la libertad, de acoger el pensamiento y canalizarlo hacia lo útil, algunos optan por cortarle alas a lo que no cuadre con el esquema cerrado de lo políticamente correcto. Por suerte la plataforma Cubava no es la Revolución, mucho menos sus administradores y los errores que estos puedan cometer.

Lo usual cuando comienzan las presiones sobre alguna persona o se le va encima a un blog, es suponer que “por algo será”. Cuánta verguenza no darle el beneficio de la duda a la gente. Muy contradictorio resulta entonces el discurso político que se refiere a la confianza en la juventud cuando se hacen disparates así y no impera el sentido común sobre una medida que a menudo no es más que exceso de protagonismo de algún funcionario.

No sé si Ruslán ha publicado algo exagerado o cometió algún error, ni siquiera eso es lo importante. A nadie se le ocurrió sacar a Fidel del cargo cuando fracasó la Zafra de los Diez Millones, pero con mucha prontitud se presiona a un bloguero, un periodista o un joven que hace un comentario “fuerte” en un debate universitario.

Ruslán publicó su post diciendo que hasta aquí ha llegado y eso me aterra porque lo es una metáfora de cosas que pasan hoy en un contexto más que complejo. Cuando se defiende un blog como este no es solo por la necesidad básica de justicia sino porque la impunidad del hecho se convierte en precedente para su multiplicación. Y hay que salirle al paso.

Ojalá el Colimador no se detenga, porque de ser así por razones injustas y no tener nosotros capacidad para revertir esta situación, estaremos retrocediendo también como proyecto. Si ni siquiera podemos darle a los jóvenes un lugar donde luchar, un proyecto personal de participación que defender mientras la mayoría prefiere desconectar de la política, estamos perdidos. Si no sacamos al Colimador de esta posición, hasta aquí puede estar llegando no solo él sino nosotros también como proyecto de país mejor. Y habrá ganado el dinosaurio.