Pavel Vidal: Cuba debe restringir lo que exacerbe el control y el aislamiento


Por: Roberto Veiga

Cuba vive, con mucho dinamismo, la consolidación de sus relaciones internacionales. En la actualidad el país ha iniciado el proceso de normalización de sus vínculos con Estados Unidos; busca un nuevo marco de cooperación bilateral con la Unión Europea; ha recibido, por primera vez, a un Presidente francés; se presta a recibir, en septiembre próximo, al Papa Francisco y ha acogido la visita de varias delegaciones de alto nivel de importantes países del orbe. En este contexto, el tema de la reforma monetaria, por el lugar que ocupa dentro del sistema económico de la Isla y sus relaciones con el mundo, alcanza una relevancia significativa. Para dialogar sobre este importante asunto conversamos con el joven economista Pavel Vidal, uno de los más importantes analistas cubanos sobre la materia.

¿Cuál resulta ser el estado actual de la moneda cubana? ¿Cuál es su valor real? ¿En qué condiciones se encuentra para constituirse en instrumento del trabajador para satisfacer las necesidades humanas?

Todos los que vaticinábamos que el “día cero” para el comienzo de la reforma monetaria sería en enero de 2015, nos quedamos esperando. El Gobierno sigue diciendo que se avanza en la preparación pero sin dar nuevas pistas sobre el cronograma monetario para unificar el peso cubano (CUP) y el peso convertible (CUC). Tampoco se conoce
exactamente cómo se reducirá la brecha entre las tasas de cambio vigentes.

Tal vez la esperanza de mejoramiento económico a partir de las nuevas relaciones con Estados Unidos inclinó la balanza a favor de la decisión de esperar un poco para aplicar esta compleja medida en un mejor momento económico.

Un problema que exige posponer la reforma monetaria es la
incertidumbre en la población y en las empresas sobre el valor futuro de la tasa de cambio y de la inflación. En particular, para los inversionistas extranjeros la eventual reforma monetaria es un elemento de riesgo cambiario y financiero, dado que no conocen qué implicaciones tendrá sobre sus negocios.

El principal problema asociado a la moneda cubana es el excesivamente sobrevaluado tipo de cambio 1CUP:1USD. Ello tiene enormes costos para el sector empresarial, distorsiona la medición económica y los salarios reales, y en correspondencia, afecta la eficiencia de las decisiones económicas y la asignación de recursos. En particular, afecta al sector exportador y a todos los productores nacionales con potencialidades de competir con las importaciones.

¿Por qué la moneda nacional se encuentra en la crisis descrita?

La historia de cómo llegamos al punto actual es bien conocida. La dualidad monetaria comenzó con la dolarización parcial de la economía cubana en los años noventa, vinculada a la crisis económica. Desde esta fecha circularon paralelamente en la economía cubana y con carácter institucional: el peso cubano y el dólar estadounidense. En 2003 y 2004 el Gobierno puso en marcha un grupo de acciones que llevaron a la sustitución de las funciones del dólar estadounidense (USD) por una tercera moneda: el peso cubano convertible o CUC. De esta manera se llega a la situación actual en la cual la economía ya no está dolarizada, pero se mantiene la circulación paralela de dos monedas, ahora entre el peso cubano y el peso convertible, ambas emitidas por el Banco Central de Cuba.

En la década del noventa, junto a la doble moneda, se introdujo otro factor más distorsionante, la duplicidad de tipos de cambio. En 1995 el tipo de cambio paralelo fue asumido por la recién creada red estatal de Casas de cambio (Cadeca) que efectúa operaciones con la población, con los cuentapropistas y con los turistas. Sin embargo, el nuevo valor del peso cubano nunca se extendió a la contabilidad y a las operaciones cambiarias del sector empresarial. La empresas, cooperativas agropecuarias y organizaciones públicas, han seguido operando con el tipo de cambio de los años ochenta: 1CUP:1USD.

En última instancia, creo que este modelo monetario de dos monedas y tasas de cambios múltiples fue el resultado de la llamada “economía hecha a mano”, donde se procuró un mayor control sobre la asignación de recursos a través de la discrecionalidad, las segmentaciones y una gestión microeconómica de la macroeconomía. La política económica buscaba casi que una solución particular para cada problema. Desde esta perspectiva, se entendió como favorable poder decidir qué empresas trabajaban con qué moneda, decir cuántas divisas se asignaban para cada proyecto de inversión y mantener segmentaciones de los mercados por el tipo de moneda. Vale señalar que en muchos casos todavía hoy prima esta visión. Precisamente por ello es que la eliminación de la dualidad monetaria implica a su vez un cambio de mentalidad sobre la manera en que debemos gestionar la economía.

¿Cuáles serían las medidas fundamentales que deben implementarse para asegurar el proceso de recuperación de nuestra moneda? ¿Qué
importancia tendría, en este proceso, la unificación de la moneda?

No se conoce la estrategia que seguirá el Gobierno para unificar las monedas y las tasas de cambio. En el último año han aparecido dos extrañas señales que introducen nuevos “ruidos”.

En primer lugar, los mercados minoristas en pesos convertibles han extendido la práctica de aceptar el pago en ambas monedas. Es decir, en estos momentos las cadenas de tiendas estatales facturan el mismo producto en pesos cubanos y en pesos convertibles. Para ello han debido hacer una gran inversión en reformular los sistemas contables, informáticos y de manejo de flujo de caja, así como en la preparación de los trabajadores involucrados en estas operaciones.

Lo anterior puede estar indicando que la convivencia de dos monedas en la circulación minorista va para largo. Es decir, el llamado “día cero” podría eliminar el peso convertible en el sector empresarial, pero concederle a la población un plazo más extendido para eliminar esta moneda de la circulación.

