Representaciones sociales de la vida cotidiana en Cuba


Vida cotidianas Cuba

La Joven Cuba quiere compartir con sus lectores el resultado de una investigación realizada por varios profesionales de la Psicología. A pesar de lo extenso del texto para el lenguaje de los blog  resultan muy interesante los puntos de vista de los investigadores al analizar la representación social del cubano sobre: la tolerancia, la emigración, el trabajo  entre otros temas. Esperamos que les resulte interesante esta nueva propuesta.  

Autores:

Lic. Consuelo Martín Fernández, Centro de Estudios de Alternativas Políticas (CEAP)

Lic. Maricela Perera Pérez, Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS),

Lic. Maiky Díaz Pérez, Facultad de Psicología, Universidad de La Habana (UH)

Lic. Guillermo Milán Acosta, Instituto de Filosofía, Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA)

INTRODUCCION

   La memoria histórica conforma la base de la continuidad de cualquier proceso social y deviene factor fundamental para comprender las dinámicas de cambio, por tanto, es imprescindible conocer la dialéctica del presente, sobre todo en los momentos de agudos conflictos y contradicciones. Los efectos sociales de las crisis que viven en los años noventa los países latinoamericanos, incluida Cuba, pueden analizarse desde diferentes aristas y abordarse desde distintas disciplinas.

   Desde una perspectiva psicosocial, abordamos las transformaciones operadas en la vida cotidiana cubana bajo los efectos, tanto de la crisis como de la estrategia de reajuste socioeconómico, que se viven en la isla actualmente. Con el estudio de las representa-ciones sociales, se abre un espacio importante dentro de las perspectivas de abordaje de la vida cotidiana. La realidad objetiva, subjetivada en el ser humano, cobra forma en la representación social de los distintos objetos, hechos y fenómenos con los que opera el sentido común. En la interacción humana, el rol de las representaciones sociales cobra tal fuerza que puede ser -y a veces lo es- mucho mayor que la fuerza de la realidad misma, tanto desde una perspectiva individual, como grupal o social. Esta propuesta de abordaje ha sido poco tratada aún desde nuestra ciencia, a pesar de ser cada día más necesaria y pertinente en los contextos actuales que viven las sociedades contemporáneas.

   El debate con los profesionales de las Ciencias Sociales, aporta una visión tal que permite el análisis y la comprensión de los más complejos fenómenos cotidianos. Por tal motivo, se torna cada día más importante en la búsqueda de alternativas y soluciones a los problemas que se presentan en los albores del siglo XXI.

   El presente trabajo es parte de una investigación en proceso sobre las “Estrategias en la vida cotidiana cubana ante la situación actual”, el cual es un proyecto premiado por el Concurso “Alma Mater” de la Universidad de La Habana, en su edición del año 1997. Y, fue presentado como ponencia en la Cuarta Conferencia Internacional sobre Representa-ciones Sociales: “La era de la Psicología Social”, celebrada en la Ciudad de México, del 25 al 28 de agosto de 1998.

VIDA COTIDIANA, SUBJETIVIDAD
Y REPRESENTACIONES SOCIALES

   Estudiar al hombre, a sus fenómenos psicológicos -como procesos que acontecen en su mundo interno y se construyen durante su propia vida- implica desde nuestra óptica, comprender la especificidad de la subjetividad y el comportamiento humano. Un conjunto de reflexiones conceptuales son necesarias de precisar para comprender a qué nos estamos refiriendo desde el punto de vista teórico.

   Debemos partir de la realidad inmediata en que el hombre se desarrolla, de sus condiciones concretas de existencia, de su vida misma. Se trata pues de la vida cotidiana. Teóricamente, es entendida como el conjunto de actividades y relaciones sociales que, en un tiempo, ritmo y espacio concretos, regulan la vida de la persona, en un contexto sociohistórico determinado.

   La vida cotidiana deviene en espacio y fuente para el conocimiento de la subjetividad social e individual. Así, coincidimos con F. González Rey (1997), al considerar la subjetividad social que se expresa en la vida cotidiana, en dos dimensiones fundamentales:

  • una integrada por normas, valores, creencias sociales generales (trasmitidas de modo relativamente estables en un contexto socio histórico determinado); y
  • otra dimensión conformada por las necesida-des en torno a la propia cotidianidad (el estado de las mismas, su contenido supone expresiones de la subjetividad en armonía o contradicción con los valores y normas generales, que componen la anterior dimensión más estable).

Al estudiar lo cotidiano podemos hacer inteligible y accesible las tendencias del comportamiento social que pueden favorecer o entorpecer el crecimiento y desarrollo pleno del hombre. Desde un enfoque psicosocial, la vida cotidiana – por definición – implica un sistema, en cuya dinámica coexisten relaciones dialécticas entre el sujeto social (sociedad, instituciones, grupos) y el sujeto individual (persona concreta). Asimismo, la subjetividad cotidiana refiere a un concepto cuya dialéctica es condicionada y condicionante de la relación entre subjetividad individual y social. Esa subjetividad cotidiana se configura entonces, como un sistema relativamente estable que se vivencia como lo natural, reiterativo, lo ordinario y por lo tanto, lo obvio.

   En la vida cotidiana se nos muestra a un mismo tiempo un mundo intrasubjetivo, individual, que experimenta la persona y un mundo intersubjetivo, producto de la trama de interacciones con el otro. De tal modo, “mi vida cotidiana” es la vida que comparto conmigo mismo y con los demás, incluso, corriendo el riesgo de convertirla en “la vida cotidiana” como única posible.

   Todo en lo que toma cuerpo y se concretiza la existencia de la persona conforma la cotidianidad: la familia, el trabajo, los amigos, los modos que tenemos de ocupar el tiempo libre, de transportarnos, de comer los alimentos, de relacionarnos, etc. Esa distribución diaria del tiempo, organizada en espacios particulares transcurre en una secuencia continua de acciones, hábitos y conductas no cuestionadas, vivenciadas como una realidad relativamente estable, duradera y coherente.

   Por contingencias del individuo, por situaciones de interacción con los otros, por cambios en la realidad social (económica, política, cultural, etc.) se pueden producir desequilibrios en los elementos reiterativos que permiten el mantenimiento del sistema que es la vida cotidiana. Cuando se produce una crisis -como situación de quiebra del equilibrio, susceptible de ocurrir a nivel individual, grupal, institucional y/o social-, se origina una vivencia de ruptura, de discontinuidad en la secuencia lógica de lo cotidiano.

