El Ave María Purísima del hombre y la mujer en Cuba


marinelloPor: Frank García Hernández

para Eva, y que no se enoje ni la cele su Adán. Y para Alejandro: comandante

Aun en este instituto, el Juan Marinello, transcurre el coloquio “Ese apasionante drama… 50 años después El socialismo y el hombre en Cuba”, convocado por los jóvenes de la Cátedra Gramsci quienes se han propuesto, al parecer, zarandear el pensamiento momio de cierto sector de la izquierda cubana.

Por acá desfiló Ana Cairo, la francesa Jeanette Habel, Germán Sánchez, Ricardo Alarcón de Quesada, Orlando Borrego y Fernando Martínez Heredia. Tuvieron el valor de mirarle la cara a los chiquillos del preuniversitario Saúl Delgado con los mismos ojos con que miraron antes sus escuelas. Se habló del hombre nuevo, de las armas melladas del capitalismo y de las nuevas, de la intrepidez y la sordidez, de la velocidad y del cansancio,  del sujeto político, la sociedad civil y la sociedad política, que esta última se tiende a olvidar, quizá, por lo machacona que en ocasiones resulta. Alguien en los pasillos recuerda lo necesario de escribirse cartas, del ejercicio del intelecto, que si Alfredo Guevara, Roa, Martí y ser martiano es ser cubano y si no se es. Otro destaca que la revolución es en las mayorías y por tanto la científico técnica es la nueva revolución mundial y que solo Ray Bradbury, porque era poeta, la supo ver ¿ni Tarkovski? No, ni Tarkovski, ni Stanislaw Lem.  Más allá alguien pone cuidado en la fecha que nos espera: la caída del bloqueo, pues si el 17D nos tomó de sorpresa y después fueron las reacciones: lentas o rápidas, variadas o monocromáticas, grises o blancas, pero lo real es que  todos teníamos la mandíbula desencajada por el golpe.

Yo me quedo pensando quiénes son hoy los hombres y las mujeres nuevos. Visito ayer en la noche la Fábrica de Arte Cubano, es mi segunda vez. Me cercioro de algo: ahí, en esos muchachos, que se mueven muy rápido, toman fotos con celulares y no con cámaras, hablan de Micheladas, Frapuccinos y Red Bull, se tatúan los brazos y el pecho, y aquella le acaricia la nalga a esta y después se va con el novio de ella. Ahí está el hombre nuevo, o al menos el nuevo sujeto político que cuando abrió sus ojos ya Fidel no se trajeaba de verde olivo. Uno de ellos se reía diciendo: si la Matrix existe, no me despierten. Aquella con los pechos levanta el letrero de su camiseta: eat me!

Admitámoslo, los nuevos son más nuevos que los que fueron novísimos. En el concierto homenaje a Santiago Feliú, el gnomo Carlos Varela pidió que encendieran las luces de los móviles, ahora no es “enciendan la luz de las fosforeras”.

El coloquio sobre lo que hacen bien en llamar El Manifiesto Comunista de Che Guevara, tiene que desbordar el cauce. De momento alguien esparce por la ciudad grafitis del argentino insurgente y cerca de una casa donde se llenan planillas para emigrar a los Estados Unidos han hecho uno de ellos donde se recuerda que al imperialismo ni un tantico así. En San Lázaro dibujaron en lo alto de un edificio un niño con alas muy grandes. Y parece que vuela. En el salón del segundo piso se escucha hablar de una campaña de alfabetización cultural. Imagino a un lumbersexual bajo los techos de guano.

Retamar escribe: Usted tenía razón comandante Guevara: / somos hombres de transición. El poema hoy lo conocemos con el nombre del poeta José Zacarías Tallet –desconocido más que Julián del Casal-. Fue el resultado del encuentro entre el hoy presidente Casa de las Américas y Che en 1965. Aquel se fue a los pocos días al Congo y el escritor guardó sus papeles respetuoso del silencio durante cuarenta años que supo o intuyó los debía y podía publicar. Entonces en Fervor de la Argentina, Roberto dedica un capítulo llamado “Para un diálogo inconcluso sobre El socialismo y el hombre en Cuba”. En él la carta inédita de respuesta al texto del que nació en Rosario. Los intelectuales pecan en el origen, pero el Estado también.

El coloquio debe concluir. La historia no. El coloquio se clausura. El socialismo no. Un hombre y una mujer en Cuba se aman. Es el Ave María Purísima de nuestras noches

Nueve de octubre, 2015. Consecuencia del viernes