¿Periodismo exigido en Cuba?


estudiante_periodismo_cubaPor: Gleydis Sanamé Chávez, estudiante de Periodismo (gleydis.saname19@gmail.com)

Códigos, listas, nombres, incógnitas, tensiones; quien alguna vez se ha enfrentado a una prueba de aptitud conoce relativamente, porque no en todas las personas ocurre de la misma forma, los rigores que allí se proyectan. Al menos en las profesiones que pretenden cuidar un prestigio y preservar ciertos parámetros.

Durante años, determinadas escuelas o carreras priorizan rasgos en estudiantes que anhelen ingresar a ellas, claro, medidores de la idoneidad y el talento en cada uno; así es el caso de centros de artes, de academias de las Fuerzas Armadas, de los preuniversitarios de ciencias exactas o especialidades como las Relaciones Internacionales. Precisamente, hace aproximadamente dos meses, la dirección nacional de la carrera de periodismo convidó, como ocurre anualmente, a la participación en sus exámenes de ingreso. Almacenando cierta fama por el rigor que la caracteriza, esta experiencia aglutina tres fases que llevan a los especialistas, que a veces no lo son tanto, a discriminar entre los concursantes. Otorgando códigos numéricos que sustituyen a los nombres, para no dar imagen de conveniencia ante posibles conocidos o familiares, el jurado marca, según la densidad del cuestionario, el porcentaje de preguntas verdaderas que permite el paso del estudiante a la siguiente fase.

Es decir, un primer nivel se responsabiliza de medir el acervo cultural de quien es evaluado, dentro se lanzan preguntas de las más disímiles aristas: geografía, literatura, historia, arte, política, deporte, economía, etcétera; si el interrogado logra vencer este paso debe probarse en un segundo momento donde presiden la redacción y la buena ortografía como parámetros, así como la creatividad y el poder de captación que debe tener un futuro periodista ante una situación dada. Por último, debido al agotamiento de todo un día, una deseada y definitoria entrevista que valora la dimensión ideológica y expresiva del interrogado.

Últimamente la absorción de jóvenes realmente preparados para ejercer como profesionales de la prensa no pasa, como es debido, por el preconcebido y afamado filtro que es esta prueba. Quienes dirigen la carrera cuentan con dos factores para dar un sí a su estudio, uno es este amplio interrogatorio, el otro, es el promedio general del preuniversitario; esto ha variado como quizás varíe el clima cada 365 días, que según los meteorólogos nunca es igual. Es cierto que quienes optan por esta profesión son personas afines con las letras y con ciertas facilidades comunicativas, por lo que enfrentarse a una prueba de matemáticas, que la mayoría de las veces no es la preferida, para acceder al nivel superior puede ser frustrante y traer cierto desequilibrio en su acumulado para escalafón.

Unos años atrás, el promedio general del pre debía rondar los 98 puntos como mínimo para presentarse a la prueba de aptitud, luego bajó a 97, y así hasta llegar, ahora, a los 94. Es entendible que quieran dar protagonismo a las notas de Español e Historia en la captación de un futuro reportero, pero, ¿por qué disminuyen el rigor de un examen de aptitud a una carrera tan exigente? Quizás suene petulante de parte de esta autora, que como tal vez piensen ya está de este lado o clasificó.

Quien escribe no es la más culta de las estudiantes de periodismo y son varios los temas que desconoce, es un ser humano, pero este es un problema que preocupa a gran cantidad de profesionales de la información, que anticipan cuánto puede afectar al futuro del oficio este descuido.

No se imagina un comportamiento así por parte de Liz Alfonso a la hora de clasificar a un determinado grupo de jóvenes para su compañía o a profesores experimentados del Instituto Superior de Diseño en el instante de captar estudiantes, quienes deben tener capacidad para el dibujo, la percepción y la concepción del espacio. Este simple comentario no recopila ánimos de desprecio a nadie. Quizás quien no tenga características propias para ejercer el periodismo las tenga para la arquitectura o la medicina, o tal vez para la química o la historia del arte; todos tenemos un don y en ocasiones muchos no lo descubren, cada quien tiene en el mundo una misión. Los exámenes de aptitud en ocasiones pueden desalentar al sujeto que no los aprueba, pero es mejor esto a entrar en una carrera donde el estudio es interminable aunque te gradúes y el público te cuestiona hasta por lo más intrascendente, debe gustar, y la exigencia de este paso es una primera muestra.

Que un interrogado no sepa responder completamente cuáles son las siete maravillas del mundo antiguo o cómo se llamaba la madre de Alejandro Magno es entendible, pero que no conozca cuál es la capital de Bolivia o quién es el autor del Siglo de las Luces, es algo que debe cuestionarse. En fin, es un trabajo en el cual debe incidir profundamente el interés porque exista buen periodismo en Cuba, que responda a lo que el pueblo demanda, lejos de favoritismos e ignorancia. Por eso impresiona cómo de ciento y tantos estudiantes presentados a la última prueba en la Universidad de Matanzas, solo menos de cinco respondieron el por ciento de preguntas priorizado, y por esta situación el jurado determinó disminuir la exigencia debido a que con tan pocos aceptados era imposible abrir un grupo para la licenciatura. Ya usted se ha enterado, yo no comprendo mucho.