Chávez y un día triste


Firmando libro de condolencias en la Universidad de Oriente
Firmando libro de condolencias en la Universidad de Oriente

Por: Harold Cárdenas Lema

Este es uno de esos días en los que sientes el deber de decir algo aunque no sepas exactamente qué. Hugo Chávez murió hace dos años exactamente, nunca lo previmos ni estábamos preparados cuando ocurrió. Recuerdo recibir la noticia en un evento universitario en Santiago de Cuba, los gritos de los venezolanos que nos acompañaban, la suspensión de todo y dos días frente a la tele mirando sucesos que ocurrían antes de poder asimilarlos.

La vida tiene también sus ironías graves, dolorosas. Dos horas antes de la noticia, era testigo de un debate donde se hablaba de América Latina y en el que vacié mi temor de tener un continente donde los movimientos de izquierda apostaban todo a sus líderes. Al terminar ese día ya deseaba no haber dicho nada.

Por alguna razón que desconozco en Santiago de Cuba la palabra Revolución entraña sentimientos más intensos, debe tener que ver con una ciudad donde hay recordatorios de sangre joven derramada por doquier. En esa madrugada escribí algo sobre Chávez con toda premura y pasé mil trabajos para publicarlo. Me sorprendió ver que ya La Joven Cuba había publicado una foto al respecto y podría parecer rutinario pero era algo muy fuerte.

El Héroe de la República de Cuba René González Sehwerert nos ayudaba a mantener actualizado el blog por y nunca supo publicar una imagen en WordPress hasta ese día. Solo él sabrá cuánto tiempo le tomó aprender a poner la foto de Chávez junto a un mensaje que pocos sabían era escrito por él y en el contexto en el que lo escribió hoy tiene mayor significación.

Ese día me acosté pensando en eso y en Venezuela, país del que me cuesta mucho escribir porque nunca he visitado pero igual se sufre en la distancia. Una nación tan polarizada políticamente debe encontrar su propio camino hacia el consenso porque la solución nunca será electoral, tener a la otra mitad del pueblo en contra no es saludable para ninguna gestión gubernamental, independientemente de quien gane en las urnas.

Todavía nos queda la incertidumbre de no saber si el destino selló su muerte o fueron voluntades humanas opuestas a él. Queda la preocupación por una Venezuela que merece un país mejor del que tiene actualmente, en el que su pueblo pueda caminar unido hacia una meta común. Ha pasado el tiempo y ahora pienso con preocupación en las palabras que me dijo un amigo al regresar de allá: “la Revolución Bolivariana es Hugo Chávez”, pero no puede serlo. Han pasado dos años desde que Hugo nos dejó y Venezuela se mantiene ahí, espero que eso signifique que esa revolución sea también su gente.

Al otro día de su muerte veía la firma de Hugo en el Moncada y pensaba en Fidel Castro. ¿Qué puede sentir alguien que ha visto morir a tantos de sus amigos con el paso de los años? La historia de las lágrimas de un líder dice mucho más que una biografía apologética y en el caso de Fidel queda aún por escribir. Pasan los días y la vida, cruel como siempre, va llevando nuestra rutina a la normalidad. No tengo idea qué se supone que escriba un 5 de marzo pero lo resumiré de esta manera: es un día triste.

(haroldcardenaslema@gmail.com)