Pasajes de la lucha no revolucionaria I

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Por: Guillermo Carmona Rodríguez (estudiante periodismo)

Coordinación ojos vista, inteligencia para el combate, posicionamiento son algunos requisitos para aquellos que practiquen la lucha. Sin embargo, no me refiero a la lucha olímpica, sino a las maromas que realiza el cubano para sobrellevar las escases económicas. Si se dice que en la guerra y en el amor todo se vale, ¿se entiende que la lucha se incluye en el primero de estos motivos?

Es preocupante la dicotomía entre las normas jurídicas y la ética que se manifiesta en el acto de la lucha en sí. No resulta raro que oigas por las calles calientes del archipiélago un “ese muchacho sí la lucha, hace tres días comenzó a trabajar en un hotel y ya abrió un negocio de venta de quesos” o “Resolví. Tengo una extensión de teléfono gracias a Juan Pérez que consigue los cables por la izquierda.”

Si retrocedemos en búsqueda de los comienzos del término y del hecho en sí nos remitiríamos a la caída del Campo Socialista de Europa de Este y la Rusia soviética. Estos hechos hacen que se tambalee la base económica nacional. El cubano para satisfacer sus necesidades flexibiliza sus apreciaciones jurídicas, en la búsqueda de alternativas para la sobrevivencia.

Hay una crisis de valores, donde se modifican las pautas morales heredadas de las décadas anteriores. Sin embargo la falta de una línea y una ideología unificadora a seguir permitió que cada cual según sus posibilidades y habilidades optara por diferentes caminos, el náufrago solo en la Isla.

En una cotidianidad donde las dádivas que proporcionaba el estado socialista no eran suficientes, se requerían métodos alternativos para equilibrar la economía personal y familiar. En los noventa, profesores de química hacían betún y ron barato en alambiques caseros. Sálvese aquel que poseía un video VCR y montaba una sala de cine para los niños del barrio o la señora muy dulce de la esquina vendía paleticas.

En la vigencia de esta situación y su transformación en una práctica usual y socialmente aceptada en amplios círculos intervienen: la brecha entre salario real y el salario nominal, en sí la diferencia entre los ingresos del sujeto y el precio de los bienes en las tiendas; la explosión de los negocios cuentapropistas y la no existencia de mercados al por mayor hacen que compita el sector privado con la población a la hora de conseguir ciertos productos; el abastecimiento deficiente en ocasiones de los locales del estado, donde están en falta artículos de alta demanda.

Estos son lugares comunes para una economía, primero en crisis y ahora en evolución. Sin embargo, la lucha ahonda las diferencias sociales, al modificar los ingresos del núcleo familiar. Esta tiene un carácter competitivo ya que se basa en oportunidades, contactos y pericias, y es la portera para cometer transgresiones mayores que la receptación, el acaparamiento o la apropiación indebida.