El diálogo y la juventud eterna


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Por Yasel Toledo Garnache (Autor del blog MiraJoven)

El profe escuchó rubia y lo acusó de racismo, oyó metamorfosis y lo tergiversó todo. ¿Acaso así puede existir verdadero debate?

La amiga de al lado le dijo “no hables más, con este señor es mejor estar callado”. Sin embargo, él no pudo: “Profe, disculpe…” Sus compañeros lo apoyaron. De eso, hace más de tres años, pero el muchacho no olvida, quizás nunca lo haga.

Otro, con tiza en mano, dijo ¡Cállese! a una alumna, quien preguntaba sobre los lineamientos de la política económica y social que comenzaban a aplicarse. Y todos nos quedamos como congelados. Tal vez, las interrogantes eran hasta ridículas, pero ¿no explicarle? ¿Exigirle silencio? Las discusiones desde enfoques revolucionarios nunca son dañinas.

Resulta lamentable que algunos impongan criterios, y digan “oiga estudiante…” Si no estamos de acuerdo en algo, mejor. La mismísima filosofía dice que la ley de la negación de la negación, y los criterios divergentes son las mejores fuentes de soluciones. Las universidades deben estimular las miradas críticas y juiciosas como catedrales del debate, aunque de forma consecuente con los principios de la nación.

Siempre recordaré a una profe, bellísima e inteligente como pocas. Me impartió clases durante un semestre, y jamás impuso, siempre convenció con argumentos claros e irrefutables. Dialogaba sin miedo y demostraba empatía y respeto hacia quienes estábamos de frente a la pizarra, que, como ella dijera, éramos los más importantes del aula. Cuando la veo en pasillos o cierta parada de guaguas, pienso en lo bueno que hubiese sido recibir sus conocimientos los cinco años de la carrera, o clonarla. Pero la suerte no es tanta.

Los jóvenes solemos ser críticos, revisionistas, economistas… y hablamos con rudeza de lo que creemos incorrecto o mejorable. En ocasiones, nos equivocamos, la inexperiencia y el ímpetu nos pasan factura.

Cualquier lugar es un aula, lugar propicio para dialogar desde el respeto y el amor a Cuba. El contexto actual exige análisis enérgicos y denuncias a problemáticas que sólo entre todos podemos resolver.

Por eso me alegra tanto el espíritu de las asambleas previas al X Congreso de la UJC, los espacios A diálogo abierto, los comentarios de participantes y la certeza de que la pasividad, el caminar con los ojos cerrados, el preferir el silencio antes que señalar un problema no son alternativas.

Resulta favorable la conciencia de que cada comité de base constituya una especie de motor que impulse a escuelas, empresas y a la sociedad de forma general. Por eso la organización aspira a una permanente revitalización, con iniciativas en los barrios, parques…, el encanto del arte e impulsos juveniles.

Me entusiasman los pasos para que sea, cada vez más, un ser vivo que salte, corra, baile, levante la mano, converse con vecinos, abrace, critique, jamás duerma y enamore a los de menos edad y a todo el pueblo.

Para eso, lo primero, como se ha hecho, es reconocer las manchas, sin tapujos, y expresar “estos son mis problemas, los voy a resolver”, conscientes de que las causas no siempre están en la superficie y que la mejor forma de hablar es con acciones.

Más allá de la cantidad de planteamientos, que solo en la ciudad de Bayamo se incluyeron en actas más de 3070, resalta la profundidad en los análisis, con carácter dialéctico y propuestas creativas, prueba de la coherencia y compromiso de los participantes con esta nación mejor que seguimos perfeccionando.

Aplaudo el ponerse la mano en el pecho y decir, como recoge el informe general: “Muchos militantes están desmotivados”, hay falta de aglutinación”, “varios comités llevan años sin realizar crecimientos”, “la UJC no se hace sentir lo suficiente, necesita más vinculación con sus integrantes”, “faltan elementos para enfrentar la subversión”.

Además, tenemos deficiencias en la preparación”, “hay poca exigencia por parte de algunos funcionarios”, “necesitamos que la gente nos sienta”, “las acciones recreativas son pocas y aburridas”.

A eso se suma la inestabilidad en la permanencia de algunos
funcionarios. En el municipio de Bayamo, por ejemplo, cada año son liberados o separados del cargo entre seis y diez compañeros. Y es muy desfavorable la respuesta de un elevado número de militantes, que rechaza la posibilidad de ocupar puestos de dirección. ¿Acaso esa es la actitud necesaria hoy?

Nos ha tocado vivir una época de transformaciones, y la
responsabilidad con el presente y el futuro es enorme.

Alfredo Guevara escribió en su libro, Dialogar, dialogar… que “los revolucionarios verdaderos son vanguardia o pretenden serlo”. Eso implica disposición, valor y deseos permanentes de superación en lo personal y colectivo, evitar el sedentarismo intelectual, para ser también mejores ciudadanos, no unos que solo aprueben o critiquen, que aplaudan o bajen la cabeza, sino que piensen, reflexionen, y, sobre todo, busquen soluciones.
Las formas son diversas, más allá de conexiones necesarias y las Plaza Joven. Cada militante debe imponerse retos, ser como un Quijote que escuche, genere y, sobre todo, haga.

El diálogo y las constantes tormentas de ideas, sin sobresaltos, son bases importantes para una organización que pretende la juventud eterna.

Tomado de Mira Joven (Cuba)