Diplomacia por cuenta propia

diplomacia2Por: Harold Cárdenas Lema (haroldcardenaslema@gmail.com)

El 17D cambió todas las reglas políticas que conocíamos. Lo que antaño era una lucha frontal con Estados Unidos ahora es otra distinta con mucha más interacción. Una nueva relación entre países en la que los ciudadanos, también juegan su papel.

En los últimos meses han sido numerosos los encuentros de visitantes y diplomáticos internacionales con jóvenes cubanos. Esto forma parte de un nuevo contexto sociopolítico al que todavía cuesta adaptarse pero que en vez de temer o hacerle resistencia, debemos abrazar y ponerlo en función de nuestros intereses nacionales.

Los encuentros han sido múltiples y en diversas esferas de la sociedad. Hay un factor común en todos ellos: la búsqueda de empatía hacia la actual política con Cuba. De manera recurrente se transmite la impresión de que Estados Unidos continuará haciendo cambios positivos y que cualquier traba hacia ese futuro luminoso, vendrá del Estado cubano. De esta manera se intenta presentar al Gobierno revolucionario como obstáculo para los cambios que necesita el país, y si bien nuestras instituciones son lentas, existen poderosas razones para ello.

Algunos sospechan de quienes participamos en estos encuentros como si sentarse en una mesa a conversar con ellos fuera una señal de apostasía o nos fuera a “debilitar” ideológicamente. ¡Qué poca fe en la juventud cubana! Sobre estos temas normalmente se conversa entre delegaciones, que los visitantes internacionales ahora se interesen en hacerlo con ciudadanos, más que verlo como un problema debe verse como una oportunidad para nosotros influir positivamente en el curso de los acontecimientos.

El criterio de selección actual es muy intencionado todavía, las invitaciones van por lo general a lo que consideran “voces críticas desde adentro” pero esto sigue siendo reduccionista. Si bien los interlocutores habituales de antaño eran personas opuestas al sistema político cubano y ahora enfocan su mirada a otros puntos del espectro ideológico que existe en el país, todavía faltan voces que continúan marginadas. Además, si alguien supone que ser una voz crítica implica separarse de la construcción de un proyecto socialista o el divorcio de nuestro sistema político, ese alguien está equivocado.

¿Quién comenzó este nuevo contexto, esta proximidad? Nuestro presidente Raúl Castro y Barack Obama se saludaron en Sudáfrica y conversaron en diciembre durante media hora.

A nadie se le ocurriría pensar que por hablar media hora con Obama, Raúl haya hecho alguna concesión. Nadie lo piensa porque nuestro presidente a estas alturas no necesita demostrarle nada a nadie. Los jóvenes en cambio, somos objeto de la desconfianza constantemente por aquello de que “no hemos tirado tiros”. Pocos reconocen que nuestra Sierra Maestra es precisamente esta, la de participar en un proceso que traiga mayor fortaleza a nuestro país y del que en un futuro podamos estar orgullosos.

Nuestra única herramienta para tranquilizar a los nerviosos es la transparencia, la luz del sol es el mejor desinfectante para la sospecha, por eso siempre hacemos visible cada encuentro y los temas a tratar. No somos tan fácilmente manipulables como unos quisieran y otros temen. Tampoco serviremos de “agentes de cambio” para otras naciones y nuestra agenda será la propia, la que promueva una relación de respeto con otros países según las leyes internacionales.

Los que participan en esta especie de diplomacia ciudadana no forman parte de un grupo homogéneo, ni siquiera tienen el mismo perfil o discurso. Cada uno de los participantes es responsable de lo que dice y hace, cada uno con su conciencia. Renunciar a participar en ello sería también dejarle esa oportunidad a otros, que quizás se sientan más cómodos haciendo concesiones innombrables.

Por primera vez un militante de la juventud comunista cubana puede participar en conversación informal con políticos y personalidades de Estados Unidos. Sentarse no a decir lo que se quiere escuchar sino con la misma voluntad que mueve a nuestro presidente en una charla telefónica con su homólogo norteño. Entonces duele que la reacción de algunas instituciones cubanas sea tomar distancia de nosotros. Cuando ahora más que nunca debería existir una comunicación sana y de respeto. Quizás los interlocutores autorizados son los únicos que gocen del visto bueno. Ante esto me atrevo a predecir que la historia revolucionaria de este país nos absolverá.

Ya los blogueros estamos acostumbrados a que lo mal visto, lo que rompe las reglas de lo posible, sea normal en pocos años. Solo queda esperar que no seamos un daño colateral de aquí a entonces.

Esa ojeriza hacia nosotros es comprensible, el tempo gubernamental es más lento que el de la sociedad. Hasta que los funcionarios públicos no perciben algún cambio social y se establece un consenso al respecto, no se transforma una política habitual. El único problema es que el tiempo entre uno y otro no puede ser demasiado para que no ocurra un desfase, o cual Síndrome de Saturno, se sacrifique a los revolucionarios que participan en esto, eso sí sería cosa grave.

Tenemos por obligación que interactuar con otras fuerzas políticas, algunas a favor y otras en contra de la Revolución. A pesar de la opinión de uno u otro funcionario, no creo que la Revolución pueda darse el lujo de excluir la inmensa fuerza de jóvenes que, al no tener espacios para la lucha, se lanzan por sí mismos a defender el país como pueden, por cuenta propia.

No obstante soy optimista. En la actualidad hay dos cosas evidentes en la institucionalidad cubana en lo que se refiere a las relaciones con los Estados Unidos: no está preparada para este nuevo contexto, y tiene conciencia de ello. Como el primer paso para solucionar un problema es reconocerlo, ya se observan serios esfuerzos en este sentido.

Es un problema que el Estado quiera desconocer lo que hacemos, subvalorar y discriminarnos. En vez de buscar lazos necesarios y vernos como aliados naturales. Hay momentos en los que, como dijera Fidel hace años y en otro contexto, cada cubano necesita ser su propio Comandante en Jefe. Este es uno de ellos.

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