Titulo:Blanco, negro, ¿y qué?

Por: Yunielys Moliner Isasi

El amor no entiende de religión, etnias, ni razas. En un mundo tan diverso, se puede encontrar este sentimiento en cualquier parte, incluyendo el propio sexo.

En mis recuerdos infantiles está presente la canción de Teresita Fernández: Él es blanco, ella es negra (…) que bonito son los dos… Y aunque en ese entonces no significaba más que la historia de dos gaticos, también es un llamado a la igualdad y el respeto.

Irremediablemente juntos van a estar las personas que lo deseen, por eso hablar del racismo en Cuba es una reflexión sobre cuántas barreras hay que romper. En la sociedad cubana parece un cliché mencionar este término, cuando después de 1959 inició un proceso sobre los pilares de la igualdad y la equidad, que si bien no propagó el racismo, no lo erradicó por completo.

Somos un ajiaco y no hay pureza en nuestra sangre o quizás tal pureza se debería buscar en nuestros valores morales, lo que nos define como personas.

¿Existe el racismo en Cuba? Es hasta una pregunta risible, porque negros, blancos y mestizos comparten los mismos derechos y oportunidades. Asisten a los centros educacionales, servicios de Salud o asumen cargos de dirección por igual.

No obstante, sí existe. Un prejuicio racial determinado por juicios negativos y ortodoxos, que influyen en la percepción de las personas sobre otras personas diferentes a ellas. El catalejo no apunta a una sola dirección, es en ambos sentidos, hay racismo de blancos a negros y de negros a blancos. Son mitos adquiridos de generación en generación y aunque hay quien lo cataloga como un fenómeno cultural, pudiera definirse como una incultura que muestra más de un matiz en nuestra sociedad.

Por ejemplo, discriminar a dos personas de razas diferentes que desean estar juntos o iniciar una relación. Va más allá del racismo, es irrespetar la libre autodeterminación de un ser humano. Por eso siempre recuerdo al Principito: “(…) He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos (…).

Texto tomado de Radio 26, desde Matanzas, Cuba.