Ni olvidados, ni muertos


Por: Alvaro Alvarez Vergara (alvaro11592@gmail.com)

Confieso que mi admiración al béisbol cubano llegó por el placer de apreciar a la mejor generación de peloteros de un equipo. Reza una vieja frase que una cabeza sin memoria es como una fortaleza sin guarnición. Al parecer, los dirigentes y cronistas del béisbol olvidaron incluir a algunos de esos personajes protagónicos en su nueva película.

Por estos días, se realizó en la Habana (dónde si no) el primer coloquio sobre la refundación del Salón de la Fama del béisbol cubano. Gran idea, que llega en un momento clave, donde el “principal pasatiempo nacional” debate su porvenir.

Entre los diferentes aspectos organizativos discutidos, decidieron sobre dos muy importantes: la sede del salón y los nuevos inmortales. La ilustre y bienaventurada capital del país, fue agasajada como la “inquilina perfecta” para concentrar las historia del juego de las bolas y los strikes.

Durante mucho tiempo Matanzas, y específicamente el Palmar de Junco, fue el sitio donde primero se jugó “pelota” en este Archipiélago, digo esto pues en los últimos tiempos algunos investigadores afirman que esa creencia no es del todo cierta. Sin embargo, por más que quisieran adjudicarle ese crédito a otro sitio, la mayoría de los aficionados muestra su indignación por semejante despojo. Los reunidos en el estadio Latinoamericano, tal vez obviaron un detalle: la historia no se cambia de un día para otro.

El mítico Palmar de Junco, el terreno más antiguo aun en funcionamiento, representa un símbolo de la pelota cubana; quizás mereció la pena rendirle algo más de pleitesía y de esta manera impedir que perezca en el tiempo.

En el otro extremo de la mesa, los participantes en este cónclave exaltaron a Omar Linares, Luis Giraldo Casanova, Braudilio Vinent, Orestes Kindelán y Antonio Muñoz, como los primeros peloteros encumbrados de la era postprofesional. La decisión despierta algunas dudas y polémicas. ¿Qué requisitos tuvieron en cuenta? ¿Por qué escogieron a figuras de diferentes periodos?

Las dudas navegan sin respuestas. Nadie debe cuestionar la calidad y los méritos de las figuras exaltadas. Sin embargo, hay nombres, hombres y glorias que pretendieron “silenciar”.

Nunca podemos olvidar que Antonio Pacheco Massó es el capitán de capitanes. Un caballero dentro y fuera de los terrenos de béisbol. Respetado por la mayoría de sus compañeros y rivales. ¿Cuánta satisfacción brindó Pacheco a la afición y al deporte? Dos subtítulos y dos títulos olímpicos, campeonatos mundiales, panamericanos, centroamericanos, varios títulos nacionales (como jugador y manager), en fin, una extensa hoja de servicios al alcance de muy pocos en la inagotable leyenda del Deporte Nacional.

La única “desventaja” de Pacheco la representa su deseo de “cambiar de aires” y emigrar a Estados Unidos. Pero, no existe justificación suficiente para negarle su estirpe de grandeza. Además, no traicionó ni abandonó a ninguna delegación en el exterior en sus decenas de viajes con la selección nacional. Nuevamente, mereció la pena rendirle algo más de pleitesía.

En el verdadero Salón de la Fama valdrán los méritos deportivos sin importar otras razones de índole ideológica. Será un espacio para eternizar a los hombres que han enaltecido al béisbol, porque esos, no pueden ser ni olvidados ni muertos.