   Pero ¿qué sucede a nivel psicológico? Los referentes cognitivos y afectivos que configuran la subjetividad cotidiana no permiten dar respuesta a los nuevos eventos, por el carácter inédito que ellos toman. Aparecen para el sujeto nuevas exigencias adaptativas, que en la mayoría de los casos se acompañan de costos emocionales. De tal modo se desorganiza – en diverso grado y atendiendo a las particularidades de cada individuo o grupo – la percepción de lo cotidiano como historia coherente.

   A nivel cognoscitivo, los referentes previos disminuyen o pierden su efectividad para dar una respuesta ajustada a las nuevas circunstancias. A nivel afectivo, las nuevas condiciones se experimentan con alta carga de emocionalidad, muchas veces vivenciadas como inseguras por nuevas y ambiguas, por desconocidas.

   Lo nuevo que deviene abruptamente, provoca en el sujeto ansiedad, aún cuando cualitativamente sea mejor que lo anterior. De algún modo son impactados los referentes en los cuales se anclan las identidades, la pertenencia a un grupo o contexto social más amplio. Se produce, por una parte, una ruptura entre las necesidades y las formas sociales disponibles para satisfacerlas; y por otra parte, los hechos vitales no se corresponden con las representaciones que sobre los mismos ha existido.

   La situación generada demanda el restableci-miento del equilibrio de lo cotidiano como sistema. En ese proceso aparecen nuevos objetos socialmente significativos, cambian los referentes sociales para determinados grupos y/o se reconfiguran los atributos de los hechos y fenómenos sociales, impactados por la situación de crisis. En pocas palabras, la fractura de la sucesión inteligible en que se ha vivido, reclama la reestructuración del equilibrio del sistema de la vida cotidiana. Entonces, el individuo debe conformar nuevas formas de acción y relación que le permitan reconfigurar las estructuras y procesos psicológicos para actuar en la realidad de modo armónico.

   En la vida diaria resolvemos nuestras ocupaciones y necesidades, comprendemos los hechos que sobrevienen, desde los conocimientos que hemos ido aprehendiendo, conformando, al mismo tiempo que vivimos nuestra cotidianidad. Es muy numerosa la cantidad de estímulos, informaciones y situaciones que simultáneamente ocurren. El tiempo de que dispone una persona para reaccionar, tomar decisiones y desenvolverse en ese indetenible devenir no es mucho y en ocasiones es el mínimo. El hombre para comprender y/o solucionar las disímiles tareas que se le presentan, se vale de todo un complejo sistema de conocimientos aprehendido a lo largo de su experiencia vital, a través del proceso de socialización humana.

   Así, por ejemplo, cuando alguien en la familia tiene una ligera dolencia, la mamá o la abuelita usan alguna medicina verde (en forma de compresa, tisana o té, etc.), a partir de conocer que esa planta medicinal le aliviará y sin necesidad de saber cuáles principios activos contienen esas hojas o sus efectos bioquímicos. Pero si, desde el conocimiento transmitido a través de las distintas generaciones, por la tradición familiar y recogidas en el pensamiento que conforma el sentido común y, más precisamente, que configuran la subjetividad cotidiana individual y social.

   En nuestros roles de padre/madre, esposo/ esposa, jefe/subordinado, etc. aparecen nuevos hechos, surgen diferencias, caducan normas, se establecen nuevas relaciones y desaparecen otras. En el enfrentamiento a cualquiera de esas situaciones utilizamos los conocimientos, juicios y valoraciones configurados sobre la función que nos toca ejercer, sus deberes y sus derechos. Cuando en una conversación entre amigos o colegas se discute sobre un evento o fenómeno como el divorcio, el aborto o el SIDA, por citar algunos ejemplos, no actualizamos todo el arsenal de conocimientos e informaciones que sobre tal objeto hemos obtenido para tomar una postura personal. Apelamos a una estructura cognoscitiva, mediada por afectos y emociones que, casi inconsciente-mente, hemos estructurado y sobre la que apenas efectuamos un ejercicio reflexivo intencionado. Es decir, utilizamos nuestros saberes de sentido común.

   Ese sistema de conocimientos intuitivo y espontáneo, facilita el quehacer de la vida diaria, toma lo desconocido en familiar, lo abstracto en concreto. Es el llamado conocimiento de sentido común o pensamiento cotidiano, que funciona a través de esquemas referenciales, utilizados por el hombre para su actuar diario de manera “adaptada” a su cotidianidad.

   Este sistema de conocimientos se nutre de diversas expresiones de la subjetividad, que llevan la impronta de la cultura y la historia de cada contexto social y geográfico concreto. Así, en él se presentan con una buena dosis de afecto: prejuicios y estereotipos, proverbios y refranes, saberes populares hacia diversas esferas de la vida humana (la salud, la agricultura, la pesca, etc.), los mitos y rituales que acompañan las manifestaciones del folklore, la fe y los dogmas, las representaciones hacia los más variados objetos. Y es, justamente, en esta forma de conocimiento cotidiano donde centramos nuestra atención, por su alcance y funciones en la propia vida cotidiana.

   Desde la Psicología Social Europea se ha dado vida a una teoría que permite, precisamente, penetrar en las formaciones subjetivas que posibilitan a los individuos, como miembros de los grupos sociales, explicarse y actuar respecto a los hechos, fenómenos y relaciones sociales en la vida cotidiana. Se trata de la Teoría de las Representaciones Sociales.

   Una definición de su creador, S. Moscovici (1984), nos faculta para fundamentar cómo la subjetividad cotidiana funciona en buena medida a través de las representaciones sociales. Así Moscovici afirma:

(…) las representaciones sociales son constructos cognitivos compartidos en la interacción cotidiana, que proveen a los individuos de un entendimiento de sentido común de sus experiencias en el mundo. Son un set de conceptos, afirmaciones y explicaciones que se originan en la vida diaria, en el curso de las comunicaciones interindividuales y cumplen en nuestra sociedad, la función de los mitos y sistemas de creencias de las sociedades tradicionales; puede decirse también que son la versión contemporánea del sentido común…

   En este concepto se incorporan las actitudes (en particular sus aspectos afectivos), las informaciones y cogniciones, que estructuradas son una vía más para captar e interpretar las complejidades de los distintos aspectos de la sociedad. Un rasgo importante distingue a las representaciones sociales; su condición de ser compartidas por un conjunto de personas; es decir, son expresión de las relaciones que los grupos sostienen con el medio social concreto.

   De tal forma, la posición o lugar del grupo o segmento social en la estructura social, las normas, los preceptos políticos, religiosos y científicos que suscribe el grupo en una situación sociohistórica determinada, mediatizan las características de sus representaciones sociales. Al respecto, W. Doise (1990) sostiene que las representaciones son principios generadores de la toma de posición ligadas a las inserciones sociales específicas.

