Crónicas de una conferencia de prensa


Por: Roberto G. Peralo (roberto.peralo@umcc.cu) Twitter: (@RobertoPeralo)

Ya no es noticia lo ocurrido en la conferencia de prensa que dio la Secretaria Adjunta del Departamento de Estado, Roberta Jacobson, el viernes 23 de enero en la residencia del Jefe de Misión de la Sección de Intereses en La Habana. Tres días después queda muy poco que opinar al respecto. Lo novedoso, pudiera ser contar la experiencia de alguien que jamás se imaginó que iba a estar en el momento y en el lugar adecuado.

Me sentí realmente sorprendido que invitaran a La Joven Cuba a un evento de tanta importancia. Cuando vi a los allí convocados la única pregunta que me venía a la cabeza es “qué yo hago aquí“. Recordaba los tiempos de inicio del blog en que éramos invitados, por las funcionarios cubanos, a varios eventos importantes y trascendentales de nuestro país, pero eso ya es historia antigua. Ahora las invitaciones nos la hacen nuestros adversarios.

Ni Harold ni yo teníamos la menor idea de cómo llegar al lugar de la conferencia. Asumí que como Harold era ya residente legal en la Habana, conocía todas las direcciones. Que lejos estaba de la realidad.

El lugar escogido no pudo ser más intrincado y de difícil acceso. Un verdadero laberinto, donde ni los propios residentes de la zona eran capaz de explicarnos la forma exacta de llegar al lugar. Después de dar muchas vueltas, le tuvimos que preguntar a un policía por la dirección. Le especificamos que era en la residencia del Jefe de la Oficina de Intereses de los EEUU, y la conversación fluyó de forma natural. Muy amablemente y amistoso el oficial nos explicó cómo llegar al lugar, dándonos las mejores variantes para que nos fuera más fácil y rápido.

Este simple hecho mereció un debate con Harold sobre el futuro inmediato de las relaciones de Cuba y EEUU y las diversas reacciones de nuestro pueblo.

Por supuesto, llegamos tarde y para ello teníamos la justificación clásica del cubano, “problemas con el transporte“, y en este caso no era mentira. Esto provocó que tuviéramos que entrar brincando por una ventana (literalmente hablando). Mi primera vez en territorio norteamericano y lo hice cómo un verdadero emigrante ilegal y además autorizado a hacerlo de esa forma. Trataba de comprender mi estado legal: ¿ahora qué soy, unos pies secos o un pies mojados? No obstante, oficialmente tenía los pies mojado, el césped que crucé estaba aún húmedo del rocío.

Fui preparado con todos los equipos necesario para darle cobertura en tiempo real. Me echaron tremendo cubo de agua fría, NO HABIA WIFI. Esta sí que no me la imaginé. El gobierno de los EEUU que siempre ha promovido el acceso libre de internet y que en su propio territorio limitó el acceso. Mi sueño de conectarme con banda ancha tendrá que seguir posponiéndose.

A pesar de todo, valió la pena estar allí, lo cual agradezco. En aquellos 30 minutos que duró la comparecencia, pude presenciar el momento histórico en que el gobierno de los EEUU reconoció que Cuba es un país independiente y soberano. También quedó bien claro las profundas contradicciones que separan a ambos países. Pudiera parecer una situación insalvable pero ocurrieron pequeños detalles, casi imperceptibles, que provocaron que me sintiera optimista y pensara mucho en mi hijo.

Toda mi vida ha transcurrido bajo los efectos negativos del conflicto entra ambas naciones. Quisiera que mi hijo que está empezando a vivir, lo haga en una Cuba con un contexto histórico diferente. Que no tenga que vivir con el temor de ser afectado por un acto terrorista; que no tenga que vivir con las carencias materiales a la que fui sometido por el injusto bloqueo; que no sufra la separación de familiares y amigos por la emigración. Estamos frente a una oportunidad única que no debemos dejar escapar.