El debate sobre los salarios y la inserción internacional de Cuba (Primera parte)

 

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Por: Guillermo L. Andrés Alpízar

Estimados Roberto y Harold:

Con su interesante trabajo “¿Regalar profesionales bien formados?” han iniciado otro capítulo de un antiguo, pero esencial debate en torno a la política salarial cubana y a las formas de inserción de nuestro país en la economía mundial.

Les confieso, que si bien coincido plenamente con varios de sus planteamientos, hay otros que merecen un análisis más detallado. Por la complejidad e interés del tema, les escribo en tres partes.

En primer lugar la noticia de la intención de instalar maquilas en Cuba para desarrollar software con destino a los mercados de los países de América del Norte no es muy bien recibida por ustedes. Sin embargo, ¿se han puesto a pensar si negar el paso a las maquilas hubiera sido la opinión dominante en las economías asiáticas que iniciaron procesos de alto crecimiento, incluida China, apoyándose en ellas?

La maquila per se, no es mala. Con las adecuadas regulaciones, sirve para insertarse en cadenas productivas. Lo que resulta perjudicial para la economía es quedarse estancada como economía maquiladora, sin escalar en la intensidad tecnológica de los bienes y servicios que produce. La política industrial para incrementar paulatinamente el valor agregado es la clave para gestionar el éxito o el fracaso de ese proceso.

El caso concreto que nos ocupa, se refiere a oportunidades de negocio que permitirían colocar nuestra fuerza de trabajo calificada en un sector que aportaría como beneficio el salario pagado a los trabajadores, generando una exportación de servicios que contribuiría a paliar las negativas consecuencias de una balanza comercial de bienes deficitaria.

Adicionalmente, nuestros productores de software tendrían la posibilidad de llevar adelante procesos de aprendizaje, adquisición de know how, con sus consecuentes efectos favorables en el incremento de la productividad. La experiencia que se puede adquirir en el conocimiento de la dinámica internacional de una industria tan compleja también tendría un valor extraordinario con vistas a negocios futuros.

La pregunta en este caso para adoptar una política concreta sería ¿Qué opciones de empleo tenemos actualmente para los graduados de ciencias informáticas? Si es posible ubicar nuestros especialistas en actividades más productivas que “maquila” de software, pues renunciemos a ese negocio, pero si la opción es colocarlos en actividades donde estarán sub-empleados, pues bienvenida sea la oferta.

Valdría la pena reflexionar sobre las opciones que tiene el país para desarrollar por si solo toda una industria productora de software, absolutamente independiente de cualquier alianza empresarial, que sea competitiva en el mercado mundial. Esto no parece viable, al menos en el corto plazo.

Es por ello que a priori no podemos desconsiderar el incremento de las capacidades de producción de software domésticas a partir de una asociación con el capital extranjero. Esto implicaría, no obstante, una estrategia de largo plazo para “captar” paulatinamente un mayor nivel de las ganancias que se generen a lo largo de la cadena de valor, tal como muestran algunas experiencias exitosas en este ámbito.

Como ven, no se trata de “ponérselo difícil a los que quieren construir sus maquilas en Cuba” sino valorar hasta qué punto esto pudiera ser parte de nuestra estrategia de desarrollo, tomando en cuenta las ventajas y desventajas de una inserción internacional que puede empezar maquilando, con retribuciones modestas, y terminar aportando grandes beneficios para el país.

Mañana sigo comentando.

Afectuosamente,

Guillermo