   De modo general, las representaciones sociales son reconocidas como fenómenos psicosociales condicionados histórica y culturalmente. Sus particularidades entonces, están en buena medida determinadas por las características de los grupos sociales que las elaboran y utilizan.

   Por todo ello, conviene aclarar que al estudiar una representación social, los factores históricos, políticos, económicos y culturales que tipifican un contexto social dado deben ser siempre tenidos en cuenta. Como entiende R.M. Farr (citado por C. Pereira de Sá, 1996), la investigación empírica sobre representaciones sociales no produce resultados replicables o generalizables a otros contextos. Dicho de otro modo, los contenidos de las representa-ciones sociales están mediatizados y condicionados por las características del entorno en el cual ellas operan y esto determina el alcance de los resultados alcanzados en las investigaciones aplicadas.

   Por otro lado, cuando analizamos las funciones atribuidas a las representaciones sociales se hace más explícito su rol en la vida cotidiana y la importancia del mismo. J.C. Abric (citado por C. Pereira de Sá, 1994) sistematiza dichas funciones y en ellas – sin proponérselo el autor, según nuestra opinión – puede apreciarse cuanta participación tienen las representaciones en la expresión de los diversos comportamientos y relaciones sociales de la vida cotidiana. Entre las funciones señaladas por Abric, aquí se reseñan las siguientes:

  • Función de saber: las representaciones sociales permiten comprender y explicar la realidad, adquirir conocimientos e integrarlos a un cuadro asimilable y comprensible para el grupo social en cuestión. Al mismo tiempo, facilitan y son condición necesaria para la comunicación social. Definen un cuadro de referencia común que permite el intercambio social, la transmisión y difusión del “saber ingenuo o de sentido común”.
  • Función de orientación: guían los comportamientos, intervienen de modo directo en la definición de la finalidad de una situación, posibilitando a priori el tipo de relaciones apropiadas para el sujeto. Permiten producir expectativas hacia la realidad, desde la interpretación que la representación propicia de la misma.
  • Función justificatoria: permite a los sujetos explicar y fundamentar sus comportamientos y toma de posición ante una situación o en Ia relación con los participantes en la misma.

   Muchos son los argumentos que pudiéramos ofrecer sobre la conveniencia de incluir las representaciones sociales en el terreno de la vida cotidiana. Sin alargar innecesariamente este trabajo, señalamos algunas cuestiones precisas. Los postulados de dos de sus principales teóricos nos aportan fundamentos básicos en este sentido, ellos demuestran que la representación social tiene por condición ser una categoría abarcadora.

   En términos teóricos, según S. Moscovici (1984) y D. Jodelet (1986), las representaciones sociales son un conjunto de conceptos, proposiciones y explicaciones originadas en la vida cotidiana en el curso de la comunicación interpersonal; son modalidades de pensamiento práctico orientadas hacia la comunicación y el dominio del entorno social, material e ideal para dominarlo. Como forma de pensamiento colectivo en la vida cotidiana, ellas permiten dotar de cierto orden a los eventos sociales y, al ofrecer un marco interpretativo de la realidad que nos rodea, posibilitan interactuar con el medio y orientar la conducta. Todo esto erige a las representaciones sociales en una importante categoría operativa sobre la realidad.

   Por último, consideramos importante señalar de manera puntual, algunos de los presupuestos generales que suscribimos para la indagación en el terreno de la vida cotidiana y las representaciones sociales. Para esta investigación:

  • Asumimos la vida cotidiana como un “espacio bisagra”, en el que se produce la interrelación entre procesos micro y macro sociales; y
  • Reconocemos
  • la naturaleza histórica de la realidad que estudiamos.
  • el carácter dialéctico y contradictorio de esa realidad.
  • la naturaleza simbólica de la realidad objeto de estudio, expresada a través de las representaciones sociales, como constructos cognitivo-afectivo resultado de las prácticas sociales de individuos y grupos.
  • la fuerte determinación de la posición de los grupos en la estructura social en la configuración y expresión de su subjetividad.
  • Consideramos la necesidad del conocimiento de la realidad sociohistórica en que se desarrolla la vida cotidiana objeto de estudio, lo cual determina el momento concreto del contexto investigado y condiciona los resultados obtenidos.

LA VIDA COTIDIANA CUBANA ACTUAL

   Acercarnos a la cotidianidad cubana en la década de los noventa supone, en primer lugar, vivenciarla, vivirla en el aquí y ahora de cada uno de estos días y años; es esta una posibilidad de análisis desde la comprensión de sentido común. Comprenderla desde la Psicología Social implica, además – y luego de este primer e indispensable paso- reflexionar sobre la misma, es decir, tomar una distancia reflexiva, salirnos de esa cotidianidad y “mirarla” objetivamente.

   Las transformaciones ocurridas durante estos años -en lo que se ha dado en llamar Período Especial- son muchas y muy variadas. La dinámica de movimiento de nuestros ritmos de vida ha sido tan veloz, que incursionar en lo cotidiano requiere un ejercicio de reflexión y análisis profundo y cuidadoso.

   Se hace imprescindible ubicar el contexto objeto de análisis y hacer presente todas las coordenadas que han caracterizado la situación. Los ámbitos de nuestra vida cotidiana en un breve lapso de tiempo (1990-1998) han sido atravesados por las causas y consecuencias de la crisis que se vive en Cuba. Y junto a ella, por el conjunto de medidas y procesos que integran la estrategia de respuesta que paulatinamente se ha venido implantando, lo cual potencia un proceso de reajuste económico que permite palear y revertir los efectos de la crisis. El mismo, en su condición de proceso, se ha iniciado de modo lento y progresivo.

   Desde alternativas coyunturales y de alcance local1, hasta procesos y paquetes de medidas económicas y sociales que modifican procesos macroeconómicos y estructurales, se han organizado e implementado siempre evitando las conocidas “políticas de choque” que en América Latina laceran a toda la población y excluyen de toda opción a los grupos más vulnerables. La conservación de la justicia social como principio rector ha sido y es la brújula orientadora en este proceso.

   En principio debemos señalar que uno de los impactos más profundos, generales, dinámicos y evidentes de este fenómeno ha sido el cambio de la estructura social típica para la transición socialista. Caracterizada -hasta antes de la crisis- por propiciar altos grados de igualdad ha transitado velozmente hacia una estructura social más compleja y diferenciada.

   Por otro lado, cuando hablamos de la des-estructuración de lo cotidiano se debe tomar como punto de referencia o comparación la vida cotidiana cubana hasta fines de la década del 80. La cual estaba caracterizada por niveles de consumo y vida estables y en ascenso, para todos los grupos sociales; asimismo, propiciaba el devenir de una cotidianidad poco dada a las rupturas y cambios agudos.

