¡Están todos!… ¿Y qué?

votaciónPor: Gleydis Sanamé Chávez, estudiante de Periodismo.

La lista me decía:

-¡están todos!

Yo añadí:

-y… ¿vendrán?

   Cerca de quinientos nombres eran vistos por mis ojos desde aquel momento en que contaron conmigo para formar parte en la mesa electoral, durante los comicios de circunscripción. No me opongo a participar, creo que en el amplio abanico de eventos asociados a las elecciones en Cuba el más democrático es el relativo a este nivel, pero uno siempre es testigo de reflexiones y posturas que llevan a un cuestionamiento razonable.

Según el gran estudioso Michel Foucault, poder, que proviene del latín possum, significa ser capaz, tener fuerza para algo, o lo que es lo mismo, ser potente para lograr el dominio de un objeto físico o para el desarrollo de tipo moral, político o científico. El estudioso Francisco Ávila- Fuenmayor publicó en la revista de filosofía A Parte Rei un análisis de esta figura de las teorías políticas, según este investigador el verbo se identifica con el vocablo potestas que traduce potestad, potencia, poderío, capacidad.

Ciertamente, lejos de un apego a las potencialidades económicas, partidistas o de carácter intelectual, la base de los comicios en Cuba parte de una propuesta de delegados que no cuenta con esquematismos previstos, el pueblo vota por quien cree más preparado o dispuesto para tal posición: un médico o un carpintero, un abogado o un enfermero, del Partido Comunista o no; claro, no debe ser una persona con graves antecedentes penales o con indisposición ciudadana, no puede mostrar problemas mentales, ni ser menor de 16 años. Sin embargo, se perciben últimamente inseguridades en las asambleas de nominación: ¿cuál es la causa por la que las personas rehúyen a ser mencionados para determinados cargos?, ¿qué lleva a que una vez declarado a un ciudadano como propuesta exista cierta unanimidad en el proceso de voto?, ¿qué condiciona el ir a las reuniones por simple cumplimiento y no por disposición?

En mi circunscripción nombraron dos, a duras penas, cuando la ley da la libertad de que hasta ocho pueden ser designados. Luego de que el presidente de los CDR diera paso al proceso, reinó un estado de mutis bastante amplio, cosa que denota dejadez o falta de credibilidad en lo que se hace. Cuando en reuniones levantan la mano juntos, rápido, y sin ninguna oposición, te das cuenta de que es para salir urgente del asunto e ir a ver la novela, la serie del momento u ocuparse en cualquier otra cosa. La unanimidad en una actividad así, casi siempre, es toda una aberración. No es posible que las personas coincidan, al detalle, en valoraciones y argumentos sobre un individuo, mucho menos cuando es propuesta nueva; sería un antónimo de la dialéctica citada y explicada por los clásicos del marxismo. Por su genialidad, capacidad, honradez e historia como muestra, con Fidel Castro este tipo de fenómenos fue permisible en Cuba, pero en capas inferiores donde muchos dirigentes, esclavos del oportunismo, no cumplen con lo que deben, la reelección y la no decisión de saber a quién poner es algo bastante embarazoso.

A la hora de elegir al delegado, ese esperado por unos y muchas veces detestado domingo, quien está sentado en la mesa observa actitudes, no generales, pero no gratas en cuanto a identificación con lo que se hace. ¡Déjame salir rápido de esto!, ¡no sé ni a quién marcar! o ¡total!, ¿para qué?; son algunas de las credenciales con las que se acercan. ¿Si usted previamente votó en una asamblea por una persona, a esa hora no va a saber a quién elegir? Realmente no tengo presente hasta dónde quienes atienden el poder popular conocen la situación y si la nueva ley electoral, en conformación, busca liquidar los actuales problemas. Mi experiencia no es única, he conocido otras.

Sobre las elecciones decía el Apóstol: “Este modo de elegir es más honrado, porque no triunfan en las urnas, ni influyen en el voto razones personales, sino ideas”. Se trata de eso, ser consecuentes con lo que se piensa. Si existe en Cuba la oportunidad de saber leer y escribir para no ser engañado y poder votar sin que otro lo haga por uno, lo que queda es ser uno mismo. Algunos lo son, otros no, porque cuando dan media vuelta y tras tres pasos abandonan la urna, se comportan como los más incrédulos y escépticos.

Causas existen. Las personas alegan que es un problema ser delegado porque no se tiene cómo gestionar y suplir lo que el pueblo denuncia, porque no hay cara, a veces, para las rendiciones de cuenta; igualmente asciende esa opinión cuando se trata de ser representantes en municipios, provincias o en el Parlamento. También acotan que estos cargos absorben tiempo.

Hay algo que la Concepción Materialista de la Historia afirmó con total raciocinio: el ser social determina la conciencia social, la base económica determina a la superestructura, en última instancia. Cuba, como país en crisis, padece la falta de credibilidad en ciertos dirigentes, entre otras cosas, por la ausencia de recursos a la hora de situaciones, lo cual no quita que existen muchos que se aprovechan de las carencias para tomarlo como eslogan ante cada problema; por ello la gente deja de creer, de analizar, de votar.

Asumimos como democracia a la forma de Estado que se distingue por la participación de los ciudadanos en el gobierno, su igualdad ante la ley y la concesión de derechos y libertades políticas en los individuos. En Cuba la democracia se entiende por el poder de las MAYORÍAS, de las masas. En el parlamento, lo mismo vemos a un músico que a un maestro; lo mismo a uno que cobra mil pesos CUP que al que recibe $350; pero lo anterior no omite la ausencia de representatividad de unos cuantos ante los ciudadanos. Otro problema frecuente es el conformismo, especialmente en reuniones de CDR, donde, varias veces, no se plantea lo disfuncional por la sospecha de que seguirá igual y no tendrá respuesta. ¿Qué pasa en Cuba?, ¿no estamos en revolución?, eso creemos los de izquierda; pues que sea cambiado todo lo que debe, sin olvidar a las mayorías ni las causas por las que se ha luchado, pero no haciéndonos ciegos ante la tormenta.