El reencuentro con Lisandra


cubanaPor: Yasel Toledo Garnache

— Hola, ¡cuánto tiempo! Hacía mucho que no te veía.

— Es que casi no salgo de la casa. Me casé, o mejor, estoy con un hombre ahí que me mantiene. Él está casado, pero eso no me interesa, a mí lo que me importa es que me dé los piticlinis (dinero) y me busque la comida. Por cierto hace una semana que no me viene a ver. Seguro que por culpa de su esposa. Él no sabe lo que se está buscando. Le voy a armar una que no se le va olvidar jamás. Estoy esperando hasta el viernes, si no aparece pobrecito de él.

Amigos, esto no es cuento. Nos encontramos a la salida de la calle Cuba. Lisandra hablaba y hablaba, lo decía todo casi sin preguntarle. Yo estaba sorprendido, casi tendido bocarriba del susto. Nunca imaginé que alguien cambiara tanto. Ella estudió conmigo en la secundaria. Era bastante tranquila, estudiosa, cumplidora. Tuvo su primer novio en octavo grado, un socio mío supernoble, sin maldad. No duraron mucho, a esa edad es normal.

Lisi siempre hablaba del amor con brillo en los ojos, decía que su sueño era vivir un eterno romance con alguien que la quisiera. Cuando hablábamos de dinero, de riqueza material, ripostaba con enfado y la seguridad de que eso no era lo más importante.

La recuerdo sonriente en la graduación de noveno, tenía el libro Pasaje de la Guerra Revolucionaria en una mano y un ramo de rosas en la otra, su cabello negro le caía sobre los hombros, era una belleza, toda ingenuidad. Nunca le bajé muela, aunque varias veces lo pensé. Era mi amiga, y eso me bastaba, me alegraba, la única tan cursi como yo, demasiados parecidos como para intentar una relación.

Luego me fui al Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas, en Bayamo. No la había visto más. A veces, preguntaba por ella. Me decían que estaba lindísima, superbuena. Algunos levantaban las cejas, y con tono raro me aclaraban: “ha cambiado mucho”. Nunca imaginé que tanto.

— Lisi, ¿quieres a ese hombre?

— En estos tiempos, eso no importa. Lo que quiero es vivir bien, y no pasar tanto trabajo como mami.

— ¿Te has enamorado de alguien?

— Ni pienso en eso. Cuando me gusta algún tipo me lo tiro y ya. Mira, ahora mismo tú me llamas la atención, si quieres…

Sonreí. Quizás tiempo atrás no lo hubiese pensado dos veces. Pero me he convertido en un romántico, o en un bobo, como me dice un amigo.

Lisi es una criollita que está como para comérsela sin sal ni na`, caderúa, con tetas presas en una ajustador que parece a punto de reventar, un culo gigantesco, una geta aceptable y unos rayitos en el pelo que le quedan escapaos, en fin, cualquiera le mete mano, y después se chupa los dedos. Sin embargo, no, no puedo.

— Lisi, ¿qué pasó con todo aquello del romance y el amor?

— Mira, haz como yo y disfruta, goza, y olvida toda esa basura del amor.

— No puedo, no quiero. Prefiero pensar que los sueños, el romance, el amor, la fidelidad, los poemas, las flores y los juramentos de pasión no son utopías, inventos de ficción, cuentos de hadas. Prefiero pensar que todavía existen personas dispuestas a dar “por una mirada, un mundo; por una sonrisa, un cielo; por un beso… yo no sé…”. Quizá sea un tonto por pensar así, eso me gusta. Es más creo conocer a una chica verdaderamente especial.

— Ojalá, pero lo dudo. Ya no quedan personas así. Si supieras cuánto se disfruta en las descargas, sin compromiso, no pensaras así. Salgamos hoy. Mira… que yo no le ruego a nadie… ¡Vamos!

— No lo creo. – Otra vez la imagen del amigo diciéndome “bobo” me retumbaba en la cabeza, pero no- Sé lo que es eso, siempre no actué, ni pensé como ahora. También me agradaba apretarme a una muchacha durante noches de fiestas e impulsos, y al otro día ni nos conocemos, pero eso ya pasó.

— Te lo pierdes entonces.

– Lisi, sabes que nunca me gustó juzgar a los demás, pero me duele que hayas cambiado tanto. Imagino que nuestras conversaciones de antes ahora son imposibles.

— Espera, espera. Mira al desgraciado allí. Anda con otra. Ahora sí se la buscó. Lo voy a matar. Esa pelandruja también tendrá lo suyo –la escuché decir.

Lisandra salió disparada hacia un tipo bastante mayor que ella. Él andaba con otra jovencita de piel mulata. Me marché en dirección contraria. No me interesaba ver el espectáculo.

Ese reencuentro con mi amiga de la secundaria me golpeó en el pecho, en la sensibilidad. Ojalá todo fuera mentira, sueño, imaginación. Desgraciadamente, no es así. Algunos amigos lo saben, unos me apoyan, otros me insultan, pues “no se le debe decir que no a una jeva, y menos si está tan buena”. ¡Qué clase basura!