Carilda y la Utilidad de la Poesía

alsurdemigarganta

Por: Julio César Pérez Verdecia. (julio.verdecia@umcc.cu).

Yo no había tenido la suerte de verla, de escucharla. La sabía profeta en su tierra, en Cuba. Agasajada por su lírica había sido invitada como jurado de importantes certámenes literarios. España, Venezuela, Rusia y los propios Estados Unidos la habían aplaudido y reverenciado.

Nacida en Matanzas el 6 de julio de 1922, parecía destinada por la providencia para seducir, sus armas, la infinitud de sus ojos, la narrativa y la poesía. Se gradúa de Bachiller en Letras y Ciencias en el Instituto de Segunda Enseñanza de Matanzas en 1940 y, posteriormente hace sus estudios de Derecho en la Universidad de La Habana, los que culmina en 1945.

Ya para ese entonces, en 1943, había publicado Preludio Lírico, su primer libro. Miembro en aquel tiempo de la Peña Literaria de Matanzas de la que llegó a ser presidenta.Iniciaba así el difícil vuelo de escritora, dedicando su vida a la literatura y en particular a la poesía. Infinitud de premios ganaría por su obra, entre ellos el Segundo Lugar en el Concurso Internacional de Poesía convocado por la National Broadcasting Co. de Nueva York(1947). En 1950 gana “La Flor Natural” con Canto a la Bandera, en los Juegos Florales, dedicados al centenario de la bandera cubana y promovido por el Ministerio de Educación.

Es declarada hija inminente de Matanzas en 1950 y, recibe además el Premio Nacional de Poesía del Ministerio de Educación por su libro Al Sur de mi Garganta. Le confieren asimismo el “Premio del Certamen Hispanoamericano” en 1951, convocado por el Ateneo Americano de Washington, en el tricentenario de Sor Juana Inés de la Cruz y el Accésit al “Premio Nacional Hernández Cata”.

En 1952 aparecen sus obras antologadas en el texto de Cintio Vitier Cincuenta Años de Poesía Cubana; un año después publica en Matanzas Canto a Martí. En 1954 es incluida en Las Mejores Poesías de Amor Cubanas, antología publicada por la editorial española, Laurel. En 1955, de su amor por la tierra natal, brota el cuaderno Canto a Matanzas. Ese mismo año es publicada la antología Poetas de Matanzas donde aparecen textos suyos y en 1958 publica en La Habana Memoria de la Fiebre.

Entre los años 1959 hasta la década del 1990 desarrolla una intensa labor de creación y promoción literaria que la hacen codearse con lo más excelso de la literatura cubana. Sigue apareciendo en antologías tanto en Cuba como en otras partes del mundo. Promueve recitales de poesía y ejerce el oficio de profesora tanto en Artes Plásticas como de Inglés, además de ejercer también en 1967 como abogada en el Bufete Colectivo de Matanzas.

Pública importantes obras en las cuatro primeras décadas de la Revolución, enriqueciendo la literatura nacional, entre ellas están: Las silabas y el tiempo, Desaparece el polvo, Catorce poemas de amor, Los huesos alumbrados, Se me ha perdido un hombre, Sonetos, Ver la palma abriendo el día, entre otras.
Deja así un sello literario de alta factura estética, popular y al mismo tiempo de una conjugación técnica envidiable. Con la atrayente personalidad de quien ha sobrevivido a las limitaciones y prejuicios de su tiempo, de quien además se define por la Revolución, dedicando su poesía al poeta mayor, al que ha escrito su mejor soneto ofreciendo por amor a Cuba, el pecho a las balas, Fidel.
Así, con toda la admiración de un joven poeta entré a su palacio de Reyna de la Poesía. Era la noche del jueves 13 de noviembre del corriente, se inauguraba en el marco del Festival José Jacinto Milanés un proyecto cultural en su propia casa.

Cuando salió vestida como reina, fina y deliciosa con sus 80 años, me le acerqué y le dije – Un gusto Carilda, le regalo un beso en nombre de los poetas de Granma- se sonrió con parsimonia y feliz se dejó besar en la mejilla. –Me permite una pregunta ¿cómo se metió el mar en sus ojos?- No, fui yo quien se metió dentro de él- respondió con risa pícara y la dejé escapar.

Después su esposo Raidel Hernández dio apertura a las entrevistas y lecturas de reconocidos poetas: Roberto Manzano, Reinaldo García Blanco, Sergio García Zamora.Esa noche la musa compartida nos abrazo y quedó claro por voz de los poetas que la poesía salva, que ella es más que asombro, es escudo contra la desidia, contra la pobreza de espíritu. Que la poesía también es camino y patria, hoguera y fusil, barca y puente para pasar al otro lado de las cosas. No es posible que un país viva sin poesía, sin poetas, como es imposible que viva sin dignidad.

Carilda, a la que le entregaron el Sello Conmemorativo por el Bicentenario de José Jacinto Milanés y el Premio Vitral de mi Ciudad dijo: – no hay arte sin poesía, la música, la plástica, el teatro, la danza sin poesía no es arte; todos llevamos dentro la poesía, ella nos ilumina nos salva, ella completa al hombre y lo hace superior-reconoció que su tertulia no es de alcurnia sino de bondad para todo el que desee encontrar esa espiritualidad que alimenta el alma.

Ella dio la más genial lección de humildad literaria; recalcó que esa es la utilidad de la poesía: llenar las alas del hombre para que vuele, sueñe, luche, trabaje, ame y cree por el bien de todos, lejos del egoísmo, la ambición y la enfermiza ingratitud. Verdad trasmutada en verso y justicia. El arte no tiene dueños, la poesía tampoco y estos han de servir al mejoramiento humano que hace ascender al hombre y triunfar a la Patria. Salvar a la humanidad, es ese su designio.