En segundo lugar, se decidió que para el pago de los salarios de las empresas extranjeras se empleará la tasa de cambio de 2 CUP: 1USD. Esta tasa de cambio es diferente a la tasa de 10 CUP: 1USD, que se venía empleando en los experimentos monetarios empresariales que estaba aplicando el Gobierno. Se utilizó, por ejemplo, en las ventas de productos agrícolas de los campesinos a los hoteles, en las cooperativas no agropecuarias y en un grupo de empresas estatales seleccionadas. Asimismo fue la tasa de cambio anunciada para el pago de salarios en la Zona de Especial de Desarrollo Mariel.

Antes de conocerse esta medida, todo indicaba que la nueva tasa de cambio estaría alrededor de 10 CUP: 1USD. Pero ahora aparece otra tasa de cambio distinta que introduce nuevas incógnitas, incluso deja abierta la posibilidad para que la unificación de monedas no implique la unificación de los tipos de cambio, sino que se esté optando por ampliar el sistema de tipos de cambios múltiples. De todas las variantes posibles, esta siempre se ha visto como la más dañina por las distorsiones que introduce, los incentivos que genera al arbitraje entre monedas y a la corrupción, como se ha demostrado recientemente en los casos de Venezuela y Argentina.

Por ahora, la reforma monetaria sigue siendo una incógnita y aparecen dos nuevas hipótesis: que no se elimine de una vez el CUC de los mercados minoristas y que el Gobierno opte por los tipos de cambios múltiples.

Muchos aseguran que la unificación de la moneda lanzaría, al menos durante un período de tiempo tal vez largo, a significativos segmentos sociales hacia una crisis económica mayor, ¿resulta esto cierto? ¿Qué podría hacerse para atenuar esos daños sociales?

El año pasado escribí un artículo para la agencia Inter Press Service (IPS) donde enfatizaba en la importancia de tener una reforma monetaria real y no nominal. Es decir, la devaluación del tipo de cambio y la unificación de las monedas deberían afectar los precios relativos, los balances financieros de las empresas y los salarios reales. La política económica no debería anular los efectos de la devaluación sino amortiguarlos allí donde menos capacidad de reacción inmediata se identifique y donde se prevean mayores costos sociales.

En el artículo expresaba que “si la unificación monetaria no produce un cambio de la situación financiera de las empresas, si no estimula las exportaciones, si no tiene efecto en los salarios reales, y en general, no mejora la eficiencia en la asignación de recursos en la economía, todos estos años de planificación de la reforma monetaria, el despliegue operativo que tendrá lugar el llamado “día cero” y la incertidumbre monetaria que provocará la medida, habrán sido prácticamente en vano.”

En la medida en que la unificación monetaria tenga efectos reales e incentive una respuesta del sector productivo, habrá más recursos para amortiguar los eventuales daños sociales. El dilema es que en el corto plazo la reforma monetaria genera sobre todo costos porque producirá inflación y estrés financiero; los beneficios se comenzarían a apreciar en el mediano plazo. Cómo completar esta brecha temporal entre costos y beneficios resulta ser la gran pregunta que desafía a los diseñadores de la reforma monetaria. Aquí hay un terreno para pensar en distintas opciones de política fiscal.

¿Cuánto pudieran contribuir las relaciones económicas con Estados Unidos al propósito de conseguir un desarrollo económico sólido que beneficie equitativamente a todos? ¿Necesitaríamos, igualmente, insertarnos en los mecanismos financieros supranacionales? ¿Por qué?

Creo que la nueva política de Estados Unidos hacia Cuba podría favorecer nuestra economía. Sin embargo, por ahora, hasta que finalice el embargo en su totalidad, el aporte sustancial ocurriría por medio del estímulo a las inversiones de otros países. Me refiero a la señal positiva que esta negociación ofrece a la comunidad internacional y que de seguro la estimulará a una intensificación de sus vínculos con Cuba, en particular los económicos. Por otro lado, resulta conveniente comprender que el comercio con Estados Unidos, el turismo
estadounidense y las inversiones provenientes de este país, serán realidades que se irán incorporando progresivamente y por ende tendremos que esperar para percibir sus resultados y emplearlos de manera suficiente en el desarrollo económico del país.

No obstante, Estados Unidos ya podría retirar su veto para la entrada de Cuba a los organismos financieros multilaterales. Esto
multiplicaría nuestras posibilidades de integración internacional. Así sucedió en Vietnam, que es un ejemplo que muchas veces tomamos por los parecidos con la reforma cubana (aunque también hay muchas
diferencias). Hace poco trabajé en unas estimaciones sobre el resultado del levantamiento del embargo estadounidense a Vietnam y de la mayor integración de este país a las instituciones financieras internacionales. En el estudio apreciamos que desde mediados de los años 90 el PIB incrementó de manera permanente su ritmo de crecimiento en un dos por ciento como consecuencia directa de este cambio de escenario.

El restablecimiento de relaciones entre los dos países puede ensanchar las nuevas oportunidades para atraer inversión extranjera e
insertarnos en los mercados financieros internacionales y, tal vez, en las instituciones financieras multilaterales. Esto podría contribuir al desarrollo y a la estabilidad de la reforma monetaria que debemos asumir. Con seguridad, aportaría recursos financieros suficientes para amortiguar, a corto plazo, los costos sociales de tal reforma.

El actual momento reclama que la economía cubana asuma los riesgos del camino hacia el progreso. Para hacerlo, deberá restringir las mentalidades, los mecanismos y los procedimientos que exacerban el control y el aislamiento.

Tomado de: http://progresosemanal.us/20150514/pavel-vidal-cuba-debe-restringir-lo-que-exacerbe-control-aislamiento/