Cartas a La Joven Cuba

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Por: La Joven Cuba (lajovencuba@umcc.cu) En Twitter: @lajovencuba

A partir del artículo Educación en Cuba: ¿inversión o gasto? Se recibieron varias cartas en el buzón del correo de La Joven Cuba con diferentes comentarios. No ha sido la primera vez. Nuestros artículos llegan por diversas vías a personas sin acceso a internet y luego nos hacen llegar sus opiniones por correo.

La administración de La Joven Cuba decidió, previa autorización con los remitentes, hacer pública estas opiniones. Que sirva este espacio para fomentar aun más el debate tan necesario.

Las cartas publicadas reflejan las opiniones personales de los autores. No necesariamente La Joven Cuba comparte el criterio de los mismos.

Señor Roberto Peralo:

Un amigo de la Universidad de Pinar del Río tuvo a bien hacerme llegar su texto sobre el asunto de los graduados universitarios que deciden ejercer otras labores o irse al exterior a hacer sus vidas. Comparto su preocupación, aunque mi perspectiva sobre este particular es algo diferente.

Agradezco que haya comenzado mencionando nombres de personas, y no datos estadísticos. En definitiva, ese es el centro del asunto, lo que está en juego: las vidas de las gentes. Puedo comenzar refiriéndome a mi experiencia personal. Me gradué en el año 1999, en la Facultad de Biología de la Universidad de la Habana. En estos momentos, tengo amigos y conocidos que cursaron carreras en la UH, o en otras universidades, dispersos en casi todo el mundo. Israel, Italia, Gran Bretaña, Alemania, España, Canadá, Estados Unidos de América… y la lista se extiende. Puedo dar fe de la calidad humana y la formación intelectual de la mayoría de ellos. Y no sólo amigos y conocidos, también mi familia ha crecido allende los mares. Creo que los de mi generación fuimos privilegiados por la educación que recibimos, desde los primeros años escolares, hasta la universidad. Se agolpan en mi memoria sus nombres y rostros, a muchos de ellos me une todavía un afecto entrañable.

Siento dolor porque el país se desangra. Hay mucho talento y buen corazón que se marcha de Cuba. Creo que cualquiera enarcaría las cejas ante los datos no sólo de los que se han ido a Ecuador, sino de la totalidad de profesionales que se han marchado de Cuba, o los que debieron salir de su ambiente profesional para ejercer otras labores. Pero hay varios puntos en su acercamiento al tema que en mi opinión merecen algo más de reflexión. Usted usa las expresiones “por diferentes motivos” o “por razones lógicas” para referirse a las causas de la migración o el cambio de trabajo a categorías no universitarias, y esto es algo que necesita ser precisado, pues usted hace más énfasis en los recursos que pierde el Estado, que en la vida de las gentes. La responsabilidad siempre parece ir hacia abajo, como por gravedad. Usted habla del derroche del dinero invertido por el Estado y del futuro hipotecado. Pues bien, el Estado tiene obligaciones que poco se mencionan, pues el futuro de varias generaciones de cubanos ha sido sucesivamente hipotecado por el Estado y nadie parece pedir disculpas por ello. Esta es una de sus razones lógicas. La persona humana tiene tanto derecho a que le sean garantizadas las condiciones para su progreso espiritual y material, como el derecho a la educación y la salud. Nacimos para ser plenos como personas, en todas nuestras dimensiones. El centro de nuestra existencia, no es una épica campaña política. El ser humano lleva inscrita en su naturaleza otro tipo de exigencias y necesidades, cuya raíz más profunda no puede ser comprendida desde el materialismo que niega toda metafísica. Sin embargo, basta con revisar los discursos de los principales políticos cubanos para comprender que el progreso de las personas y las familias cubanas nunca ha sido un punto central en sus palabras ni en su agenda política. Los futuros de los cubanos han sido hipotecados por unas circunstancias políticas que de pronto parecen haber cambiado. Y los futuros, y también los presentes que han sido hipotecados no son sólo los de profesionales. Si tiene alguna duda, salga a las calles y observe cuántos jubilados, que no pudieron guardar una cuenta bancaria para su retiro, porque ni siquiera les alcanzaba el salario, además de cobrar una jubilación escandalosamente insuficiente, se dedican a vender cualquier cosa para ganar algo más de dinero.

