Una respuesta necesaria “Cabeza de adoquín“

Por: María Antonieta Colunga Olivera

(Nota de La Joven Cuba: A partir de la polémica que ha desatado el workshop a Berlín por parte de un grupo de jóvenes  cubanos, compartimos este texto donde se dan algunas respuestas necesarias )

Con una pared inacabada a mis espaldas; con 500 ladrillos, 20 sacos de arena y seis de cemento apilados en la diminuta sala del departamento de mi madre; con la muñeca izquierda de mi pequeña hermana enyesada luego de una caída tonta en la escuela y este cansancio atroz de haber tirado y sacado agua durante horas para que al menos su alergia duerma en paz cada noche en medio del polvo de la construcción… con tantos dilemas familiares, hogareños, concretos y solo-míos por atender, no debería sentarme a las once y cuarenta y cinco de la noche de un sábado a hacer esto que voy a hacer.

Pero bien que me lo repite mi madre como un reproche todos los días de mi vida: yo tengo la cabeza muy dura.

Entonces, voy a hacerlo: voy a escribir del workshop de Berlín después de haber leído en el Blog La Pupila Insomne los tres trabajos publicados al respecto: el del señor Justo Cruz, el del compañero Rafael Cruz y el de Iroel Sánchez, administrador del blog; eso y el sinfín de comentarios generados debajo, al menos hasta donde alcanzó mi paciencia y mi disponibilidad de tiempo.

Todo he tenido que consumirlo, por supuesto, desde una memoria flash traída por un buen amigo (uno de los de verdad, de los que te pregunta si tiene dudas de a dónde fuiste y a qué y qué tal, sin andarse con dobleces). Sin acceso funcional a internet, como una parte abrumadora de los cubanos residentes en Cuba, mis relámpagos de conectividad una que otra vez a la semana se reducen a saber de la salud y la vida de mi papá y mi hermana, y del resto de seres queridos que la migración me ha llevado lejos; así que enterarme de las polémicas que se mueven en la web es, tristemente, una asignatura que me veo forzada a dejar pendiente. Por ahora.

Mi buen amigo me aconsejó bien: “no te fundas. Si vas a responder solo escribe limpiamente de tu experiencia en el taller y ni hagas alusión a esto que se ha formado. Haz tu postcito lindo de Berlín y, de alguna manera, eso será una réplica”. Pero yo no soy ¿inteligente?- (no sé, a veces creo que se usa esta palabra queriendo decir cosas como taimada, cautelosa o sinflictiva). Yo soy frontal, transparente, sincera… tremendamente “bruta” en ocasiones como esta; y aunque vaya a publicar luego el postcito lindo de Berlín de todas formas, creo que alguien del tan interpelado grupo del “Kuba Workshop Berlín septiembre 2015” debería decir algo ante la avalancha de índices acusadores.

Trataré de ser puntual y atenerme a esclarecer las inquietudes vertidas tanto por los inquisidores del encuentro como por algunos de los comentaristas de los textos:

  1. ¿Quiénes fuimos al taller?

Diez periodistas cubanos, si se entiende por periodista quien reporta, relata o cuestiona la realidad de un país con interés de participar en la construcción de las agendas informativas nacionales. Igual, de los diez, nueve somos graduados de Periodismo por las Universidades de La Habana y (solo en mi caso) de Camagüey; y uno, Roberto Peralo, es profesor de la Universidad de Matanzas, y administrador del blog La Joven Cuba. El resto del grupo: Elaine Díaz (ex-profesora de la UH y gestora principal del proyecto independiente Periodismo de Barrio), Carlos Manuel Álvarez (columnista de OnCuba y de BBC Mundo), Michel Contreras (Cubadebate), Marita Pérez (del Sistema Informativo de la TV cubana y editora de OnCuba), Fidel Alejandro Rodríguez (profesor de la UH ), Rachel D Rojas (La Jiribilla), Eilen Sosín (semanario Opciones, de Juventud Rebelde), Geisy Guía (ex-periodista de Radio Rebelde, hoy parte de Periodismo de Barrio) y una servidora, ex-periodista del semanario camagüeyano Adelante.

(Aprovecho la enumeración para aclarar que este post solo representa mis opiniones respecto a la polémica generada por el taller, y que de manera alguna implica o compromete al resto del grupo).

  1. ¿Quién nos invitó al taller?