   Algunos de los hechos, procesos y medidas más importantes que han ocurrido durante estos años, los que integran la estrategia de reajuste2, con su particularidad en cada caso han dejado su impronta en la vida cotidiana. Ellos son:

  • Reducción de empleos en algunos sectores como resultado de las medidas de reordenamiento económico, al tiempo que crecen los efectivos empleados en otros, producto de su reanimación económica.
  • Diversificación de las formas de propiedad; la propiedad mixta y privada crecen y asumen roles económicos complementarios a la propiedad estatal.
  • Los grupos y clases que integran la estructura social cubana se complejizan, heterogenizan y diferencian.
  • Ampliación de los trabajadores cuentapropistas, a partir de la aprobación de la Ley para el Trabajo por Cuenta Propia.
  • Desarrollo del sector turístico como industria en ascenso.
  • Desarrollo de las nuevas tecnologías aplicadas ala industria médico-farmacéutica y agroalimentaria.
  • El reordenamiento del Sector Agropecuario, con la creación de las Unidades Básicas de Producción Agropecuarias.
  • Apertura del mercado agropecuario, regido por la ley de oferta y demanda.
  • La despenalización de la tenencia de divisas, creación del peso cubano convertible y apertura de las cajas de cambio.
  • La desvalorización/revalorización del peso cubano.
  • La aprobación de una nueva Ley Tributaria (inexistente desde los años 70).
  • Nuevos sucesos y acuerdos en torno al fenómeno migratorio.
  • Extensión de las creencias y prácticas religiosas, la visita del Papa.

   En los diferentes ámbitos de la vida misma son muchos los ejemplos de cómo se desestructuró/r estructuró nuestra vida cotidiana en un proceso ininterrumpido. Vale señalar sólo algunos de ellos, a modo de ejemplo:

  • La economía doméstica se ha redimensionado, pasando a ser objeto de reflexión y análisis directo de las familias, en aras de solventar las necesidades principales: se buscan fuentes alternativas de ingresos, se reajustan gastos, se redistribuye el presupuesto familiar.
  • Al mismo tiempo, ante la escasez de algunos productos se han desarrollado nuevos hábitos de consumo: se introdujo la soya en la alimentación, para enriquecer y ampliar productos cárnicos y lácteos (tema que en su momento fue objeto de debate y polémica en espacios públicos y privados de la sociedad cubana).
  • Se retomaron e incorporaron opciones de la medicina tradicional y oriental ante la falta de algunos medicamentos.
  • Se desarrolló para muchos el hábito de consumir hortalizas, vegetales y otros productos, antes poco ingeridos por la existencia de otros alimentos preferidos.
  • Al interior de la familia se han reconfigurado roles. La mujer ha fortalecido su responsabilidad en el seno del hogar, pues de ellas ha dependido en buena medida el buen funcionamiento de la casa y la satisfacción de su familia; demandando de su parte creatividad e iniciativa. Para los hombres la crisis ha supuesto también cambios; al exigir el desarrollo del ingenio y habilidades, casi insospechadas muchas, al asumir distintas tareas domésticas; como mantenimientos y repara-ciones menores de equipos, servicios que casi dejaron de prestarse ante la escasez de recursos del país. Este proceso de reconfiguración de roles se torna particularmente interesante entre las familias que asumen el cuentapropismo como opción de empleo.
  • En la esfera de las relaciones interpersonales la tolerancia ha devenido en cualidad esencial para hacer frente a las adversidades. La misma ha funcionado como recurso, ante la necesidad de lograr bienestar espiritual en todas las esferas.

   La realidad ha cambiado vertiginosamente. Sin dudas, se ha modificado la subjetividad cotidiana. El acercamiento investigativo que pretendemos, en definitiva, nos posibilita dar una visión general sobre la cotidianidad cubana, al tiempo que corroborar la participación de las representaciones sociales como expresión de la subjetividad en la cotidianidad.

METODOLOGIA

   Para dar cumplimiento a esta propuesta nos apoyamos en los resultados que hemos ido obteniendo en los estudios, que sobre la temática venimos realizando desde 1994. Ellos forman parte de nuestra labor investigativa y docente en la asignatura Psicología Social y vida cotidiana, en la facultad de Psicología de la Universidad de La Habana. Como proyecto de investigación, resultó premiado en la edición del curso 1997-1998, del concurso “Alma Mater”, que bajo el auspicio de este alto centro de estudios estimula el quehacer científico en las diferentes esferas del saber.

   Los resultados que aquí deseamos compartir, más que un saber acabado, constituyen análisis preliminares de un amplio caudal de informaciones progresivamente acumuladas. No pretendemos dar afirmaciones conclusivas sobre contenido y estructura de las representaciones estudiadas ni mostrar su configuración concreta; sino más bien aportar informaciones en torno a los posibles elementos del núcleo central. Asimismo, ofrecer todo un conjunto de otros elementos que las conforman y dan cuenta de los constructos cognitivos y afectivos que se integran, de modo particular, para los grupos sociales específicos estudiados. Esto se debe a la etapa de trabajo en que se encuentra el proyecto, el cual se inserta en una investigación aplicada más amplia, sobre las estrategias de solución a los problemas de la vida cotidiana en las situaciones generadas en la crisis de la cotidianidad cubana actual.

   Nos proponemos acercarnos a lo ocurrido desde el estilo de las representaciones sociales hacia determinados objetos de relevante trascendencia para la realidad nacional: el trabajo, la ciencia, la emigración y la tolerancia; en un estudio general con 260 sujetos y en estudios particulares con grupos más pequeños (se especifican las muestras en el momento de los respectivos análisis). Todos los estudios se realizaron en la Ciudad de La Habana, capital del país.

   Hemos privilegiado la metodología cualitativa para realizar un análisis psicosocial. Empleamos como métodos la asociación libre de palabras, la entrevista a profundidad y el cuestionario. Consideramos como técnica fundamental a la asociación libre de palabras por su carácter espontáneo y proyectivo, el cual permite acceder al universo semántico en torno al objeto de estudio. En este caso, para el análisis se combina la frecuencia de aparición de los términos y el orden medio de evocación. Los términos más frecuentes y que, al mismo tiempo, son evocados en los primeros lugares por los sujetos, en principio son considerados las cogniciones centrales del núcleo; luego, se analizan en su contenido con relación al resto de las informaciones captadas en otras técnicas. Es decir, que se combinan las significaciones cualitativas y cuantitativas.

