El campeón de los derechos humanos

cuba-derechos-humanosPor: Carlos Lage Codorniú

Kerry hace sugerencias a Cuba en materia de derechos humanos en su discurso del 14A y proclama a Estados Unidos (una vez más) como campeón universal en esta materia. Bruno Rodríguez responde directamente en conferencia de prensa en el Hotel Nacional y Cristina Escobar en el Noticiero de Televisión, ambos con un discurso similar: Cuba, que tiene una práctica impecable en la protección de los derechos humanos según su propia visión del asunto, tiene preocupaciones sobre cómo se ejercen en los Estados Unidos.

Estados Unidos viola el derecho internacional, no ha firmado múltiples tratados que implican el respeto a derechos humanos fundamentales, promueve guerras injustas y mata con drones a civiles inocentes por orden presidencial; tiene un sistema político donde el dinero manda (ahora mismo que no permite gobernar) y crea una ilusión de reality show muy eficiente, se ve un incremento de casos lamentables de brutalidad policial y discriminación racial, etc.

Cuba, por su parte, tiene una hoja intachable en política internacional, avances notables en el acceso a los derechos sociales, culturales y económicos, si bien estos últimos han estado limitados por la capacidad de generar riquezas como país. El país insular ha rediseñado el concepto de la solidaridad internacional y ha intentado, desde la cultura, establecer patrones diferentes respecto a la realización del ser humano. Sin embargo, Cuba tiene aún deudas amplias en términos de derechos políticos, componente fundamental de los derechos humanos.

Ambos grupos de derechos (políticos y económico-sociales) son necesarios para la realización plena del ser humano. Un político poco conocido de los Estados Unidos (que descubrí en la serie de Oliver Stone “La otra historia de los Estados Unidos”), el vicepresidente y candidato presidencial Henry Wallace dijo en los años 40´ (cito de memoria) que el comunismo y el capitalismo necesitaban confluir, el primero hacia mayores derechos políticos y el segundo hacia mayores derechos económicos y sociales.

La política es el arte de lo creíble. Cuando estaba en la universidad y empezábamos a discutir duramente sobre muchos de estos temas, el argumento más creíble que asumimos es que Cuba quería desarrollar los derechos políticos, pero tantos años de conflicto y agresión, nos habían obligado a restringir algunos o desarrollarlos de manera sui generis, por el bien de la soberanía nacional (aquello de Cintio de un parlamento en una trinchera). A su vez, se imponía el reto de reconstruir el ideal de los derechos políticos, porque la experiencia capitalista, excluyente y subordinada al dinero per se, no era una garantía de su práctica plena.

En las negociaciones con Estados Unidos nos asisten miles de argumentos para no admitirle a Kerry su prepotente declaración de campeones de los derechos humanos (aunque cualquier día mejor que el de la apertura de la embajada). Pero esa contrarréplica, cuando se hace desde la descripción de un país idílico, en el que no vivimos, pierde receptores, gana el desenchufe directo de muchos de los principales interlocutores a los cuales estaría dirigido el mensaje.

¿Por qué no podemos decir que es verdad que tenemos insuficiencias en la práctica de los derechos humanos, pero que es el resultado del país que hemos podido construir en medio del bloqueo y las múltiples agresiones? ¿Por qué no podemos decir, que ello se debe también a los intentos no siempre fructíferos de construir una democracia diferente a la fallida democracia capitalista? ¿Por qué no decir que lo haremos, pero no por la sugerencia de nadie, sino porque nos asiste el derecho pleno de hacerlo como nos venga en gana?

¿Será consecuencia de una descontextualizada mentalidad de fortaleza sitiada o de que no existe la verdadera voluntad de hacerlo?

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