Los que se fueron y los que se quedaron


los que se fueron

Por: Osmany Sánchez (jmmy@umcc.cu) En Twitter: @JimmydeCuba

Quedarse en Cuba y sacrificarse, suelen ser sinónimos. Los que emigraron lo hicieron por amor, reunificación familiar, mejorar económicamente o por motivos políticos. Los que se quedaron lo hicieron porque prefirieron vivir en Cuba, aun cuando la situación no era nada fácil. Cada cual eligió su destino y el tiempo les dio o no la razón. Muchos de los que se fueron desearon después no haberlo hecho, otros tantos de los que se quedaron se arrepintieron de no haber tomado rumbo norte.

Hace unos días la televisión cubana mostraba a un grupo de cubanos residentes en los Estados Unidos referirse a Raúl como “mi presidente”, otros en Cuba dicen que su presidente es el de los Estados Unidos.

Cuba se abre al mundo, como pidió en su momento el papa Juan Pablo II durante su visita. Cosas hace apenas unos años -o meses- eran imposibles de imaginar, ahora son cotidianas y forman parte de esa nueva Cuba que queremos construir entre todos.

Me alegré cuando el gobierno cubano decidió abrir las puertas a los médicos que emigraron o abandonaron una misión en el exterior. Podemos discrepar en que por qué los médicos sí y los deportistas, científicos o profesores no, pero eso sería empañar el gran paso que se dio. Prefiero pensar que es un primer escalón y que luego vendrán los otros.

Comencé hablando de los que se fueron y los que se quedaron -como el excelente libro de Luis Báez- por algo que me sucedió hace unos días. Comparto con un amigo la noticia de la posibilidad de que los médicos regresen y me sorprendió su respuesta. Según él, eso “era una falta de respeto”, “hasta dónde vamos a llegar socio…”, “y los que nos quedamos socio, y los que nos sacrificamos…”

Sería insensato decir que los que nos quedamos seamos los elegidos, pero sí que fuimos capaces de ver en nuestro proyecto social algo digno de defender. No merecemos privilegios, no era ese nuestro objetivo. El que lo vea diferente estaba pensando en otra cosa.

No me molesta que regresen los que emigraron, no me incomoda que los ancianos vengan a vivir sus últimos años en Cuba. No me duele que los que vengan tengan más dinero que yo. Si algo pido, es que en ese regreso esté implícito un aporte al país. Los que trabajaron toda su vida en Cuba aportaron de su salario al servicio social. Hay que crear fórmulas para que los que vengan también aporten.

Al gobierno cubano le toca dar pasos para mejorar las relaciones con su emigración y uno de los más demandados es la eliminación de tener que viajar a Cuba con pasaporte cubano. A los emigrados les toca dejar atrás el resentimiento, sobre todo teniendo en cuenta que muchas de las razones para sentirlo son heredadas.

No se trata de los que se fueron y los que se quedaron, se trata de todo el que quiera contribuir. Después de más de cincuenta años, todo el mundo está claro de lo que queremos y no queremos para Cuba.