REPRESENTACION SOCIAL DEL TRABAJO

   A partir de las transformaciones operadas en la economía cubana, decidimos tener en cuenta las diferentes formas de propiedad que coexisten en la actualidad: la estatal, la mixta y la privada. Y, en cada una de ellas, seleccionar trabajadores que se desempeñan en diversas ocupaciones: obreros, intelectuales (técnicos o profesionales) y trabaja-dores por cuenta propia (vinculados al sector informal de la pequeña propiedad urbana dedicada a los servicios).

   A los entrevistados se les solicitan palabras o expresiones que les fueran evocadas por el término “trabajo”. Las respuestas se toman en el orden en que fueron emitidas. Además, en la entrevista se indagan diversas cuestiones sobre las características de su actual empleo: ingresos, estimulación, condiciones en que se realiza; así como información sobre concepciones respecto al trabajo, la jerarquía que ocupa en sus vidas, cualidades o requisitos que este debe cumplir, y sus planes y metas futuras con relación a su labor.

   Las informaciones captadas reflejan algunas diferencias en función del grupo social de pertenencia y la forma de propiedad a la cual están vinculados. El análisis integral arroja un amplio repertorio de significados o elementos cognoscitivos en torno al objeto de representación.

   En la asociación libre, cada sujeto evoca un promedio de siete términos. En el resto de las indagaciones abundan las reflexiones personales y la toma de posición precisa con respecto al trabajo como objeto de representación estudiado.

   Dos elementos apuntan como candidatos a integrar el núcleo central:

– Dinero: ganancia, compensación, medio de vida; y

– Agotamiento: cansancio, malestar, preocupacio-
nes, costos físicos y emocionales.

   Es decir, que el dinero en su aspecto económico y social -y con carácter fuertemente simbólico-, constituye un elemento de gran centralidad en la representación. Y a ello se unen, los costos que el trabajo implica como agotamiento.

   Por otra parte, el trabajo se concibe como un medio para obtener ingresos, noción que marca fuertemente las cogniciones. El dinero se asocia, muy frecuentemente, al salario, el cual es considerado como retribución por la labor que se realiza y que, como mecanismo para la satisfacción de necesidades, se le otorga una gran importancia. Afirman que en las actuales condiciones de Cuba, trabajar por dinero se ha convertido en una cuestión casi indispensable para satisfacer las necesidades personales y de la familia. Asimismo, coexisten otras percepciones respecto al trabajo como actividad socialmente útil y que permite la realización personal al mismo tiempo de ser un medio de vida.

   La conjunción de ambos elementos en la actividad laboral es evaluada como la situación ideal, pues afirman que por lo general una puede prevalecer sobre la otra y actuar en detrimento de la otra. Estas referencias son más comunes entre los sujetos dedicados al trabajo intelectual en los sectores de propiedad estatal y mixta.

   Los costos emocionales y físicos ocasionados por el trabajo adquieren mayor fuerza entre los trabajadores por cuenta propia. Para ellos la noción de sacrificio está presente y se asocia positivamente al considerar que propicia la realización de proyectos y metas futuros, así como la obtención de ganancias y dinero. En este caso se denota el estrecho vínculo entre los elementos que estructuran el núcleo de la representación.

   Para los intelectuales, por su parte, se incluyen entre elementos de su representación social del trabajo, la responsabilidad, la inteligencia y los conocimientos. Estas son cualidades o atributos que propician un desempeño laboral exitoso.

   Como requisitos para aceptar un trabajo todos los sujetos plantean varios. Pero preferencian el salario y las condiciones para realizar la actividad laboral. Estas últimas referidas a materiales de trabajo, insumos, entorno físico adecuado, disponibilidad de recursos, compañerismo y buenas relaciones humanas. En particular, los cuentapropistas enfatizan la posibilidad de obtener buenas ganancias, mientras que en los intelectuales predomina la posibilidad de reconocimiento social y actualización profesional mediante su trabajo.

   En sentido general, todos los sujetos conciben el trabajo como un deber social, al mismo tiempo que un derecho consustancial a los derechos de todo hombre. Se subrayan estos dos elementos que integran la representación, pues se proyectan con gran fuerza y refrendan un mecanismo social emancipador a pesar de la situación de crisis en la vida cotidiana actual.

Al evaluarse el lugar del trabajo en sus jerarquías de vida, lo consideran el segundo aspecto más importante, sólo antecedido por la familia. Luego ubican la vivienda y el bienestar social y económico, tanto familiar como general para todos en el país.

   Las representaciones analizadas responden a las condiciones económicas y sociales de vida en el país. Preceptos y valores generales de la sociedad cubana aparecen anclados en estas formaciones. Al mismo tiempo, la inserción a grupos sociales específicos impone matices diferenciadores y, en buena medida, distintivos. Tal es el caso de los cuentapropistas, segmento social en crecimiento actualmente y para quienes el Estado ha dejado de ser el proveedor de sus medios de vida, responsa-bilidad que recae en su capacidad autogestora de ingresos, todo lo cual matiza de algún modo peculiar sus representaciones sociales.

   Hay semejanzas esenciales en la configuración de los núcleos. No obstante, creemos estar en presencia, no de representaciones idénticas, sino de representaciones sociales que tienen elementos centrales comunes conformados a partir de un entorno social general compartido, pero integradas por elementos diferenciados a partir de prácticas cotidianas distintas dadas por sus propias inserciones laborales, que mediatizan los contenidos periféricos de la representación social del trabajo estudiada.

LA REPRESENTACION SOCIAL DE LA CIENCIA

   La aplicación de los nuevos avances de la ciencia y las nuevas tecnologías han hecho emerger procesos sociales que van más allá de la investigación y la producción, y a partir de su enorme capacidad de impacto hacen llegar sus efectos a los distintos ámbitos de la vida cotidiana.

   En Cuba muy tempranamente se consideró el importante rol de la ciencia para el desarrollo del país3. En consecuencia con ellos se ha ido creando una importante red de unidades de ciencia y técnica en todo el territorio nacional, que trabajan para desarrollar y aplicar las nuevas tecnologías y en especial la biotecnología, aplicada a la industria farmacéutica y la rama agroalimentaria. A ella se vinculan un importante grupo de trabajadores, con perspectivas de crecimiento continuo.

   Dentro de la estrategia de reajuste socio- económico cubano en los noventa, un lugar preferente es ocupado precisamente por el sector de la ciencia y las nuevas tecnologías; que apuesta con sus resultados a la salida de la crisis.