El intercambio fue propuesto, organizado y llevado a cabo por la fundación Taz Panter, una suerte de cooperativa de aproximadamente 1500 miembros que sostiene económicamente con sus donaciones al diario berlinés Taz y que realiza otra serie de acciones, como estos talleres de intercambio, que no solo han acontecido con cubanos, sino con periodistas de otras regiones del mundo. Tanto la fundación Panter como el diario Taz, nuestros anfitriones, se definen a sí mismos como ecologistas, antirracistas, antibélicos y detractores de todas las formas de totalitarismo, entre otras líneas básicas que mueven su hacer profesional. El Taz es en realidad un pequeño periódico, no un gran medio, sus periodistas ganan salarios de los más bajos dentro de lo que promedia el gremio alemán, su tirada es de apenas 60 mil ejemplares diarios y su estilo se mueve mucho dentro de la sátira social.

  1. ¿Qué objetivos perseguía el taller?

El taller nos fue presentado como una iniciativa de intercambio, provechoso para ambas partes, donde los periodistas cubanos podríamos ir durante diez días en un viaje de “tour mediático” por los diferentes órganos de prensa más representativos de Berlín y Hamburgo, para conocer sus dinámicas y particularidades. También se nos darían algunas conferencias de temas como el reportaje, la construcción de las primeras planas en un periódico y técnicas de búsqueda avanzada en la web.

En contraparte, los periodistas de Taz y de los medios visitados, tendrían la oportunidad de dialogar con colegas de un país tan distante y conocer de primera mano, sin mediación de fuentes prejuiciadas al respecto, cómo es el ejercicio del periodismo en Cuba.

Además, los organizadores intentarían dejar algún tiempo para actividades culturales como recorridos por sitios de la ciudad que fueran de nuestro interés.

  1. ¿Quién financió el taller?

Con total transparencia y desde un inicio, los organizadores hicieron alusión a este punto en particular para aclararnos que el financiamiento del viaje corría a cargo de la propia Fundación Panter, con apoyo del Ministerio de Relaciones Exteriores alemán.

  1. ¿En qué consistió el taller?

(Y aquí permítanme que me ponga de nuevo encima a la tipa súper emocional que soy, porque ya todo lo informativo y argumentativo lo agoté en las preguntas de arriba). El taller, o más abarcadoramente hablando, los diez días intensos e inigualablemente provechosos que tuve la oportunidad de vivir en Alemania, fue cada una de las cosas declaradas por sus organizadores y muchísimo más.

Fuimos a casi una decena de medios de prensa: periódicos, emisoras radiales, televisoras; cada uno diferente del otro por los esquemas de financiamiento o por las filiaciones políticas. De repente llegabas a Taz, que se sustenta por donaciones de gente o de organizaciones, (donde hay un mínimo para el que no puede dar mucho pero igual quiere ayudar de a poquitos y un máximo para que ningún poderoso se sienta con demasiado derecho a intervenir en decisiones editoriales por ser quien más aporta); o veías a los de Junge Welt, el antiguo Juventud Rebelde de la RDA, que aún publica en rojo y negro y defiende las causas honrosas del comunismo y el socialismo; o llegabas a Estación Sur, un programa de habla hispana de la radio pública nacional que ha invitado a nuestro Raúl Paz y hasta a Porno para Ricardo, para que en la lejana Europa se conozca la música alternativa que se hace en Latinoamérica, que no es solamente la de la Shakira o la del Ricky Martin. En Deutsche Welle descubrí de dónde venían los programitas estos de Multivisión que tanto le gustan a mi mamá, programas amenos y útiles que Cuba les compra; y en el Berliner Zeitung me asombré de que también los periodista que trabajan en medios financiados por empresas o consorcios, pueden y de hecho se fajan duro para defender el ejercicio libre de su profesión cuando este entra en conflicto con intereses comerciales.

Preguntamos de todo en todas partes, siempre hubo respuestas claras y regocijo por el diálogo.

Nos movimos con total libertad por la ciudad, no en autos caros ni en taxis, sino en metro, tranvía y tren, porque los del Taz saben que no hay mejor manera de conocer y poder juzgar una ciudad que viviéndola mezclados entre sus gentes.

Fuimos a un concierto de piano de lujo, en una antigua fábrica, aunque aquí debo aclarar que solo yo lo sobreviví despierta y feliz hasta el final (era mucho el sueño acumulado). Paseamos a pie la gran avenida hasta las Puertas de Brademburgo, descubriendo las historias dolorosas o emotivas del gran pueblo alemán desde sus edificios y sus monumentos levantados con vergüenza para no olvidar jamás.

