De noticias y preguntas.


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San Lázaro (Babalú Ayé)

Por: Delio G. Orozco González. Historiador.

El 17 de diciembre de 2014 debió ser un día de celebración para quienes necesitados de salud, sobre todo motora, o fervientes creyentes de San Lázaro, dedicarían al santo -objeto de su adoración-,rezos, cantos y en reunión de amigos ingerirían refrigerios; también para aquellos que habiendo nacido un día como ese o que por algún otro motivo, tuvieran razones para la alegría; sin embargo, el anuncio del regreso a Cuba de Antonio, Gerardo y Ramón y de una nueva etapa en las relaciones con su histórico adversario: Estados Unidos de América, amplificó a toda la nación la razón del festejo haciendo posible que ateos y creyentes, blancos y negros, hombres y mujeres pudieran desbordar una alegría bien ganada; a pesar de ello, lo que pudo ser fiesta en el sentido griego de la palabra, se tradujo en noticia que dejó estupefactos a propios y ajenos y, en el caso local la indiferencia observada, además de la natural sorpresa, fue consecuencia lógica de un enteco espíritu público, la modorra cívica que nos arropa y el desinterés social que nos envuelve, corolario de la ausencia de ejercicio ciudadano no controlado y falta de iniciativa civil que, desde hace cincuenta años, impera entre nosotros; también, la situación económica y el desmedrado estado de la urbe pudo haber contribuido a la apatía con la cual fue recibido el trascendental anuncio.

Este inusual estado de cosas obliga a cuestionar más que a responder porque, articulando correctamente las preguntas, podríamos entender mejor lo que se avecina; así pues, la primera interrogante sería: ¿por qué Estados Unidos tomó tal decisión?. Concordando de antemano con José Martí en que en política lo real es lo que no se ve, resulta lícito adelantar las siguientes claves explicativas:

Primero. La mayoría del pueblo cubano han llevado sobre sus hombros y sostenido con hidalguía, entereza y dignidad el peso de un duro bloqueo traducido en carencias, necesidades, enfermedad y muerte y como ni hombres ni pueblos respetan a quien no se hace respetar, la resistencia de Cuba le ganó el respeto de amigos y enemigos. Por otro lado, el prestigio de la isla ha crecido exponencialmente y principalmente después de la decisión de enviar el primer contingente de médicos al África para luchar contra el Ébola; ello demostró a la Comunidad Internacional quién es realmente Cuba; pues, el virus no cree en ideologías y afecta por igual a ricos y pobres a pesar de las posibilidades de tratamientos para unos y otros.

Segundo. La llegada al poder de procesos populares y nacionalistas en Bolivia, Ecuador, Venezuela y Nicaragua; la ascensión al poder de gobiernos de centro izquierda en Brasil, Argentina y Uruguay; el nacimiento de mecanismos integracionistas como el ALBA, la CELAC; la expansión del MERCOSUR y posturas comunes anti-hegemónicas de estos países han limitado la libertad de maniobras e influencias de Estados Unidos en América Latina como solía ser antaño. Las tierras al sur del Río Bravo han dejado de ser patio trasero de los norteños y ahora estos no solo quieren, sino, necesitan urgentemente reconquistar su tradicional área de influencias. El dominio de China en el Asia, el formidable adversario que es Rusia, el debilitamiento del dólar como moneda mundial y el empantanamiento en el Medio Oriente lo ha llevado a un estado donde su liderazgo como potencia deja mucho que desear. Es preciso, pues, lustrar y realzar su imagen.

Tercero. Cuba constituye un mercado de 11 millones de habitantes que, si bien no es muy grande, está en sus propias narices y la continuación obstinada de su política podría dejar al sector empresarial norteamericano fuera de las posibilidades de invertir y hacer dinero en un país que, abriéndose al capital extranjero, constituye un nicho de oportunidades; por ello, el lobby empresarial trabajó con denuedo en este cambio de orientación política.

Cuarto. El grueso de la comunidad cubana que vive en EUA, especialmente en la Florida, ya no es la que emigró a inicios de la Revolución, es más bien una emigración económica deseosa de normalizar las relaciones entre los dos países para ir y venir y con naturalidad relacionarse con su familia; además, encuestas recientes demuestran que un 63% de la población norteamericana quiere se normalicen las relaciones entre los dos países.