   Por tal razón decidimos conocer sobre la Representación social de la ciencia, entre especialistas4 dedicados a la investigación y la producción científica. En una fase exploratoria inicial trabajamos con 70 especialistas a los cuales aplicamos una Asociación Libre de Palabras con el término Ciencia y un Cuestionario, compuesto por preguntas abiertas y cerradas, sobre cuestiones relacionadas con el objeto de estudio.

   Luego del análisis integral de los resultados, los elementos que emergen como centrales y estructuradores del núcleo son:

– Conocimientos nuevos, organizados,sistematizados;

– Creación, innovación, descubrimiento y

– Desarrollo futuro.

   En torno a estos elementos se estructura un amplio caudal de percepciones sobre la función de la ciencia, sus características en Cuba, áreas de prioridad, el rol de los científicos cubanos, etc. Las que sin dudas, son un reflejo de la formación de estos científicos a la luz del proyecto revolucionario cubano (la edad promedio del grupo es de 40 años).

   Para estos especialistas, la ciencia es esencialmente un arsenal de nuevos conocimientos, los que organizados y sistematizados permiten la creación, el descubrimiento y la innovación para el desarrollo futuro. Alrededor de esta red de significados se estructura su representación social, la cual contiene un conjunto de cogniciones y una actitud general hacia la ciencia. Esta organiza y orienta su conducta hacia el quehacer científico como ámbito de su vida cotidiana, el que al constituir su esfera de trabajo, ocupa una buena parte de sus actividades y tiempo vital.

   En esta representación social está presente la ciencia como actividad humana que brinda más beneficios que perjuicios a la sociedad y al mundo en general, pero en dependencia de a quienes sirvan y beneficien los conocimientos científicos. Es decir, si están al servicio de las mayorías de un país y en función de su desarrollo, aportarán principalmente beneficios a la sociedad. Asocian los beneficios de la ciencia en Cuba con las mejorías a la salud de la población y la elevación de la calidad y nivel de vida de esta; así como posibilitar el desarrollo social y económico, en general.

   Desde su representación valoran que la aplicación de los avances científicos en los diferentes sectores de una sociedad, trae consigo, en sentido amplio, las siguientes consecuencias:

  • la humanización de algunos empleos, facilitar el
    trabajo,
  • el aumento de la productividad y la calidad de los
    productos y
  • el desarrollo del interés de los trabajadores por
    superarse.

   En cuanto a los costos por la aplicación de los nuevos descubrimientos, se valora que estos son:

  • económicos, dado el alto valor de la infraestructura
    requerida;
  • potenciales daños al medio ambiente, si se des-
    cuidan las medidas necesarias; y
  • los que suponen desligar los aspectos técnicos, de
    las cuestiones sociales; pues para ellos, ambas cuestiones deben actuar siempre en conjunción; dado el carácter esencialmente humanista y en aras del bienestar social que debe tener la ciencia.

   En sus reflexiones sobre la ciencia otros elementos ocupan importante espacio. Son los argumentos relacionados con las exigencias que supone el rol del científico. Afirman que la responsabilidad y el desempeño afanoso de sus labores debe guiar su trabajo; así como la dirección de sus esfuerzos en la búsqueda de nuevos conocimientos en beneficio de la humanidad en general y del desarrollo del país, en especial. Sostienen que ante las condiciones actuales de Cuba, les corresponde un papel de vanguardia, en el hallazgo de soluciones a los propios problemas, susceptibles de extender al mundo en general. Es decir, en la representación de estos científicos la noción de portador de conocimientos especializados en bien de la humanidad está mediatizada por el compromiso de aportar beneficios a su país, dado el lugar que les ha otorgado en la actual coyuntura económica.

   Estiman que actualmente, un conjunto de limitaciones afecta en el mundo el desarrollo de la ciencia, entre las cuales son típicas de Cuba:

– el atraso de medios y equipos, en algunas esferas,

– las dificultades para acceder a la información
actualizada y

– la no disponibilidad del presupuesto económico
necesario.

   Todo ello toma matices particulares dada la situación derivada del bloqueo norteamericano impuesto a la isla, situación que impacta de modo severo el sector científico cubano. A juicio de estos especialistas todo esto trae consigo determinadas consecuencias, que van desde la lentitud y el retraso del desarrollo en determinadas ramas, la pérdida de mercados y capacidad competitiva, hasta la emigración interna (de sector y rama) o externa, con la consecuente pérdida de excelentes especialistas.

   En resumen, estamos en presencia de una representación social que se estructura en torno a un núcleo definido por términos muy precisos y que cuenta, además, con un conjunto de elementos cognitivos y afectivos. La misma parece orientar de modo muy preciso la conducta de los sujetos y resulta un claro reflejo de la influencia de la situación social en que se desarrollan este grupo de científicos en la configuración de su subjetividad. La representación social de la ciencia entre esos científicos apuesta su éxito al desarrollo futuro del país.

REPRESENTACION SOCIAL DE LA EMIGRACION

   La emigración, como fenómeno universal de traslado de un lugar a otro en el mundo, ha tenido un desarrollo peculiar en Cuba, a partir del proceso revolucionario de 1959. El conflicto bilateral entre Cuba y Estados Unidos ha existido y existe con una beligerancia tal que se afectan las relaciones sociales en todos los órdenes: político, económico, jurídico, ideológico, social, cultural, familiar y, particularmente, se ha visto atrofiada la emigración, no solo en cuanto a las regulaciones migratorias en el plano objetivo sino – y más importante aún para este estudio -, en la subjetividad cotidiana, donde la memoria colectiva establece determinadas relaciones simbólicas entre pasado, presente y futuro, donde las representaciones sociales devienen determinantes y determinadas por el contexto para cada momento histórico concreto.

   Emigrar se configura para los cubanos residentes dentro y fuera de la isla como un fenómeno diferente al de las tendencias regionales y universales matizado bajo un prisma de conflictos y politización extrema, que alcanza niveles individuales, grupales y sociales generales. Sin embargo, en sus aspectos esenciales la emigración cubana ha sido y es un proceso que, desde el punto de vista psicológico, demanda un análisis contextualizado pero universal porque “la decisión de emigrar no es un absoluto económico, social o político sino que su verdadero espacio es el sujeto con sus representaciones simbólicas”5. Así, “mirealidad se configura como “larealidad, es decir, que se naturaliza como lo cotidiano, conocido y obvio, cobra mayor fuerza y se convierte en mecanismo dinamizador de la subjetividad cotidiana. Es en este sentido, donde las representaciones sociales dan cuenta de los cambios operados en torno a la emigración, como mismo ocurrieron a finales del siglo XIX y primeras décadas del XX (que no es objeto del presente estudio), así ocurren y se analizan al triunfo de la revolución y hasta los años setenta, en los ochenta y ahora en los noventa, preludio de cambios para la centuria que se avecina.

