Los Cinco y el recuerdo de una Cubana Entera


Por: Julio César Pérez Verdecia. (julio.verdecia@umcc.cu)
Hay detalles en la vida de las personas que suelen revelarnos un mar de verdades, como si en esos segundos o minutos de existencia en que converge la historia en su trance secreto y glorioso, se definiera el infinito.

La determinación de los Cinco a luchar por la paz y el respeto a la soberanía de Cuba, es una de esas verdades que se diluyen en la vida de otras muchas personas, en futuro y en pasado. Su hálito se proyecta a una dimensión superior que tiene que ver con el ser eterno del mundo, el equilibrio universal del que nos habló Martí.

Es cierto que les ha costado y cuesta el robo de años de vida, del tiempo que pudieron dedicar a sus seres queridos, al acto tremendo de fundar desde lo cotidiano; todo consecuencia de la irracional “justicia” del gobierno de los EEUU, el que les sanciona por ser luchadores antiterroristas, por poner al descubierto la sed de sangre de quienes han hecho de la muerte un lucrativo negocio. Estúpido gobierno, que en vez de premiar, castiga.

Cuando hablo con Felisa Concepción García Medina, delegada primigenia, matancera y octogenaria cubana, sobre los Cinco, se queda meditando y responde -Yo hubiera hecho lo mismo que ellos. El gobierno de los EEUU es poco inteligente, ellos evitaron muchas muertes en su mismo país-. Concha sabe al igual que nuestro pueblo que Los Cinco penetraron redes de la mafia cubano-americana y que evitaron acciones terroristas contra Cuba, los propios EEUU y hermanos países de América Latina.

-Sabes, yo conocí a Tony hace muchísimos años atrás: Trabajaba entonces en la primera brigada voluntaria de apoyo a las labores del aeropuerto Juan Gualberto Gómez de Matanzas. Él venía mucho a acá, casi siempre piloteando una avioneta o en otras oportunidades un helicóptero. Le recuerdo afable, alegre y serio al mismo tiempo. ¿Qué iba yo a imaginar que se convertiría en un héroe de Cuba?

Esta mujer de rostro curtido por los años, que alguna vez estuvo entre los organizadores junto a la Unión Patriótica Dominicana de una expedición revolucionaria para apoyar la lucha del hermano pueblo Dominicano, grupo que hasta llegó a comprar un barco que no zarpó, mira hoy con admiración a René, Fernando, Ramón, Gerardo y Antonio. Para ella Los Cinco encarnan los ideales de paz y amor de los cubanos, sacrificándolo todo por la seguridad de su pueblo y de la Revolución.

Me cuenta también que conoció a la mamá de Tony. -Eso fue en el Congreso de los Jubilados de las Comunicaciones, imagínate cuando presentaron a Mirtha ante el plenario del congreso, aquello fue muy grande. Yo no puedo imaginar tanto dolor, saber que por pura injusticia le han arrancado la felicidad a tu hijo. Mira, este poemario de Tony, Firme y Romántico, nos lo dieron en el congreso y ella me lo firmó después de hablar con algunos de nosotros.

Cuando se escucha a Concha, que es heroína del trabajo y que no tuvo hijos porque se casó con la Revolución, hablar de los Cinco apuntando orgullosa hacia el afiche donde aparecen sus rostros al lado de un cuadro del Che y otro de Fidel, se da uno cuenta de que la historia converge en sus detalles.

Ellos, dignos cubanos, cumplieron con el deber de defender la patria de los asalariados extremistas de la Fundación Cubano-Americana, entregando su vida y su libertad. Concha también lo hizo, pero como luchadora clandestina, como maestra, como enfermera en Girón y en la limpia del Escambray, como constructora, como delegada y como federada.

-Los Cinco jamás atentaron contra el gobierno de los EEUU, jamás fueron un peligro para esa nación; todo lo contrario, les prestaron el alto servicio de velar por la seguridad de sus ciudadanos. Algún día el pueblo norteamericano les agradecerá- concluye mientras me enseña las muchas fotos que muestran su bregar en las tareas de la construcción de la Cuba socialista.

Entonces yo que fui a saldar una visita de cortesía y amistad, me quedé admirado. La historia se aproxima, se arremolina y habla: Concha y los Cinco son hijos de la misma revolución, sólo que en tiempos diferentes. A ella le tocó vender bonos del 26 de Julio, distribuir la Historia me Absolverá, brindar la casa para reuniones, entre otras tareas. Ellos, para resguardar la obra revolucionaria del pueblo se adentraron en las entrañas de la mafia y sus grupúsculos terroristas asentados en los EEUU, desarmando sus propósitos de muerte.

Entonces veo al unísono el ejemplo de entrega de estas dos generaciones convirtiéndose en una ola de virtud que compromete. Sí, la historia se repite, confluye, trepita, clama; esta vez por la libertad de Ramón, Antonio y Gerardo, mis tres hermanos que aún permanecen injustamente recluidos en cárceles de los EEUU.

Concha, sabedora de tantas batallas quiméricas nunca ha perdido la fe en su regreso; yo como buen discípulo, tampoco.