Las contradicciones del mercado agrícola en Cuba.

Por: Roberto G. Peralo (roberto.peralo@umcc.cu)

Uno de los problemas estratégicos a resolver en la economía cubana es el autoabastecimiento alimentario. La situación no es nueva, cuando se revisan las estadísticas de la década del 50 sobre las exportaciones e importaciones de alimentos, así como la inflación de los precios en el mercado interno, los datos no difieren mucho a los actuales.

Producto de las ineficiencias en el sector agropecuario, el Gobierno ha tenido que cubrir el déficit de alimentos con grandes volúmenes de importaciones. No por gusto en más de una ocasión ha clasificado este asunto como de Seguridad Nacional.

En el contexto de cambios del modelo económico el Estado viene adoptando un grupo de acciones para revertir esta situación. Entre estas medidas se encuentran: la entrega de tierras agrícolas ociosas bajo condiciones de usufructo a personas naturales; incremento de los precios de productos agrícolas y ganaderos; se experimentan nuevos mecanismos de comercialización agrícola, eliminando trabas burocráticas; y la simplificación de estructuras y funciones ministeriales, entre otras muchas medidas.

No obstante, los resultados obtenidos no han sido los esperados. Se aprecia inestabilidad en la producción de los principales alimentos de origen vegetal y animal, incumpliéndose sucesivamente los planes de producción. Además en algunos productos que han tenido incrementos productivos no se ha reflejado en la estabilidad de sus precios.

En los últimos tiempo, los medios de comunicación estatal y algunos alternativos viene señalando como los responsables de la inflación de los precios de los alimentos a los comerciantes e intermediarios. En el discurso de algunos funcionarios del Gobierno también existe la tendencia a satanizar esta actividad económica.

La intermediación y el intermediario son fenómenos históricos e inevitables, derivados de la división social del trabajo, a la vez que se convierten en medios para impulsar la producción a niveles superiores. Esta actividad económica convierte a los distintos agentes de la cadena producción-consumo en eslabones especializados, expresión del desarrollo continuo y espontáneo de las fuerzas productivas. Los mismos cumplen funciones de acopio, transportación, promoción, y transformación del producto agrícola, promueven nuevos mercados, agregan también nuevo valor al producto.

Esta actividad reduce el gasto de tiempo global que la sociedad invierte en la producción y realización de la producción agrícola. Facilita, además, la creación de reservas de productos en períodos picos de producción para su venta en época de déficit.

Sin embargo en Cuba esta actividad económica no ha sido bien vista durante muchos años, las causas de esto pueden ser varias atendiendo a los enfoques políticos y socioeconómicos que han predominado. Un primer elemento ha sido una excesiva estatalización donde esta actividad económica no tiene sentido. A partir de la busca de un ideal social de igualdad y justicia esta actividad no encaja totalmente pues para el modelo económico que se adoptó el mercadeo generaba diferencias. Así mismo la ineficiencia de los mecanismos fiscales existentes no son capaces de controlar y evitar el acaparamiento. Esto crea las condiciones objetivas para que individuos inescrupulosos, a quienes solo les ha interesado el beneficio particular, se aprovechen de las necesidades y escasez para lucrar.

No obstante, la práctica económica ha demostrado que esta, como otras actividades, puede ser muy importante para el desenvolvimiento de cualquier país y lo que se debe es aprender a utilizarla para garantizar su buen funcionamiento.

En la actualidad los actores involucrados en los mercados cubanos se encuentran en complejas dinámicas económicas. La existencia de un modelo de dirección de economía planificada, y a la misma vez un fuerte mercado, donde tratan de imponerse las leyes de oferta y demanda, establecen distorsiones y contradicciones. Para algunos economistas esas contradicciones son antagónicas y para otros simplemente insoslayables.

Con las nuevas aperturas económicas han surgido nuevos agentes intermediadores, junto a los ya existentes, que pueden adoptar formas estatal, cooperativa, mixta y privada. Operando en una diversidad de tipos de mercados que cuentan con sus propias dinámicas y reglas: Mercados Agropecuarios Estatales (MAE), Mercados Agropecuarios de Oferta y Demanda (MAOD), Mercados Arrendados, Puntos de ventas, Kioscos de Productos Agrícolas y están los Carretilleros o vendedor de productos agrícolas de forma ambulatoria.

Pero esta diversidad de mercados con características heterogéneas provoca distorsiones en su funcionamiento, reproduciendo antiguos problemas y emergiendo algunos nuevos. La no correspondencia entre planificación, demanda y contratación de la producción es uno de los que persiste a mantenerse. Esto afecta directamente a los productores que en picos de cosechas observan atónitos cómo se desperdician cientos de miles de toneladas de alimentos, trayendo consigo perdidas económicas.

Los Mercados en donde la regulación es supuestamente a través de la Oferta y Demanda los intermediarios a pesar de estar constituidos por las distintas formas de propiedad –contradictoriamente- operan en condiciones monopólicas, creándose las condiciones idóneas para los procesos especulativos. Aquí comienza a generarse un proceso inflacionario, frenándose el consumo y afectando la producción. Los consumidores, con índices de satisfacción muy bajos observan como los comerciantes, contradictoriamente, prefieren que los alimentos se pierdan por su prolongado tiempo en exposición, a disminuirle el precio para estimular el consumo. Con estas reglas del juego no se permite que funcione espontáneamente la Ley de Oferta y Demanda y los productores no reciben los beneficios que proporciona la correcta aplicación de la Ley del Valor.

La solución a estas contradicciones es extremadamente compleja. Algunos apuestan por liberar los mercados y que sean las leyes ciegas las que funcionen como único gente regulador. Otros consideran que las acciones del Estado con su aparato burocrático son los encargados de resolver el caos. La historia de Cuba ha demostrado que ninguno de los dos modelos económicos por separado, en más de 100 años de ensayos, han sido capaces de resolver esta situación.

Desconocer las leyes naturales que rigen el mercado es negar y hacer oídos sordo a todo el aparato conceptual de la ciencias económicas. Apostar al liberalismo económico y reducir a cero el papel del Estado es someter a toda la sociedad a un gran Casino donde solo el 1% de la población se alzará con el billete ganador. El restante 99% estarán sometidos a las leyes darwinianas donde sobrevivirán solo los más fuertes, los capaces de adaptarse a leyes del mercado.

Es necesario movilizar factores que combinen ambos enfoques. Por un lado que se respeten las leyes del mercado y por otro el Estado haciendo uso de los marcos legales establecido ir corrigiendo cualquiera de las distorsiones y las asimetrías que provocan las aplicaciones de estas leyes. La solución es construir un traje a la medida para que queden resueltas las limitaciones que tiene atrapado hoy el sistema de producción-comercialización de productos agrícolas en Cuba.