Vimos una manifestación de cientos de jovencitos a favor del medioambiente y a un hombre solo con un cartel rechazando a los refugiados; vimos a voluntarios en una fría noche de Hamburgo, esperando la llegada de trenes cargados de sirios o turcos, para darles comida y agua y abrigos e indicarles refugio donde pasar la noche; y también, en la misma estación, a unos policías inmovilizando a un borracho o drogadicto por chocar con otro en medio de su delirio. Vimos los lugares bellos, y también, cuando lo pedimos, nos llevaron a la zona roja donde la prostitución florece bajo la permisibilidad de la ley. En ningún momento se nos dijo mira esto y no esto otro, tira esta foto pero esa no. Hubo un respeto férreo para nuestra curiosidad y total disposición para acompañarnos a donde quisiéramos en el poco tiempo libre que quedaba.

Conocimos los grandes mercados y los pulgueros, donde venden ropa de segunda mano; comimos en restaurantes finos y en un quicio de una avenida, con el plato de salchicha y papas en la mano mientras velábamos a las raticas del parque de atrás para que no vinieran a sopetearnos nada.

Ayudamos a recoger los platos en el Taz los días que humildemente nos hicieron la papa rica allí, como en casa, y ese “autoservicio” lo hicimos TODOS, incluido el pinareño de Fidel, que fregó con la esponjita hasta que nos enteramos que había una máquina fregadora y que Finn (el muchacho del servicio) se moría de pena de que hiciéramos nosotros la limpieza.

Conocimos el muro, lo que quedó del muro… y también el cariño de una pila de puertas.

Una tarde de presiones descontroladas visitamos la sede de Reporteros sin Fronteras y nos metimos hora y pico fajados con su representante, Christian Mihr, que no encontró argumentos para demostrarnos por qué en su mapa de países con situaciones sensibles para el ejercicio de la prensa Cuba estaba en negro (el peor color en su escala cromática) y México en rojo (el segundo más malo después del negro). El pobre Christian tuvo que terminar reconociendo que lo de ellos era un mapa “interpretativo”, no una herramienta científica arrojadora de datos generalizables; y prometiendo que revisarían su largo listado de TRES presos políticos por ejercicio de periodismo en nuestro país, porque nosotros sabíamos más que él de los tipos, uno de ellos preso por agredir ferozmente a su esposa.

Justo, hermano, si esa gente financiaron ultra-secretamente el viaje a Berlín (cosa que yo creo/sé que no, porque a los seres limpios y transparentes que yo conocí en el Taz la mentira no les cabe por ningún bolsillo)… si fuera así le aseguro que no tiene nada de qué preocuparse. Dudo mucho que den un quilito más para que vayan otros diez insoportables a hacerle la vida un talco y desbaratarles sus mapas.

Para el que viene leyendo y se topa con la alocución directa a Justo sin tener idea de él, una noche de diálogo abierto en el Taz conocimos también a Justo Cruz, cubano residente en Alemania hace 20 años que se manifestó en aquel pleno muy molestamente en contra del intercambio que acontecía con nosotros y que luego, a nuestro regreso, se ha dedicado a seguir publicando opiniones negativas al respecto. Recuerdo que esa noche Bernd  Pickert (moderador del panel y organizador del taller) le cedió micrófono par de veces a su euforia y a su total falta de respeto para que declarara abiertamente lo malo que era el periodismo que se hacía en Taz y lo engañados que tenían a estos muchachos, que solo los llevaban a donde convenía. Justo pudo hablar, nadie lo calló ni arremetió contra él; y luego hasta entablamos diálogo al final del panel para que él pudiera enterarse que también a su periódico, el Junge Welt, habíamos ido. Y que nos había gustado mucho la visita, tanto que nos habíamos hecho una foto de grupo por petición propia, frente a la estatua de Rosa Luxemburgo.

