¿Qué cambiar de la democracia cubana?

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La democracia lleva el más bello nombre que existe: igualdadHeródoto

 

 Por: Roberto G. Peralo (roberto.peralo@umcc.cu) Twitter: (@RobertoPeralo)

Las próximas elecciones generales en Cuba se realizaran bajo una nueva ley electoral. Cuando los decisores informan que van a “cambiar todo lo que debe de ser cambiado“, es el reconocimiento público que el proceso objeto de cambio tiene sus pifias o es perfectible.

La construcción de esta nueva Ley va a provocar un debate feroz entre los diferentes actores sociales. Por una parte estarán los que buscan construir un país con todos y para el bien de todos y por otro lado los que quieren convertir, el hacer política, en una forma de vida muy rentable.

¿Qué es lo que se debe cambiar?

Las bases del sistema democrático cubano radica en las nominaciones y elecciones de los delegados del Poder Popular. El pueblo nomina a sus candidatos y sin intervención de partidos, ni influencia de grupos de poder, alejados por completo de intereses egoístas y con transparencia total, el pueblo elige a través del voto directo y secreto entre varios candidatos.

En mi modesta opinión este es el ejercicio más democrático en Cuba. Como método es lo que más se aproxima al concepto de democracia, cumpliéndose el precepto “poder del pueblo”.

A partir de aquí entra a jugar un nuevo actor en el proceso electoral cubano “La Comisión de Candidatura“, concluyendo el espíritu democrático de nuestro sistema electoral. La forma en que trabajo esta comisión elimina: la posibilidad de decisión de las mayoría; la transparencia del sistema; y el control social sobre el proceso. La única participación popular que queda es legitimar las decisiones de dicha comisión.

El cargo más importante de un municipio es el Presidente de la Asamblea Municipal. La propuesta es decidida por la comisión de candidatura, previa consulta con los delegados de forma individual y por separado. No sería más democrático que las nominaciones para Presidente a la Asamblea Municipal y Provinciales se hagan con el mismo espíritu que en el barrio, los delegados de forma pública y transparente nominen a varios candidatos para cada uno de los cargos y sean elegidos a través del voto directo y secreto. Y no como hace la Comisión de Candidatura que presenta dos candidatos para elegir dos cargos: Presidente y Vicepresidente.

También es importante que todo este ejercicio democrático se trasmita por los medios de comunicación. Es la forma de garantizar la transparencia, el control ciudadano y la representatividad ¿De qué forma evalúo la gestión de mi delegado si no puedo ver ni oír su desempeño en la Asamblea?

Soy de la opinión que la cantera para nominar el 100% de los Diputados a la Asamblea Nacional, deben de ser entre los delegados elegidos en las elecciones municipales. Y en la nominación, debe de existir un participación directa de los votantes que serán representados por ese Diputado.

Para garantizar la separación de poderes entre lo político, lo ejecutivo y lo legislativo, ningún funcionario del Gobierno o del Partido deben de ser diputado a la Asamblea Nacional. Cuando por méritos propios sean elegido en la base para ser diputado a o delegado a la Asamblea debe de renunciar a los cargos que ocupa.

Igual debe de ocurrir con el gobierno. Si eres elegido para ocupar un cargo en el gobierno, no debes de formar parte de un organismo de dirección política ni legislativa. En casos de coincidir se debe de renunciar a uno de ellos.

Es importante que el Presidente del Consejo de Estado no coincida con el Presidente del Consejo de Ministro y tampoco coincidir con el 1er Secretario del Partido. Estos cargos tienen que estar ocupados por diferentes personas. No se me ocurre un mecanismo de nominación y elección de los principales cargos del gobierno. Solo decir que me gustaría que mantuvieran los mismos principios democráticos de las elecciones a delegados a la Asamblea Municipal: no intervención del Partido; votación directa y secreta de todo el pueblo y un proceso de nominación participativo y transparente.

Diseñar un mecanismo que garantice estos objetivos es complejo y una labor titánica. Hay que garantizar que nuestro sistema electoral exprese siempre el deseo y el sentir de nuestro pueblo. La nueva ley electoral no puede dejar brechas que permita que las decisiones e intereses de una minoría se imponga amparado en la legalidad a los intereses de la mayoría. El pueblo raras veces se equivoca.