Debemos dejar de limitarnos en lo que hay que hacer;

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Por : Álvaro Fernández

MIAMI – El domingo por la noche regresé de Washington, D.C., después de un encuentro con otros cubanos que viven en este país. Terminamos reuniéndonos en Hyattsville, Maryland. Antes de abordar el avión, mi teléfono me informó que la temperatura en el área de Washington descendería esa noche a menos 7 grados celsios. Me alegré de que solo me faltara media hora para abordar un avión que me traería de vuelta a Miami y a una temperatura de más o menos 16 grados, con cielo despejado y azul.

Pero el tiempo del norte no es la razón para mi columna de hoy. Aunque en estos momentos estoy sacándoles la lengua a los que dedican su tiempo a menospreciar a Miami durante sus presentaciones. En mi opinión, es comparable a minimizar a la ciudad de Nueva York debido a los 6 policías HP que se sentaron sobre Eric Graner y lo asfixiaron hasta matarlo. El hecho es que en todas partes se encuentra gente mala. Y sé que mi Miami tiene su cuota, pero aún así sigue siendo una gran y hermosa ciudad en desarrollo con los problemas que enfrenta la mayor parte de las áreas urbanas en Estados Unidos.

Así que permítanme partir de ahí. Y permítanme darles unas breves impresiones del encuentro en Maryland. Para comenzar, les diré que había muy pocos de nosotros presentes allí. Hay aproximadamente un millón y medio de cubanos viviendo en EE.UU., y había menos de 100 de nosotros allí.

Pensé en varias cosas: (1) Nos estamos limitando nosotros mismos al limitar a quiénes pueden asistir a estas reuniones; y/o (2) La gente no sentía la necesidad o urgencia de asistir. Ambas cosas son un problema.

Son ideas que les dejaré a ustedes sin más comentario. Me parece que es algo sobre lo que todos nosotros debemos pensar.

Déjenme decirles lo que más me impresionó ese día. El sábado había tres personas presentes que hicieron que el encuentra valiera la pena. Y la mayor de esas tres personas tenía unos 40 años y ni siquiera era cubana.

Comenzaré mencionando a Cristina Escobar. La describiré como el nuevo rostro del noticiero cubano de TV. Y ha hecho que la Mesa Redonda de Cuba tenga importancia otra vez. Y me atrevo a decir que tiene poco más de 30 años. Es atractiva y muy inteligente. Cristina estuvo allí el sábado.

También estuvo un joven del montón, probablemente más joven que Cristina, que estaba viajando por EE.UU. y participando en foros y otros encuentros en universidades e instituciones en este país, cuyo nombre no recuerdo. Pero vive en Cuba. El joven se expresó con tal elocuencia y calidad de pensamiento que inmediatamente me sentí atraído hacia el tema que trataba.

Ambos eran estrellas rutilantes producidas por un sistema que en este país muchos destrozan, pero que aún logra producir personas como estas. A menudo digo a la gente: “Ese sistema que nos encanta criticar debe estar haciendo algo bien…”

Finalmente estuvo Gustavo Torres, quien fue nuestro anfitrión el sábado. Es el director ejecutivo de Casa Maryland, donde realizamos la reunión. Esta es una organización cuya misión, según sus propias palabras, es la de “crear una sociedad más justa promoviendo el poder y mejorando la calidad de vida en comunidades de inmigrantes con bajos ingresos”.

Gustavo es colombiano. Esa mañana, se proclamó como que también era cubano –no debido a lazos sanguíneos, sino porque como colombiano, nos dijo, Cuba ha sido importante para él y para su país. Mencionó, entre otras cosas, las actuales negociaciones de paz entre las FARC y el gobierno colombiano. Su discurso de apertura de la sesión matutina fue emocionante, impresionante.

Sin embargo, lo más importante, creo yo, es que los tres son jóvenes y nos guían en la dirección a que debemos aspirar. Los tres también demuestran que a menudo es difícil para muchos de nosotros ceder el timón a una generación más joven e inteligente que está inmensamente preparada y llena de la energía necesaria para alcanzar un nuevo y mejor futuro. Y este cambio generacional debiera ser especialmente relevante para muchos de nosotros aquí en EE.UU. La verdad es que durante los últimos años esto sucede con más frecuencia en Cuba que en este país.

Por tanto, mis palabras finales acerca de esto es que lo que realmente nos faltó el sábado fueron los cientos como Cristina y Gustavo que harán una realidad de la causa por la que luchamos.

*En la foto: El abogado José Pertierra, residente en Washington y la periodista cubana, residente en Cuba, Cristina Escobar.

Tomado de Progreso Semanal