   ¿Qué referentes contextualizan la emigración en los últimos cuarenta años? En apretada síntesis, señalamos puntualmente aspectos fundamentales y aún vigentes:

  • Primero, se ubica geográficamente en Estados Unidos (donde reside la gran mayoría de los emigrados cubanos6) y, en particular, la comunidad asentada en la ciudad de Miami, deviene modelo referencial del emigrado hacia cualquier otro país.
  • Segundo, es un proceso altamente politizado, dependiente de las privilegiadas leyes inmigratorias norteamericanas aplicadas a los cubanos, así como de las regulaciones migratorias cubanas y de los acuerdos bilaterales firmados por ambos países.
  • Tercero, evidencia peculiares ciclos en función de las vías de salida legales e ilegales utilizadas, los motivos y causas para emigrar, las cifras y características sociodemográficas, las condiciones socioestructurales y expectativas en la vida cotidiana cubana, la estimulación desde un modelo de éxito en el estilo de vida norteamericano, las relaciones personales, familiares y culturales con los cubanos residentes en el exterior, entre otros posibles factores.
  • Cuarto, las consecuentes variaciones en el patrón migratorio cubano y en los flujos migratorios regionales7.
  • Quinto, y por último no menos importante, los cambios en la connotación social de la emigración producto del contexto actual de la crisis en Cuba y donde la emigración deviene una de las posibles estrategias de solución a los problemas en la cotidianidad.8

   Para este trabajo, abordar la representación social de la emigración, requirió analizar los resultados del estudio realizado con 260 sujetos, a quienes se aplicó la Asociación Libre de Palabras con el término emigración. Además, para profundizar en las perspectivas del cambio de este fenómeno en la subjetividad cotidiana, se realizaron entrevistas a otro grupo de 120 sujetos, quienes aportaron su historia migratoria familiar y realizaron la asociación con la palabra emigrar, respecto a los tres momentos mencionados, del proceso migratorio cubano después de 1959, los cuales integran en la memoria colectiva los cambios operados en la representación social.

   Los resultados permiten construir el repertorio semántico en torno al objeto de representación. Así, para todos los sujetos, los elementos cognitivos que esencialmente integran el núcleo de la representación social de emigrar son:

  • Trasladarse a otro país (irse del país, salida, viajar, escapar, abandonar, otro lugar);
  • Solución positiva (necesidad, solución, alternativa, expectativa, esperanza, progreso, satisfacción, mejor vida, oportunidad); y
  • Consecuencias negativas (separación, lejanía, des- unión familiar, tristeza, añoranza, olvido, pérdida de raíces, inestabilidad, miedo, no pertenencia).

   La representación se organiza en torno al traslado geográfico como medio para reestructurar la vida en otra cotidianidad, evadiendo las presiones de un contexto cotidiano marcado por la crisis. Al mismo tiempo, integra la noción de expectativa de éxito pues la representación se configura como solución positiva a los actuales problemas, dentro de la gama de alternativas posibles de asumir como estrategias de enfrentamiento a la crisis.

   No obstante, un tercer elemento es importante destacar, puesto que se integra por ideas aparentemente contradictorias. Resulta que en dicha representación están presentes también las consecuencias negativas asociadas a la emigración, sobre todo, los costos psicológicos a nivel individual, en función de las pérdidas y la separación familiar.

   La influencia social, desde el punto de vista histórico concreto, es lo que permite comprender la presencia de elementos contradictorios integrados en la representación social de la emigración. Esto no es más que la expresión en la subjetividad cotidiana, por una parte, de la politización que ha atravesado el fenómeno migratorio a lo largo de estas cuatro décadas y, por otra, del conflicto interno consustancial a la psicología del emigrante. Un sujeto lo representa al decir emigrar es “palomas que vuelan, pero dejan algo en el camino”.

   Por otro lado, se destacan imágenes o símbolos en torno a la emigración. Así evocan las balsas y botes, el avión y el bombo (sorteo, lotería). Estos son los medios y vías más usuales en la realidad cubana para emigrar y así los recoge el discurso popular cotidiano.

   Ahora bien, la representación social de la emigración es considerada como una interpretación de la historia de este fenómeno y, a su vez, cambia en el tiempo y en función de la perspectiva categorial en torno a la cual se estructura la misma. ¿Cuáles son los cambios ocurridos en la representación social del grupo estudiado, según los momentos y categorías del análisis definido?

   El primer momento corresponde históricamente al principio de la Revolución y se extiende hasta fines de los setenta. Esa cotidianidad se vivía atravesada por la desestructuración que implicaron los cambios sociales radicales en función de las mayorías, los cuales impactaron todas las esferas de la vida. En ese contexto se asocia emigrar con clase alta, burgueses, afectados (dimensión clasista); y con dictadura, batistianos, gusanos, contrar-revolucionarios (dimensión política).

   El segundo momento abarca la década del ochenta y está signado por los acontecimientos ocurridos en el Mariel.9 En este caso, la dimensión clasista no está presente y emigrar se asocia a gusano, contrarrevolución, escoria, antisocial, gente en desacuerdo (dimensión político-ideológica). Los elementos centrales de la representación son significados de un fuerte matiz ideológico dentro de la dimensión política (ya los personeros de la dictadura no son parte del escenario cotidiano). Lo afectivo cobra un espacio importante en el campo de la representación. Pasados veinte años desde el triunfo de la revolución, la dimensión clasista ocupa un segundo plano dentro de la cotidianidad; los representantes de la clase acomodada y expropiados de sus bienes, en su mayoría, se habían ido del país.

El tercer y actual momento, se corresponde con los años noventa, década denominada Período Especial. La representación se estructura – tal y como analizamos antes – en torno a elementos directamente vinculados a las alternativas de solución a las situaciones generadas por la crisis. Esto significa un cambio de tendencia en la perspectiva categorial que estructura la representación; emigrar significa irse del país, búsqueda de lo mejor, más oportunidades, solución, satisfacción de necesidades, aunque implica separación, sacrificio y ayuda familiar. La dimensión clasista ha desaparecido y la dimensión político-ideológica parece moverse como eje del núcleo central para formar parte del campo de la representación social de la emigración en este grupo.

   Esta estructura representacional da cuenta de los cambios operados en la cotidianidad, tanto por la impronta de lo económico en la vida cotidiana y por el proceso de flexibilización de las regulaciones migratorias cubanas, como por la jerarquía del entorno familiar y personal, espacios importantes en la subjetividad de los grupos e individuos estudiados.

