Sobre Obama, el Latino y otras cosas

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Por: Osmany Sánchez (jimmy@umcc.cu)  En Twitter: @JimmydeCuba

Era el 28 de marzo de 1999 y desde la beca salía una guagua para el estadio Latinoamericano. Algunos irían por primera vez a un terreno de pelota, otros ni siquiera sabían el ABC de ese deporte, pero habían sido elegidos y para allá iban contentos, alegres de estar viviendo un momento histórico cuando los Orioles de Baltimore se enfrentaran al equipo Cuba.

La visita de los Orioles alegró a la afición cubana, pero dejó el mal sabor de que muchos  fanáticos al beisbol no pudieran acudir al estadio y tuvieran que ver el juego por televisión. Aún hoy, 17 años después, esa herida no ha sanado y todavía se comenta y se critica la decisión de que la asistencia fuera por invitación. Dentro de unos días podemos ver la segunda parte de esa película.

No hay dudas de que Obama estará en el estadio Latinoamericano, y es muy probable  que lance la primera bola. Creo que Obama debe ser y será recibido con respeto, pero sin exageración, espero que no se convoque al pueblo para formar cadenas en las calles por ejemplo, vamos que no se trata de la visita de un amigo y en eso hay que estar claro.

El mayor éxito para Cuba será que Obama vea al pueblo cubano tal y como es. No es casual que el nuestro sea quizás el único país del mundo donde jamás se ha quemado una bandera norteamericana y razones no nos ha faltado en todos estos años, pero el nuestro es un pueblo respetuoso.

Si se llena el Latino de invitados –de elegidos- y estos aplauden cuando salga Obama al terreno, entonces dirán que fue algo ensayado. Si los elegidos no tienen muy claro de cómo actuar y ante la duda optan por una fría bienvenida –por si acaso- entonces dirán que fue una orientación del gobierno.

En 1999 dijeron que la asistencia en el Latino fue por invitación porque era un estímulo para trabajadores y estudiantes destacados. Ojalá ahora no lo vean así. En aquella oportunidad fue un error político hacerlo y creó mucho malestar. Ahora no se debe repetir.

Obama sentirá curiosidad por conocer a ese pueblo que ha resistido durante más de cincuenta años. Querrá caminar por sus calles, hablar con la gente, vivir y conocer Cuba. Si no lo permitimos entonces se irá con la imagen distorsionada que le darán sus empleados, también conocidos como disidentes.

De todas formas yo no asistiré, lo veré por televisión desde Matanzas, pero no pienso en mí, pienso en Cuba.