Quinto. El Congreso de los Estados Unidos está ahora conformado en su mayoría por Republicanos y Obama vio la oportunidad de dejar en sus manos una “papa caliente”; en tanto, si las próximas elecciones la ganan los republicanos y echan por tierra lo logrado, quedarían expuestos ante la opinión pública como los que han afectado el repunte estadounidense. Por otro lado, la Florida da 27 votos electores, convirtiéndose así en un estado que puede definir las elecciones y los muchos cubanos que allí viven se congratulan con este paso dado por el presidente; el cual, si bien no puede ser electo nuevamente, lega a su partido (el Demócrata), una situación favorable en las próximas elecciones.

Sexto. Con inteligencia y sentido de las circunstancias; quizás también menos odio hacia la isla y la pretensión de trascender en la historia, el presidente norteamericano y su equipo comprendieron que por el camino de las presiones, el aislamiento y el acoso, no lograrían doblegar a Cuba; por el contrario, otorgarían argumentos al discurso político insular; mientras ellos, en un mapa geopolítico que se reconfigura constantemente, tienen cada vez menos influencias. Así pues, era hora de poner fin a una política que no había dado resultado alguno para la consecución de sus intereses y comenzar a ensayar otra.

Son estos, grosso modo, las razones esenciales por las cuales el actual gobierno de Estados Unidos tomó la decisión de canjear a Gerardo, Ramón y Antonio por Alan Gros, contratista de la USAID encarcelado en Cuba por actividades ilegales (el tema del otro espía aún no está claro y para algunos resulta cortina de humo); abrir una embajada en La Habana; permitir las exportación de algunos productos a la isla; autorizar el uso de tarjetas de crédito a norteamericanos en Cuba; aumentar el límite de remesas de 500 a 2000 USD mensuales; mejorar -a petición de Cuba-, el correo postal y autorizar a las compañías norteamericanas la venta a la mayor de las Antillas de tecnología telefónica y el acceso a Internet.

Ahora bien, ¿beneficia esto a Cuba? Sí. En primer lugar, Obama ha sido el presidente bajo cuyo mandato se han multado y perseguido en mayor número las transacciones comerciales con Cuba, de modo que ahora debe bajar la presión y por tanto el comercio -al menos, mientras dure su período-, será más sosegado (la ínsula pagará menos en fletes y podrá adquirir productos, medicinas e insumos que solo están en manos de compañías norteamericanas o subsidiarias de estas), quizás no sea obligatorio pagar al cash, mejorarán las comunicaciones, las familias podrán tener un vínculo más directo y aumentaría el flujo de dinero hacia el país en forma de remesas.

¿Significa esto que el bloqueo va a ser eliminado? No. Aún está en pie y Obama no puede eliminarlo porque al formar parte del Acta Patriótica y consagrado por otras leyes, solo el Congreso puede eliminarlo. Ha dicho que pedirá a este órgano cree una Comisión para estudiar el caso y en lo personal parece estar convencido de la necesidad real de levantar el bloqueo. Ojalá cumpla su palabra; es esta una decisión que debemos agradecer, quizás hasta valiente de su parte.

Para finalizar una pregunta cardinal: ¿Ha cambiado EUA su política respecto a Cuba? No, solo los métodos y en este punto es donde la prudencia, el fino juicio y la sabiduría deben alumbrar nuestros actos para no traicionar la historia, comprometer o lanzar por la borda lo bueno que hemos logrado en tantos años de pelea -desde Hatuey hasta hoy-; o sea, soberanía e independencia nacional, justicia social, dignidad colectiva e individual, paz pública, respeto a los derechos humanos y orgullo patrio: los toma y daca derivados de todo proceso negociador y las compensaciones en el ámbito diplomático podrían constituir el resquicio para la fuga de lo que no debe abandonarse por descuido o por concesión. Hacia dentro, grandes retos aún nos aguardan: preciso es avanzar y rápido en el campo de las libertades individuales, amplificar la sociedad civil, descentralizar la administración, equilibrar el desarrollo interno, lograr eficacia y eficiencia productiva, dar efectividad al control ciudadano a través de la prensa, amplificar la democracia del acto gubernativo y hacer más llevadera la vida diaria; no atender estas urgencias será suicidio político y el pueblo cubano no merece ese destino porque lo conquistado le ha costado mucha sangre y mucho tiempo. Urge aprender a lidiar en estas nuevas circunstancias y nada mejor que emplear como principio teórico la máxima de Tayllerand: “Entre dos males se escoge el menor” y si bien es cierto que el nuevo escenario deviene mal menor, aún es mal; no obstante, mientras no podamos esquivarlo de manera definitiva, tendremos que aprender a convivir con él. Es cuestión de vida o muerte y no cabe errar.