   La representación social de la emigración construida demuestra el carácter cambiante de esa formación subjetiva. Actualmente, al parecer, los elementos cognoscitivos que la configuran dan cuenta de la integración de nuevos espacios de tolerancia en la vida cotidiana cubana. El desarrollo social devenido, implica transformaciones dialécticas y contradictorias, donde la tolerancia cristaliza como cualidad necesaria para la normalización de las relaciones interpersonales y familiares en la relación emigración y vida cotidiana.

REPRESENTACION SOCIAL DE LA TOLERANCIA

   No ha de resultar extraño que se hable de la tolerancia en relación con la vida cotidiana. Es, precisamente, una de las virtudes más útiles en la vida social y, en especial, cuando la situación socioeconómica deja su impronta en la organización de la vida. La crisis demanda y abre espacios a la tolerancia. ¿Pero, qué se entiende por tolerancia? ¿Cómo el sentido común expresa la tolerancia en la vida cotidiana cubana actual?

   Revisar diferentes diccionarios nos resultó un ejercicio más necesario que ocioso. La noción de tolerancia que manejan se expresa como: soportar con indulgencia, aceptar, admitir, aguantar: y como sinónimos: sufrir, sobrellevar, soportar, tragarse, transigir, disimular. Muchos son los adjetivos. Todos, refieren a un concepto europeo, blanco, histórico, culturalmente limitado y justificativo, defensivo y excluyente para preservar un orden social hegemónico.

   Las Ciencias Sociales en aras del progreso humano, proponen una noción avanzada de tolerancia. Esta conserva ciertas dosis de los referentes anteriores e intenta enfatizar, al decir de Leopoldo Zea (citado por Espina, 1995a), el derecho a la diferencia, la posibilidad de convivir con la diferencia, la virtud de aprender de diferentes. Asimismo, desde la psicología, se propone trabajar la tolerancia como el desarrollo en el ser humano no sólo de la capacidad de hacer frente a una sobrecarga, de una actitud permisiva frente a concepciones o comportamientos de otras personas diferentes a las del sujeto, sino también el desarrollo por el respeto a los demás, como fase elevada del desarrollo de la personalidad.

   Desde estos referentes, estudiamos la representa-ción social de la tolerancia en el grupo de 260 sujetos ya señalados. El análisis se realiza distinguiendo algunos grupos en la sociedad cubana actual por las diferencias que se precisan en los resultados de la investigación.

   Se estructuran dos representaciones sociales en función de los elementos que componen el núcleo central, bien diferenciados para cada caso. Ellas son:

  • La tolerancia asociada a soportar, admitir, resistir, aguantar, resignarse, doblegarse; principalmente, en la representación social de obreros, trabaja-dores de servicio, jubilados y amas de casa; y
  • la tolerancia evoca respeto, indulgencia, compren-sión, consideración a los modos de pensar y sentir de los demás, flexibilidad, convivencia, entendimiento, desarrollo personal, sobre todo entre los técnicos, profesionales y estudiantes universitarios.

   Para todos los sujetos, la representación social de la tolerancia -aunque configurada para cada caso en forma diferente- deviene recurso personal para asumir la vida cotidiana actual. Los sujetos pertenecientes al segundo grupo, se plantean de manera consciente la necesidad de ser tolerantes. Y, los del primer grupo, que se autorreconocen tradicionalmente como intolerantes, afirman que la situación de crisis les ha impuesto ser tolerantes, para subsistir ante las contingencias que depara un mundo cambiante.

   Todos concuerdan en la apertura de nuevos espacios de tolerancia que se ha producido en la vida cotidiana actual. Se adoptan actitudes tolerantes hacia diferentes objetos de la realidad, como los apagones (interrupciones del fluido eléctrico), los nuevos productos alimenticios incorporados a la dieta tradicional (soya), la escasez de transporte y empleo de nuevos medios y formas de trasladarse (bicicleta, metrobús, pedir “botella”).

   Por otra parte, se han movido los umbrales de tolerancia. Hay mayor tolerancia hacia el mundo público, social e institucional (jefes, compañeros de trabajo, vecinos y sociedad en general). Pero no así con el mundo privado, se es menos tolerante con la familia y los amigos cercanos; de ellos se espera mayor comunidad de ideas, actitudes y comprensión, cosa que al no suceder genera frustración y estrecha los límites del respeto al criterio ajeno.

   Ser tolerantes ante situaciones de crisis en la cotidianidad, se considera una estrategia funda-mental porque permite disminuir preocupaciones, estrés y tensiones. Ante la ruptura que implica desestructurar la vida cotidiana, emergen representaciones sociales de la tolerancia que, si bien son diferentes, ambas integran la posibilidad de un acercamiento a comportamientos sociales cuyos referentes se aproximan a la noción avanzada de tolerancia.

REFLEXIONES FINALES

   La vida cotidiana es en sí misma, susceptible de constituir un objeto de representación social. La naturaleza de la cotidianidad, en tanto sistema en continuo movimiento y transformación, hace que resulte difícil desde el punto de vista empírico, atrapar la complejidad que es la vida misma.

   Toda representación supone la reconstrucción de la realidad social. Si el objeto de representación es la propia realidad -es decir, la vida cotidiana-; entonces, la complejidad de ese empeño alcanza límites insospechados. No desestimamos andar por el camino de lograr ese propósito, pero hasta el momento en que se encuentra nuestra investigación, nos hemos acercado a la comprensión de la vida cotidiana cubana, desde las representaciones sociales de aquellos objetos específicos que, mediante aproximaciones sucesivas, posibilitan comprender las dinámicas de la subjetividad cotidiana en su conjunto.

   Consideramos que la representación de la vida cotidiana está integrada, a su vez, por un conjunto de representaciones hacia objetos estrechamente relacionados con el sistema en que se estructura la cotidianidad en cada momento histórico social concreto. Aquí se pone en evidencia que el estudio de la representación social del trabajo, la ciencia, la emigración y la tolerancia -entre otros-, como objetos socialmente significativos de la realidad cubana, aporta elementos centrales de la subjetividad social y permite aproximarnos a la comprensión de la vida cotidiana actual.

   A su vez, ha quedado demostrado que las representaciones sociales están sujetas a todos los procesos de influencia social. En tanto pensamiento colectivo construido, se van transformando por la interacción entre los grupos sociales y la realidad contextual. Entonces, para entender y extender el alcance de cualquier estructura representacional es necesario tener en cuenta todo el sistema de relaciones sociales en el cual se construye, es decir, en el escenario natural de la vida misma, que es la vida cotidiana como sistema.

REFERENCIAS

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PUBLICADO EN: REVISTA CUBANA DE PSICOLOGIA  Vol. 18, No. 1, 2001