Autopsia de una batalla deportiva

salon_fama_cubaPor: Harold Cárdenas Lema

(haroldcardenaslema@gmail.com)

En Cuba el béisbol no es una actividad racional sino emocional, las pasiones deportivas mueven a la sociedad con mayor efectividad que ideologías y por un tiempo más prolongado. No es de extrañar que la re-fundación del Salón de la Fama provoque malestar en la ciudad de Matanzas, que reclamaba la sede del mismo por haber sido anfitriona del primer juego en la isla.

El honor de albergar el primer partido beisbolero está en disputa desde hace tiempo, entre historiadores y fanáticos se mueve una discusión que toma carácter regional: habaneros y matanceros en disputa por la sede. Los primeros se lo adjudican al Vedado Tenis Club y los segundos al Palmar del Junco, en un debate que quizás no sea parejo al contar los capitalinos con un acceso directo a medios nacionales de comunicación que hemos denunciado previamente.

La simbología del asunto no puede escaparse tampoco de nuestra mirada, como escribe Osmany Sánchez, el Vedado Tenis Club era “un antiguo club elitista de la burguesía habanera –al que no entraban negros- que de golpe y porrazo nos quieren imponer como el paraíso beisbolero de Cuba”. Este es el lugar donde desde el 8 de noviembre quedó refundado el Salón de la Fama, que pudiera ser criticable pero si lo pensamos dos veces, está justificado por las circunstancias.

Matanzas no peleó lo suficiente por su sede, mientras en la Habana movían cielo y tierra creando el salón, la mayoría de los matanceros se limitaron a quejarse o denunciarlo pero no asumieron una actitud proactiva. A esto se suma la falta de apoyo, de manera pública al menos, por parte de las autoridades locales que les tocaba lanzar una campaña de concientización y preservar uno de los mayores orgullos de los lugareños. Quizás como los funcionarios a menudo no son de la región y por tanto no tienen arraigo con la cultura local, esto puede influir en algo. Esto es lo que sabemos hasta ahora, en realidad puede haber muchas historias de descuidos o de políticos que lucharon por la sede pero todas son invisibles y solo queda espacio a la especulación.

El hecho es que un grupo de entusiastas capitalinos conducido por Ian Padrón ha hecho realidad el Salón de la Fama del deporte nacional, una necesidad que es mayor a cualquier regionalismo. Evidentemente ya la batalla terminó, solo queda hacer la autopsia y aprender la lección para la próxima.