De las preocupaciones expuestas en su artículo reciente creo que solo me resta hablar de dos o tres cosillas: una, que nunca escuché allá el término “prensa mentirosa”; una de las impresiones más hermosas que me traje de Berlín es precisamente el respeto con que los alemanes que conocí discuten sus diferencias, la sincera afabilidad con que pueden sentarse en una misma mesa personas con filiaciones políticas tan diversas o con maneras tan distintas de hacer y entender el periodismo, y sencillamente compartir un diálogo. Otra, que si le llamó la atención la forma en que criticamos el ejercicio de nuestra profesión en Cuba, por favor, manténgase alejado del discurso de Raúl Castro de 2013, donde reconoce a la prensa cubana como aburrida y triunfalista, y desligada de la realidad que vive el pueblo. Capaz que le dé algo, Justo, estar leyendo esas cosas.

Ahhhhhh y el tema del parlamentario en bicicleta, Christian Strobele… YO FUI QUIEN PUBLICÓ LA FOTO EN FACEBOOK, NO ELAINE!!!!!! Me pareció una cosa cheverísima que aquel señor cercano a los ¿80?, blanquito en canas, se llegara tan humildemente, en su bici desteñida, a darnos nuestro recorrido parlamentario. Claro que preguntamos su salario (es la primera pregunta que hacíamos a todo el mundo, cubanos al fin) y claro que sabemos que el poder, donde quiera que se lo ejercite, viene acompañado de prebendas, unas más metálicas, otras más de tipo en especia. A mí, muy particularmente, me pareció un hombre decente, honrado, servidor de su pueblo, y eso quise significar cuando publiqué su foto. Si alguien se sintió agredido o aludido por contraste, imagínate tú, no puedo estar preocupándome por todos los sayos ajenos que por ahí flotan.

Y finalmente Elaine (por supuesto que no voy a dejar de tocar el tema Elaine y Periodismo de Barrio aunque sea, probablemente, el mayor de todos los riesgos a correr en esta diatriba- porque quién no se ha dado cuenta a esta altura que todo va de desacreditarla a ella y a su proyecto naciente). Elaine, mija, a ti te tocará demostrarnos a todos con el tiempo y un ganchito de qué va PB, te tocará silenciar las maledicencias con un ejercicio profundo y real de sacerdocio público, que no otra cosa es el periodismo. Yo ahora mismo, en medio de tantos petardos, solo tengo punzante en la memoria unos versos que me gustan mucho de una poetiza estadunidense, Oriah Mountain Dreamer, que perecen hechos para esta ocasión:

“No me importa dónde o en qué trabajas o quién paga tus honorarios, quiero saber qué te mueve de verdad desde dentro… No me interesa saber si lo que me cuentas es cierto. Quiero saber si puedes decepcionar a otra persona para ser fiel a ti mismo; si podrías soportar la acusación de traición y no traicionar a tu propia alma…. si te quedarás en el centro del fuego conmigo y no lo rehuirás.”

Hay muchas cosas a ciencia cierta que no sé, Elaine, pero elijo a cuenta y riesgo creen en ti.

A Bernd Pickert, mi (nuestro) AMIGO BERND; a Leonie, Connie, Bárbara, Brent, y todos los demás seres extraordinarios que conocí (conocimos ) en este viaje, mi afecto reiterado y público y mi más profunda gratitud.

Ojalá este post que clama en el desierto sirva al menos para que si algún día se repite su gesto generoso, otros jóvenes, otros periodistas y colegas de mi gremio, tengan alguna razón contrastante para arriesgarse al descubrimiento, aunque sepan ya por nuestra experiencia lo que va a caerles luego encima.

Porque el miedo es un ave oscura, fea, densa, que sobrevuela en círculos sobre la fe o el optimismo de la gente, y cierra puertas de un aletazo sin decir NO, sin graznar nada, solo haciendo eso, sobrevolando su vuelo silencioso de aura para que tú sepas que desde arriba alguien, ALGO superior, te está mirando. Y que no deberías, que mejor no vayas a ningún lado, que lo más fácil es que te quedes quieto y no arriesgues tus dudas.

A los que pueda aconsejar desde mi humilde, tierna y muy probable inocencia, o desde mi contrastante temeridad, les dejo un versículo de la Biblia que mi madre siempre me ha repetido para que no me pierda en esta cosa tan compleja que es el crecer: “vedlo todo, oídlo todo, mas retened solo lo bueno”.

No dejen que nada ni nadie apague su capacidad y su derecho de ser seres discernidores, pensantes, ELECTIVOS. Como lo fueron desde un inicio los padres intelectuales de esta nación.

Camagüey, 11 de octubre de 2015, 4:35 a.m.

Tomado de: Nube de Alivio, de María Antonieta Colunga Olivera

Anuncios