En cuanto al hecho de marcharse, puedo asegurar, por lo menos en los casos que conozco, que quienes han debido irse sólo lo han hecho con dolor, creo que para nadie ha sido fácil. Ningún cubano se desprende con facilidad del suelo patrio. Aunque usted no lo menciona, también los estudiantes y sus familias pagaron una cuota grande de sacrificio, principalmente en los años 90`, en las duras condiciones en que muchos estudiamos nuestras carreras. También se hipotecaron muchas familias cubanas con la esperanza de un futuro mejor para sus hijos.

Cuando se estudia en la Universidad, se hace pensando en la realización personal en todas sus manifestaciones, y eso incluye la posibilidad de que nuestra obra contribuya en alguna medida al bienestar y desarrollo de la patria a la que nos debemos, pero también está el desarrollo profesional. Todos aspiramos a emplearnos a fondo, a desarrollar nuestras capacidades intelectuales, en un medio que sea propicio, a sentir el reconocimiento social por el resultado de nuestros esfuerzos. Si el gobierno no garantiza esas condiciones, los graduados deben escoger a menudo entre la frustración en su vocación profesional y una vida llena de tensiones por la supervivencia inmediata, o buscar otros horizontes. Tampoco quedarse equivale necesariamente a frustrarse, no hay motivos para ser simplista, ni todos los profesionales que se han marchado, han logrado revalidar títulos ni vivir de sus estudios universitarios. No obstante, seguramente las estadísticas del éxodo indicarán hacia dónde se inclina la balanza.

Me resulta particularmente inquietante la opinión del funcionario cuya identidad o cargo usted no revela. Es para preocuparse que un funcionario del gobierno piense de esa manera tan extraordinariamente mercantilista, pues pudiera mostrar la perspectiva que se tiene desde las instituciones políticas del país. ¿Cómo un funcionario del gobierno se atreve a hablar de “profesionales que sobran”? Dios quiera que se trate sólo de una opinión personal, pues de otra manera sería mucho más grave que los sistemas capitalistas que usted critica. Por cierto que las generalizaciones conllevan muchas veces una carga de injusticia. La afirmación que usted hace sobre la indiferencia al aporte social de los recién graduados en otros sistemas no refleja toda la realidad. Existen muchos matices en diferentes países en el mundo. Tampoco parece que a su funcionario del gobierno (entiéndase, los funcionarios de los gobiernos son el rostro y la opinión visible de los gobiernos, para eso les pagan) le importe mucho el aporte social de los graduados cubanos, su interés está desplazado a las remesas.

También merece reflexión el asunto de las “políticas efectivas” que usted parece esperar de parte del Estado. Quisiera estar equivocado, pero creo ver en sus palabras el deseo de que el Estado aplique medidas punitivas o de control para evitar el éxodo. De ser así, sería de lamentar, pues no solucionaría el mal de fondo. Si, en sus palabras, la pérdida de profesionales se debe a “razones lógicas”. ¿Por qué no profundiza más en dichas razones, o en el modo de solucionarlas? ¿No es acaso un facilismo esperar por medidas de control por parte del Estado? La pérdida de profesionales es una arista de un problema mucho mayor, y que afecta a la sociedad en su conjunto. Atravesamos una profunda crisis a todos los niveles, que no se va a solucionar con mecanismos para intentar retener a ultranza a nuestros profesionales dentro de la frontera. Yo también deseo lo mejor para Cuba, y sueño con el día en que los profesionales puedan –podamos- vivir dignamente en nuestra patria, y logremos contribuir al desarrollo en todas las esferas de la sociedad en la tierra en la que vimos la luz.

Saludos cordiales, desde Pinar del Río.
Jorge Adalberto Núñez Hernández
Centro de Investigaciones y Servicios Ambientales ECOVIDA