La Universidad y sus murallas


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Por Laura Granados Samper

Cuentan los que escriben de Historia, que la Universidad de La Habana vio crecer su escalinata bajo el gobierno de Gerardo Machado (1925-1929).

Antes, el Alma Mater se erigía rodeada de un descampado. Tampoco había murallas. Para entonces la universidad quedaba relativamente lejos del centro de La Habana. Con el paso del tiempo, la ciudad creció hasta que se “tragó” a la Universidad.

Luego del triunfo de la Revolución las puertas de la Universidad se abrieron a más personas y llegó a sectores antes marginados por el sistema de educación.

Hoy la mayoría de las facultades han quedado por fuera de los muros, y las que están dentro, cuentan con edificaciones que no alcanzan en dimensiones para acoger a la cantidad de estudiantes que a diario habitan la institución.

La Colina se ha quedado pequeña aunque conserva todo el pasado de lucha estudiantil que hace merecer unos cinco añitos de ensardinamiento.

Pero esos no son los únicos muros que tiene la Universidad de La Habana.

El pasado 4 de noviembre se realizó en la Facultad de Filosofía, Historia y Sociología el post congreso de la FEU a nivel de facultad. La orientación era revisar los acuerdos tomados en el 8º Congreso Nacional de la FEU, evaluar su cumplimiento o no hasta la fecha, y elaborar nuevas propuestas para el desarrollo de la organización.

A pesar de que hubo propuestas y criterios muy enriquecedores no se logró el objetivo. Muchos acuerdos quedaron sin mirarse, otros fueron leídos y no debatidos…

Sin embargo hay dos detalles que marcaron mucho las discusiones.

En primer lugar había una necesidad muy grande de parte del estudiantado de base de cuestionar el funcionamiento de la dirección de la FEU de la facultad. La falta de diálogo, de socialización de la información y el no reconocimiento de los errores fueron los señalamientos que más se hicieron.

La otra cuestión fue el debate sobre la apatía estudiantil. En este punto también hubo participación incluso de algunos profesores que abogaban que la apatía entre los estudiantes no existe y que el funcionamiento de la dirección de la FEU es excelente.

Nada más lejos de los argumentos de los estudiantes que mostraban descontento con la FEU en general, una organización de la que no se sienten parte, en gran medida por la poca representatividad de sus intereses en los dirigentes.

Cabe rescatar que se buscaba más que destruir, encontrar soluciones.

Sin embargo creo que la mediocridad a la hora de asumir ciertas discusiones por parte de nuestros “líderes”, la incapacidad de ver críticamente el funcionamiento de la FEU, tratando de tapar el sol con un dedo, y la falta de compromiso y empoderamiento por parte de la mayoría de los estudiantes, son muros que de a poco van asfixiando la colina más que lo que la muralla de Machado pudo hacer.

En tiempos de dictaduras militares, de gobernadores de turno, de República entreguista, de represión a la orden del día, la Universidad de La Habana se minó de creación revolucionaria, de participación política y de compromiso. ¿Y hoy, en un contexto radicalmente distinto, vamos a dejar que nos quede grande?